“Scrum solidario” intenta transmitir valores a niños y jóvenes de San José a través del rugby

11 Jun 2018
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SIN DISTINCIÓN DE GÉNERO. Niños y adolescentes de ambos sexos, de entre seis y 16 años, se divierten aprendiendo las reglas y los valores que promueve el rugby. Recientemente, se sumó también hockey. LA GACETA / FOTO DE AnalÍA Jaramillo

Para que una idea deje el plano de lo abstracto y pase al de la realidad, a veces es necesario que ciertas historias se crucen por el camino. Y en algún momento, las de Jorge Luis Paz y Daniel Bestué estuvieron separadas por los aproximadamente 10.000 kilómetros que medían entre San Miguel de Tucumán y Zaragoza.

A la primera había llegado Jorge desde Santiago del Estero, con una idea en la cabeza: formado como jugador en Santiago Lawn Tennis, quería crear una fundación de rugby, inspirada en la que desde hace varios años impulsa el ex Puma Ignacio Corleto, con el nombre de “Botines Solidarios”. “El objetivo de ellos es que el rugby sea popular, que se juegue en la calle. Con Liceo, el club en el que juego hoy, se ha logrado un poco eso. Antes, San Pablo era puro fútbol; sin embargo, desde que llegó Liceo hace tres años, ya se ven chicos en la calle con una pelota de rugby”, destaca Jorge.

Mientras la idea de lo que hoy es “Scrum solidario” germinaba en su cabeza, Daniel dejaba España para realizar una experiencia práctica en Tucumán, en virtud de un convenio entre la Fundación León y la Universidad de Zaragoza, para egresados de la carrera de Trabajo Social. “Vine por tres meses y me gustó tanto la experiencia que me quedé ocho. Como no conseguía trabajo, regresé a España, pero desde que llegué, quise regresar. Aunque mi familia y mis amigos de toda la vida estaban allá, sentía que ese ya no era mi lugar. Mi día a día en Tucumán era mucho más enriquecedor, sentía que podía aportar más, así que al poco tiempo estaba otra vez aquí, trabajando en la Fundación”, relata Daniel, que empezó como voluntario y hoy es coordinador del área de Desarrollo Comunitario, en la que se encastra “Scrum solidario”, y que involucra a más de 30 niños y adolescentes en una plaza cercana al predio de la Expo, en Camino del Perú al 1.900. Allí, cada sábado de por medio, aprenden las reglas del deporte ovalado y los valores que éste se enorgullece de transmitir.

Devolver lo recibido

La iniciativa estuvo cajoneada en la cabeza de Jorge durante mucho tiempo. “Sentí que no tenía las herramientas necesarias para llevarla a cabo. Hasta que a principios de año vi una convocatoria de voluntarios de la Fundación León para dar una mano en una colonia de vacaciones. Me sumé para ayudar y ahí un profesor amigo me sugirió que propusiera enseñar rugby, porque es un deporte que transmite valores de vida”, recuerda Jorge, que también es profesor de Educación Física. Las dudas se disiparon a partir de una conversación en un tercer tiempo. “A vos, ¿qué te dio el rugby?”, le preguntó un amigo. Esa fue fácil: amigos, experiencias, valores, recuerdos. La segunda no tanto: “y qué le devolviste vos al rugby?”.

“Ahí entendí que esta era la forma que tenía de devolverle al rugby aunque sea un poco de lo que me había dado”, explica el santiagueño.

Reglas

Daniel admite que el deporte nunca fue lo suyo y que de rugby no tenía idea, pero cuando se despojó de la impresión inicial de que se trataba de un deporte brusco, le dio luz verde. “Buscamos que los chicos tengan un espacio de contención y recreación a través de juegos, actividades, deportes, canciones y demás. En eso entró la idea de Jorge”, comenta el español.

“Por ahí la gente tiende a pensar que el rugby es un deporte de elite, o que es violento, y no es así”, advierte Jorge. “Hay contacto físico, pero bajo reglas. Y en el contexto en que muchos de estos chicos viven, la violencia no es algo extraño, lamentablemente. A través del rugby y sus pautas, vamos transmitiéndoles valores como respeto, compañerismo y disciplina”.

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