La capacidad de cifrar la complejidad en unos pocos momentos

Leila Guerriero o cómo el cine y la poesía iluminan al periodismo

03 Jun 2018
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INSPIRADA. En los perfiles que traza Guerriero, la información biográfica es una excusa para el arte narrativo. fnpi

PERFILES

PLANO AMERICANO

LEILA GUERRIERO

(Anagrama - Barcelona) 

Leila Guerriero convierte al periodismo en literatura. Los perfiles de su libro unen, con proporción y precisión, la prosa como un río, el destello poético, la escena emotiva, el documento, la fotografía del instante y la sentencia inolvidable. Su prosa, encendida, se parece por momentos a un poema y a una cadencia de agua que cae como un torrente para mejorar el arte narrativo.

Plano americano compila perfiles que son crónicas, crónicas que son biografías, biografías mínimas que son ensayos vivos y locuaces. Guerriero ve lo que otros no ven. O ve aquello que siempre estuvo y que nadie más pudo ver. Los textos integran el retrato móvil de las personas –Leila los sigue por semanas o meses– y las reflexiones sobre sus obras y muestran los cambios sutiles –o la repetición y el ritual– en los comportamientos humanos y las facetas triviales o excelsas a lo largo del tiempo. Cada perfil es un reloj, una bomba de tiempo: una clepsidra que estalla y exhibe las astillas sutiles de la vida. Sus textos estudian las mínimas cosas y las frases elocuentes, encienden las peripecias de la vida y logran cifrar la complejidad en unos pocos momentos. Leila puede empezar un texto así: “Suave es la noche”. O puede terminar un texto con una frase sobre la muerte en la boca de Nicanor Parra: “Han resuelto otras cosas. ¿Pero por qué no se concentran en eso?”

Vidas y versiones

El libro reúne los retratos de Nicanor Parra, Fogwill, Idea Vilariño, Kuitca, Sara Facio, Pedro Henríquez Ureña, Lucrecia Martel, Facundo Cabral, Nicola Costantino, Marcial Berro, Pablo Ramírez, Homero Alsina Thevenet, Marta Minujín, Juan José Millás, Ricardo Piglia, Felisa Pinto, Martín Kohan, Fabián Casas, Hebe Uhart, Roberto Arlt y Aurora Venturini. En todos y en cada uno, Guerriero expurga la vida de los entrevistados pero también las versiones que dan las personas que rodean a los entrevistados. Cada texto, también, contiene las reflexiones de Leila Guerriero sobre lo que ha escuchado. Y brinda opiniones, medidas y entendidas, sobre la película, la novela, la foto o la pintura en cuestión. De ese modo, los perfiles son, también, críticas de arte o literarias, criticas astutas y sesgadas.

Leila Guerriero ha hecho del género perfil una obra de arte, una pieza exquisita y cuidada, como un aleph vital y una narración intelectual. Ese cruce prima y ese cruce destruye la idea trivial de periodismo. Por eso, aunque a ella le gusta definirse como periodista, sus textos amplían o modifican la noción de información. Los perfiles de Guerriero exponen información pero no se quedan en ese gesto. La información biográfica, parece, por momentos, una excusa, un pretexto, para la expansión del arte narrativo. Cada perfil tiene una estructura, un montaje. Y eso está claro en este libro pero también en los anteriores. Cada texto tiene una forma de organización que sigue los pasos y las poses del montaje cinematográfico. Ella piensa a las crónicas como documentales, como documentales subjetivos, modernos y personales.

No hay que buscar sus modelos sólo en la narración literaria sino también en el cine y en la poesía. La forma hábil de cortar una frase, de ubicar los desplazamientos del entrevistado en escenas, de insertar los rostros en una descripción conforman el modus cinematográfico de Guerriero. Todos los movimientos se producen delante de su foco y suceden, en el texto, según un plan premeditado.

No hay que olvidar la importancia de la poesía. Habría que preguntar qué poetas lee Leila Guerriero mientras redacta sus perfiles. Porque la poesía flota o se desliza en las construcciones y hay una pasión o una relación con ciertas formas retóricas de la poesía que iluminan los perfiles y las crónicas.

Leila Guerriero: o cómo el cine y la poesía iluminan al periodismo.

© LA GACETA

PERFIL

Leila Guerriero nació en Junín, provincia de Buenos Aires, en 1967. Sus notas se publicaron en medios como La Nación y Rolling Stone, de Argentina; El País, de España; El Malpensante y SoHo, de Colombia; Gatopardo, de México; y Paula y El Mercurio, de Chile, entre otros. Es editora para América Latina de la revista Gatopardo. Publicó los libros Los suicidas del fin del mundo, Frutos extraños, Una historia sencilla y Zona de obras. Sobre Plano americano, Mario Vargas Llosa dijo: “Una colección de textos que, además del mérito que tiene cada uno de ellos, muestra de manera fehaciente que el periodismo puede ser también una de las bellas artes y producir obras de alta valía, sin renunciar para nada a su obligación primordial, que es informar”.

Buscando a Nicanor *
Por Leila Guerriero
Es un hombre, pero podría ser otra cosa: una catástrofe, un rugido, el viento. Sentado en una butaca cubierta por una manta, viste camisa de jean, un suéter beige que tiene varios agujeros, un pantalón de corderoy. A sus espaldas, una puerta corrediza separa la sala de un balcón en el que se ven dos sillas y, más allá, un terreno cubierto por plantas, por arbustos. Después, el Océano Pacífico, las olas que muerden rocas como corazones negros.
-Adelante, adelante.
Es un hombre, pero podría ser un dragón, el estertor de un volcán, la rigidez que antecede a un terremoto. Se pone de pie. Aprieta una gorra de lana y dice:
-Adelante, adelante.
Llegar a la casa de la calle Lincoln, en el pueblo costero de Las Cruces, a doscientos kilómetros de Santiago de Chile, donde vive Nicanor Parra, es fácil. Lo difícil es llegar a él.
* Plano americano.

Buscando a Nicanor *

Por Leila Guerriero

Es un hombre, pero podría ser otra cosa: una catástrofe, un rugido, el viento. Sentado en una butaca cubierta por una manta, viste camisa de jean, un suéter beige que tiene varios agujeros, un pantalón de corderoy. A sus espaldas, una puerta corrediza separa la sala de un balcón en el que se ven dos sillas y, más allá, un terreno cubierto por plantas, por arbustos. Después, el Océano Pacífico, las olas que muerden rocas como corazones negros.
-Adelante, adelante.
Es un hombre, pero podría ser un dragón, el estertor de un volcán, la rigidez que antecede a un terremoto. Se pone de pie. Aprieta una gorra de lana y dice:
-Adelante, adelante.
Llegar a la casa de la calle Lincoln, en el pueblo costero de Las Cruces, a doscientos kilómetros de Santiago de Chile, donde vive Nicanor Parra, es fácil. Lo difícil es llegar a él.
* Plano americano.

Fabián Soberón

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