La epigenética ayuda a combatir la obesidad infantil

La actividad física y la buena alimentación pueden alterar en forma positiva el epigenoma de los futuros hijos.

27 Mar 2018
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EDUCACIÓN NUTRICIONAL. La comunicación intrauterina codificará la expresión del genoma en el bebé.

La dieta, el estrés, los fármacos, las drogas, el alcohol, el tabaco, el cuidado materno, las relaciones interpersonales y el estilo de vida son factores que pueden provocar distintos efectos en la descendencia. “La epigenética es el campo de la ciencia que estudia cómo el entorno, los hábitos y los factores ambientales pueden afectar la expresión de los genes, sin alterar la secuencia de ADN”, detalla Daniel Barrera, investigador asistente del Conicet, y profesor adjunto de la cátedra de Biología Celular de la Facultad de Bioquímica de la UNT.

Los genes cambian por la influencia del ambiente mediante una suerte de etiqueta química (el epigenoma) que se adhiere al ADN y que funciona como un interruptor: modifica la expresión de los genes activándolos o silenciándolos. Víctor Gallo, vicepresidente de la Sociedad de Obesidad de Tucumán, define la epigenética como un mecanismo que permite mejorar la calidad de vida y la salud de la población. “Los cambios no son visibles de forma inmediata, sino de aquí a 20 años, pero existe la probabilidad de que se transmita de generación a generación, y que podamos tener descendencia más sana”, resalta.

El especialista advierte que es preocupante que la obesidad infantil aumente año tras año y que se haya convertido en una pandemia. Gallo es secretario del comité de nutrición de la Sociedad Argentina de Pediatría. “En Tucumán no tenemos estadísticas. Pero para ser práctico: tres de cada 10 pacientes tucumanos en edad escolar que esperan en un consultorio médico, cualquiera sea su diagnóstico, sufren de obesidad”, precisa.

Además, explica que la obesidad es una enfermedad no transmisible, pero puede ser “contagiosa”. “Vivimos en un ambiente que nos invita a comer. La mayoría de las actividades y de las costumbres están medidas por la comida, que no siempre es saludable”, destaca Gallo. “Cuando a un niño mayor de cuatro años lo llevan a un nutricionista o a un pediatra por problemas de sobrepeso u obesidad es sometido a un tratamiento, porque la etapa de prevención ya perdió su oportunidad”, afirma.

La prevención debe hacerse antes y durante el embarazo, luego del parto y hasta los cuatro años. “A esa edad, el niño crea y fija su conducta”, enfatiza.

Por su parte, Barrera explica el rol de la epigenética. “Lo que se hace -resalta- es trabajar sobre la genética a partir de los factores ambientales que actúan como un interruptor, ‘prendiendo y apagando’ nuestros genes en el genoma, estimulando o reprimiendo la expresión de los genes y así se influye de modo positivo o negativo en la descendencia”.

En este proceso hay dos ventanas de tiempo en las que esos cambios son sensibles a las etapas ambientales: durante la formación de las células germinales (el espermatozoide y el óvulo) y durante el desarrollo embrionario y fetal, aunque también puede trasladarse también a etapas posnatales tempranas.

Los cuidados

Gallo resalta el valor de la prevención del sobrepeso y la obesidad con mecanismos epigenéticos. “Esto empieza con el cuidado de la alimentación de la mujer antes del embarazo -dice-. La cuestión se centra en la madre porque, aunque el niño sea fruto de la unión de un espermatozoide y un óvulo, ella aporta la mayor cantidad de genes, la mitad del núcleo y la mitocondria. El papá, en cambio, sólo la mitad que resta para completar el núcleo”, detalla.

En este aspecto, Barrera coincide en resaltar que las investigaciones realizadas a mujeres embarazadas a las que se les alteró la dieta para alentar la expresión de genes que determinan la obesidad muestran que progenitoras expuestas a dietas ricas en hidratos de carbono (azúcares) dieron a luz niños con marcadores epigenéticos de la obesidad.

A su vez, Gallo insiste en que si una mujer de 25 años decide a partir de hoy empezar a tener un estilo de vida saludable, eso generará efectos el día que ella quede embarazada y colaborará a reducir en sus hijos la predisposición de enfrentar enfermedades. “La epigenética se puede regular, antes del embarazo, con hábitos saludables -aconseja Gallo-: durante el embarazo, cuidando la alimentación, los lugares adónde se concurre, haciendo actividad física, escuchando determinado tipo de música, realizando meditación, no fumando ni consumiendo bebidas alcohólicas, entre otros factores”, remarca.

Barrera, en tanto, especifica que si se mantienen los estímulos positivos se produce transmisión hereditaria (herencia transgeneracional) de las marcas epigenéticas, en al menos tres de las generaciones siguientes.

"A los políticos no les gusta esperar"

Las virtudes de la epigenética en la prevención de enfermedades están claras, dicen los especialistas. Sin embargo, para que se modifiquen los alarmantes índices actuales es crucial que se introduzca como política de salud pública.

“Hay que realizar un trabajo transdisciplinario -advierte Víctor Gallo-. Debe existir alguien que dirija y propicie las pautas de organización. Pero todos los profesionales -psicólogos, nutricionistas, sociólogos, médicos de diferentes especialidades- y los no profesionales tendrán que saber acerca de las demás especialidades. No deben ser ajenos a ellas”.

Aclara que no es sencillo calcular cuánto costaría implementarlo, pero resalta que sería mucho menos que todas las cirugías que se hacen por enfermedades no transmisibles. “Considero que guiar a una embarazada en el camino de lo saludable para dar a luz hijos sanos no tiene que ser visto por la sociedad como un gasto, porque los gobiernos se ahorrarían muchos pesos en salud”, destaca.

Gallo afirma que el principal desinterés nace cuando se da a conocer que la propuesta no tiene resultados visibles y tangibles a corto plazo. “A los políticos no les gusta esperar. Hemos planteado la práctica, a nivel provincial y nacional, y no nos escucharon”, asegura.

En 2013, la Sociedad de Obesidad de Tucumán y la Sociedad Argentina de Obesidad y Trastornos Alimentarios (Saota) presentaron los diversos estudios y líneas de investigación sobre el tema buscando materializar el proyecto, pero no tuvieron respuestas. “Queríamos que se lo incluyera en la Ley de Obesidad; nos dijeron que ‘sería muy factible’, pero hasta el momento no sucedió -subraya-; hay que actuar ya, porque la obesidad, sin darnos cuenta, se instaló en la sociedad dando batalla; y sin el compromiso de todos será muy difícil combatirla”.

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