Nueve flashes iniciales

La ceremonia de inauguración mundialista tuvo aspectos dignos de resaltar dentro y fuera del campo

15 Jun 2018
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LA FIESTA. Ronaldo y Zabivaka participaron de la ceremonia inagural, que tuvo a Robbie Williams como principal figura. reuters

1) Fue casi como un recital de Robbie Williams, con invitados. Fiel a su estilo, la estrella pop le mostró el dedo medio a la cámara, cortesía para cientos de millones de televidentes en la aldea global. A no sorprenderse, el que lo contrató sabe con quién estaba tratando.

2) La puesta en escena incluyó una alfombra verde que cubrió toda la cancha, un escenario central, músicos en un estrado, bailarines, malabaristas, trajes típicos, palomas, flores, llamaradas y un pájaro gigantesco.

Entre bucólica y pacífica, la creación fue obra de Felix Mikhailov, con la apoyatura del canal de TV Channel One. Es el mismo equipo que se hará cargo del show de cierre el día de la final.

3) Imponente, el estadio Luzhniki sirvió de escenografía. El público acompañó sin mayores demostraciones de emoción, respetuoso y tal vez poco impactado. La multitud emergió al final de “Rock DJ” con el grito “Rusia”, “Rusia”, que se repetiría -con intermitencias- a lo largo de la tarde. No hay cantitos de cancha por estos lares. Una perla: la organización informó que había 78.011 personas en el Luzhniki. ¿Quién y cómo podría discutir semejante precisión?

4) Había que ponerle un toque futbolero y estuvo a cargo de Ronaldo, anunciado como maestro de ceremonias pero de paso fugaz. Apenas participó en un juego con un niño. Antes, Iker Casillas -campeón mundial con España en 2010- había generado uno de los momentos más disfrutables cuando presentó la Copa. Lo acompañó la despampanante modelo Natalia Vodiávona, demoledor ejemplo de la belleza de las rusas. Desde el palco miraba Diego Maradona, de azul, con anteojos espejados y bien cerca de un grupo de jeques árabes.

5) En pleno sector de prensa, vestido de negro, Oscar Ruggeri ocupó su tiempo con la mirada clavada en el celular. Del show vio poco y nada. Un personaje tan querible como inefable.

Puntualidad

6) Notable la puntualidad. Armaron todo en cinco minutos, después de la entrada en calor de rusos y árabes, y completaron el programa exactamente en media hora. A las 18 en punto empezó el partido, precedido por una cuenta regresiva que el público siguió desde las pantallas gigantes. Una buena idea. Habrá que ver si se implementa en los otros estadios.

7) En su discurso -más extenso de lo habitual en estas circunstancias- Vladimir Putin habló de amor. Del amor de los rusos por el fútbol y del amor entre los pueblos. Edulcorada, la apertura oficial del Mundial con forma de bienvenida recibió aplausos. Tibios, sí, pero aplausos al fin. Mejor no recordar lo que le había pasado a Dilma Roussef hace cuatro años. Además, no parece cosa corriente que a Putin lo silben en este país. Gianni Infantino, en su debut en estas lides como presidente de la FIFA, se metió a la hinchada en el bolsillo con algunas frases en ruso. Destiló simpatía, pero claro, su antecesor Blatter también se hacía el simpático y sabemos cómo terminó.

8) Para ser justos, sí se registró un momento de emoción en las tribunas. Al himno ruso lo cantaron con pasión.

9) Antes, durante y después de la fiesta, los rusos se mostraron fieles a la tradición y consumieron cantidades industriales de cerveza. Nada de porroncitos, todos con los grandes vasos de litro, que vacían de un trago y casi sin respirar. Cada pueblo arma y vive la fiesta a su manera, más allá del espectáculo que les toque presenciar. Desde ese lugar, los dueños de casa se fueron satisfechos.

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