“Es muy triste ver a nuestros alumnos piel y hueso caminando”

El director de la escuela ubicada frente al Mercofrut se mostró alarmado por la situación de los adolescentes que caen bajo el influjo de la droga. Las carencias de la zona.

10 May 2018

Respira profundo, toma aire y empieza. Está asustado y pide a sus colaboradoras, una de ellas la vicedirectora, que lo acompañen en la entrevista. Francisco Gutiérrez, director de la Escuela “El Salvador”, que se encuentra frente al Mercofrut, no sabe por dónde empezar. Lo que tiene claro es que la situación es dramática y que la escuela es el refugio para los más de 500 chicos que asisten a diario. Los que llegan, lo hacen desde los barrios cercanos: Autopista Sur, Democracia, El Puesto, Toledo, Villarroel, San Cayetano y el propio El Salvador. Pero en el trayecto, muchos sufren robos y hasta situaciones de violencia. De hecho, a la escuela le robaron en los últimos días las rejas de 13 ventanas.

“Nuestros alumnos son chicos muy excluidos. Viven en extrema pobreza”, arranca como buscando una explicación. “Sus padres no hicieron la primaria, muchos son analfabetos y no tienen trabajo. Viven de changas. Y eso repercute en ellos”, afirma.

Consumo de pastillas

Gutiérrez asumió como director en 2012, un año después que se fundó la escuela. “Yo la elegí”, dice. Desde ese entonces y hasta la actualidad los alumnos pasaron de consumir pastillas -que era muy común según relata- a sumirse en el paco. “Nos ha pasado de encontrar a chicos drogados dentro de la escuela, perdidos. No sabemos si llegaron así o la obtuvieron en el aula”, cuenta preocupado. Lo cierto es que para ellos conseguir esas sustancias no es un problema. En los alrededores del establecimiento los transas merodean la zona, algunos de ellos inclusive- aunque Gutiérrez no quiere aseverarlo-, son los propios padres de los alumnos. “Por ahí me dicen, ‘la mamá de ese vende’. Para nosotros ese chico es un alumno al que debemos contener”, cuenta.

En aumento

Aunque no existen cifras oficiales, la cantidad de jóvenes que dejan la escuela a raíz del consumo de drogas en nuestra provincia ha ido en aumento en los últimos años. La situación la notan a diario los docentes de las escuelas de las zonas más perjudicadas por el avance del narcomenudeo y la criminalidad. Lo mismo pasa con los índices de repitencia escolar.

“En tres años, las causas aumentaron un 60%”

“Hay casos irreversibles. Al que cae, no lo podemos contener. Es muy triste ver a nuestros alumnos piel y hueso caminando. Entonces nos aferramos a los chicos que siguen estudiando para que no abandonen”, explica resignado. “Ese chico que se va no vuelve. Después los ves por acá merodeando”, añade.

Tanto Gutiérrez, como la vicedirectora de la escuela, coinciden en que muchas veces se sienten desbordados por la situación y aseguran: “la escuela no hace milagros”. Ambos reconocen que si bien en el Ministerio de Educación hay preocupación por el tema, “es un gran elefante burocrático”.

Trabajo interdisciplinario

La escuela sola no puede. Y claro, es necesario sin dudas un trabajo interdisciplinario. “La solución es trabajar en y desde los barrios. Debe haber una decisión política de cambiar las cosas. El que está ausente es el Gobierno. Tiene que hacerse presente, no para buscar votos sino para dar una solución”, subraya Gutiérrez.

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