Una familia tucumana viaja al Mundial con las valijas llenas de ilusiones

“Con Messi todo es posible”, afirman los Manson, que estarán presentes en el Mundial para alentar a Argentina y sueñan con festejar en grande

12 Jun 2018
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EL MUNDIAL, UNa TENTACIÓN. Muchos tucumanos viajaron a Rusia. la gaceta / foto de inés quinteros orio

Dicen que Argentina puede ser la sorpresa en una cita en la que nadie la ve como favorita. “Con Messi todo es posible”, aclaran ellos, tan pasionales y seguros como en cada previa de viaje que hicieron juntos.

Fanáticos del deporte, sobre todo del fútbol, papá Roberto fue el que tiró líneas en los sorteos de venta de entradas de la FIFA. “Sí salía, íbamos. Y salió; no lo podía creer”, le cuenta el doctor a LG Deportiva con una sonrisa difícil de no ver. A su lado, Anita, que no pudo estar en Brasil 2014 porque tenía una pierna fracturada, fue la que se encargó de la organización, de la compra de pasajes, del alojamiento, de los traslados. Sebastián, el veneno de Atlético, viajó a Brasil dos veces en plena cita mundialista y no vio ningún partido en la cancha. Ahora tiene una misión más sencilla. “Yo soy el que carga las valijas”, se ríe “Batuque”, padre de Ona, que ya le preparó otro desafío a futuro: “festejar mis 15 años en Disney”.

Ona no viajará a Rusia, pero sí estará en el corazón de los Manson, una pequeña facción de una marea tucumana que llegará hasta la tierra de Stalin. Allí, en la Plaza Roja del Kremlin, los tucus harán base con otros argentinos que estén lejos de casa.

El Mundial es el mayor centro de reuniones del planeta. “No importa de qué club sos hincha, somos todos argentinos”, afirma “Batuque” y recuerda una experiencia del pasado. “En mis dos viajes a Brasil me fui en un ómnibus lleno de gente de San Martín. Tenía amigos, sí, pero eran todos de San Martín. No pasó nada, somos todos argentinos”, repite.

La argentinidad al palo. “Después de la lesión de Sergio Romero soñé que Franco Armani sería el titular del equipo. Si eso pasa, somos Campeones del Mundo”, asegura Roberto, vitalicio en el Monumental, pero simpatizante de San Martín.

“Cuando mi papá vino a vivir a Tucumán en 1948 lo contrataron para que sea el médico del club. Yo veía los partidos desde un banquito dentro de la cancha”, en sus palabras, Roberto hace notar la melancolía de una infancia maravillosa y en como un padre pudo compartir el tiempo de trabajo con su hijo, haciendo lo que le gustaba. Idéntico a esas sensaciones será lo que vivirán los tres ahora.

Los Manson vivieron cerca de 25 de Mayo y Chile. “A tres cuadras. Fue imposible no hacerme hincha del ‘Deca’. Desde la ventana de mi casa podía escuchar los goles, ver la cancha”, describe “Batuque”, que le debe un poco de ese fanatismo a Malala, su mamá, fallecida en 2013. “A ella no le gustaba el fútbol, era del tenis. Siempre contaba que tenía dos hermanas mellizas, una de Boca, otra de River que se vivían peleando en los superclásicos. Por eso odiaba el fútbol”, agrega Anita. “Bueno, sí, pero simpatizaba por Atlético”, le retruca “Batuque”, que conoció parte del continente gracias a las aventuras del “Decano” en la Copa Libertadores. “Estuvimos en Quito, en Paraguay, también en Mendoza”, cuando aplica el “estuvimos”, Sebastián incluye a Anita. “Ellos son dos de mis tres mejores personas en el mundo; la otra está en el cuarto (Ona)”, se babea Anita.

Roberto, con dos mundiales de rugby a cuestas, empezó derecho la aventura mundialista de la pelota redonda cuando acertó los plenos en la venta de las entradas. “Conseguimos para los tres partidos de la primera fase”. Su aventura, pase lo que pase, culminará después del último juego de la Selección en el grupo D, el 26 de junio contra Nigeria, en Nizhni Nóvgorod. Se vuelven los tres. “Podía haberme quedado en el departamento de un amigo, el mismo que vino conmigo a Brasil, pero al final me vuelvo con ellos”, acepta “Batuque”, el más rocanrolero de una familia a la que le faltan Roberto José y Verónica, que viven en Estados Unidos, y Pablo, que está en Buenos Aires, los hermanos con domicilio fuera de Tucumán.

El más preocupado por el idioma es Roberto. “Por eso compré un programita del celular que me traduce todo, ja”. “Batuque” es de los que fuman bajo el agua. No se hace problema por nada. Y Anita, la encargada de la logística, cree que al haber tanta sangre argentina dispersa por Rusia no habrá problema con las comunicaciones.

En Moscú no estarán solos. “Tenemos un amigo, Juan Lamoglia, que vive con su mujer allá. Son tucumanos y nos esperan”, comenta. “Vamos a llevarle unos vinos. Allá no hay. Toman vodka no más”, bromea Sebastián.

Aunque 13.000 kilómetros sean una vida de distancia, los Manson seguirán siendo tan tucumanos como los cerros que pueden ver desde la ventana del living de papá.

Roberto ligó un regalo inesperado, de un paciente: la camiseta oficial de la Selección para Rusia 2018. Anita fue la que la estrenó. Sacó etiquetas y se la calzó para las fotos que LG Deportiva les hizo a los tres.

“Batuque” también lleva puesta una celeste y blanca, pero del pago. “Con la camiseta de Atlético viajo a todos lados”. Y así, cada uno con sus cábalas a mano, los Manson se preparan para vivir su primer Mundial en familia. “Viajamos a muchos espectáculos deportivos juntos, como ser la final de la Copa Argentina en Mendoza, pero nunca algo como esto, y tan lejos”, se sincera Anita. “Nos va a ir bien”, firma Roberto, el que quizás pueda ser noticia el 15 de julio si su sueño de hace realidad: que Argentina grite campeón. Con o sin Armani en el arco. “Con Messi todo es posible”, insisten. Ojalá.

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