Cronos no se detiene

15 Jun 2018 Por Nora Jabif

> ANÁLISIS

Corrían los primeros días del mes de junio de 1975. Me recuerdo, a la hoy eterna distancia, como esa adolescente que acababa de despedir a un amor en el aeropuerto israelí, y que volvía a su Argentina natal con mamá y papá, previo paso por Europa. Tanto en la elegante Vía Veneto romana como en el Paseo de la Castellana madrileño, el gamulán, el anorak y las inconfundibles zapatillas de cuero “con las tres tiras” eran seña de identidad de los numerosos argentinos que disfrutaban de la bella Europa. “Tenés desatada la zapatilla”, era la clave para saludar al coterráneo, cuando el Viejo Continente todavía era una aventura allende los mares. Sin embargo, aunque internet y la información al instante eran todavía ciencia ficción, con el saludo llegaba un “¿sabés que el dólar se está yendo a las nubes?”. Era el rumor que el 4 de junio sería noticia. El dólar trepaba de $ 10 a $ 26. La historia lo ha etiquetado como “el rodrigazo”. Era apenas un dato del ajuste que llevaba la firma de Celestino Rodrigo, entonces ministro de Economía de “Isabel” Martínez de Perón, que propició la fenomenal devaluación que luego derivaría en los años negros de nuestra Argentina. Esas imágenes me llegan cuando, en esta larga vigilia, escucho por la radio que un enviado al Mundial de Rusia recrea ese diálogo con los argentinos que deambulan por la Plaza Roja, a la espera del ritual iniciático de la pelota echando a rodar. “la gente está usando el débito, para que el impacto al volver no sea tan intenso”, comenta el colega.  

Parece el mito del eterno retorno, 43 años después. Pero hay señales de que se ha roto la circularidad del tiempo: en esta Argentina desvelada del 14 de junio de 2018, el debate por la despenalización del aborto mueve las agujas de Cronos. Como las movieron, desde que volvió la democracia, el debate por la ley de divorcio durante la presidencia de Raúl Alfonsín ( chapeau para la incansable radical Florentina Gómez Miranda) o el del matrimonio igualitario durante el kirchnerismo. O la ley de cupo femenino, tanto en el orden provincial como en el nacional; o, más cerca en el tiempo, las leyes contra la violencia de género.

Leyes, todas, que nos están indicando que lo que históricamente fueron “cuestiones privadas” ahora son razones de Estado, cuestiones de índole pública, y no por un empoderamiento caprichoso de las mujeres, sino por el reacomodamiento de este siglo XXI signado por la ampliación de derechos, y por la irrupción de esa agenda en el debate público y político.  

Un debate encendido, aunque la realidad excede el término. Visceralidad que refleja que lo que se está discutiendo son leyes con rostro humano, leyes en las que pone el cuerpo. Esa lupa sobre cuestiones que históricamente existieron en sordina es lo que cuenta, al margen del resultado final del debate acerca de la despenalización del aborto: es la señal de que Cronos sigue su curso.

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