Marcela Vignoli: “Hay un gran desconocimiento del Tucumán cultural del siglo XIX”

La autora habla de “La cultura: artistas, instituciones, prácticas”, obra que recorre 200 años de la acción cultural en Tucumán.

21 Mar 2018 Por Nora Lía Jabif
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MIRADAS. “Intentamos desafiar nociones cristalizadas de cultura”, dijo Vignoli. LA GACETA / FOTO DE ANALÍA JARAMILLO.

“Al carnaval no se lo representa. Se lo vive”, afirma el teórico ruso Mijail Bajtin, para explicar por qué esta forma ancestral de la cultura popular no muere. Lo mismo opina Marcela Vignoli, cuando explica por qué los editores del libro “La cultura: artistas, instituciones, prácticas” decidieron abrir cada uno de los seis capítulos que integran esa obra con textos que muestran cómo vivían el carnaval los tucumanos del siglo XIX y cómo lo vivieron los del siglo XX, hasta la década de 1980.

Pero los carnavales son apenas una de las tantas “ventanas” que se abren para acceder a esta obra que transita en seis capítulos los encuentros, las rupturas y las tensiones de dos siglos de producción cultural tucumana, la “de elite” y la “popular”, la contestaria y la oficial, la estatal y la independiente; la urbana y la rural, la del Instituto de Cine y la de Juan B, Terán y la Generación del Centenario; la irrupción de Mercedes Sosa y el perfil de los (y las) jóvenes poetas trágicos y socialistas que en los años 20 del siglo pasado se nuclearon alrededor de la revista Sustancia; la proyección nacional del suplemento literario de LA GACETA; el mito de El Familiar, que al parecer es tan antiguo como Tucumán, y las pulperías que eran espacio de socialización en el siglo XIX.

Pero hay muchos más vericuetos por recorrer en este libro que integra la Colección de “Historias Temáticas de Tucumán”, editado por el Gobierno de la Provincia a través del Ente del Bicentenario, y que coordinó la historiadora e investigadora María Celia Bravo.

A su vez, Vignoli coordinó la edición de “La cultura...”, del que es coautora, junto a Soledad Martínez Zuccardi, Mauricio Tossi, Germán Azcoaga, Gloria Zjawin, Dinorah Cardozo, Mirta Hillen y María Belén Sosa. El viernes, a las 20, Daniel Campi y Horacio Elsinger presentarán “La cultura...” en los Talleres de Tafí Viejo (organiza la Municipalidad de la “ciudad del limón”), con lectura de testimonios a cargo de Elba Naigeboren.

- ¿Por qué abren cada capítulo con citas relativas al carnaval tucumano?

- Porque es una de las expresiones espontáneas de la comunidad, que nunca ha podido ser anulada, a pesar de los intentos de sucesivos gobiernos. En el carnaval las jerarquías desaparecen y esa es una de sus riquezas. Cada párrafo deja en claro el perfil que va a tener cada uno de los períodos que se encaran en el libro, y que comprenden entre 1806 y 1983.

- Llama la atención cómo la problemática del azúcar atraviesa casi toda la obra...

- La problemática social del azúcar impregna todo, es un tema omnipresente, muy difícil que fuera de otra manera, ya que todo el mundo vivía del azúcar. Esto se puede ver por ejemplo en el capítulo III que aborda la década de 1920, por ejemplo las simpatías que despertó la huelga cañera en 1927 y cómo se expresó en elaboraciones culturales. La clase media perteneciente a la cultura urbana de la ciudad de Tucumán, aunque también había una cultura urbana cercana a la campaña (en ciudades como Monteros, Concepción, Tafí Viejo por nombrar algunas), estaba vinculada al azúcar; pero también los sectores de la élite, el fundador de la Universidad, quienes lo acompañaron en el primer Consejo Superior, etcétera.

- En el mismo sentido, el imaginario que atraviesa el libro es un imaginario rural...

- Hasta los años 50, 60 del siglo XX, podríamos decir que es difícil separar el mundo urbano del mundo rural. Los productos culturales más importantes de poetas, escritores, músicos e intérpretes encuentran su inspiración en el mundo rural y las novedades intelectuales y artísticas, como el cine por ejemplo, van a constituir nuevas herramientas para interpretar lo rural. Estas van a ser construcciones muy refinadas que trabajan sobre contenidos rurales.

- El recorrido del libro parece sugerir que hubo un proceso cultural modernizador trunco en Tucumán...

- “Modernización” significa pensar que hay algo que modernizar porque está atrasado, mi idea es otra. En este libro intentamos desafiar una serie de presupuestos, por ejemplo la noción de considerar la cultura sólo bajo el prisma de la de élite o a partir de figuras destacadas de la cultura letrada, o bien aquella noción de que las expresiones de cultura independiente sólo tuvieron lugar bien entrado el siglo XX. Ambas ideas parten de un profundo desconocimiento de la historia de la cultura tucumana que se desarrolla durante el largo siglo XIX. Por el contrario, en la cultura de Tucumán hubo expresiones muy relevantes varias décadas anteriores a la creación de la Universidad. Además, desde la década del 1920 y 30, con instituciones como la Sociedad Sarmiento o la Facultad de Filosofía y Letras, Tucumán va a estar al tanto de las novedades en las ciencias sociales y en el mundo de la cultura. No creo que no haya habido modernización. Sí, considero que desde 1975 la represión, censura y persecución, que ocurría a plena luz del día, iban minando algunas de las expresiones de cultura que una década antes habían florecido, como vemos en los capítulos V y VI. Esta asfixia de ciertas expresiones culturales respondió a un plan organizado, como se pone en evidencia en el diagnóstico de Acdel Vilas sobre los “problemas de Tucumán” y en la operación Claridad (ambos documentos recuperados en este libro). Tanto lo de Vilas como testimonios como el de Beatriz Torres Correa nos muestran que fue un tiempo de rupturas, de acallar la efervescencia cultural de los años 60. Y se cortó eso, pero empezó otra cosa. Porque hubo un público que siguió yendo al teatro, con otros tonos. con grandes producciones. De lo que se trataba era de sacar el pensamiento crítico de los 60, por lo cual el peronismo y la izquierda serán los más afectados.

- Pero Acdel Vilas estuvo ya en el Tucumán de 1975...

- El documento es el Diario de campaña de Acdel Vilas de enero a diciembre de 1975. Allí escribe: “Cuando en Tucumán nos pusimos a investigar la causas y efectos de la subversión (...) descubrimos que, entre otras causas, la cultura es verdaderamente motriz. La guerra a la cual nos veíamos enfrentados era una guerra eminentemente cultural”.

-¿Cuáles son, en tu criterio, las novedades que plantea el libro?

- El libro, en mi criterio, muestra dos novedades fuertes: 1) que la actividad cultural sistematizada en Tucumán no comienza con la Sociedad Sarmiento, con la Universidad de Tucumán, sino que ya hay un Estado que fomenta la actividad cultural en el siglo XIX. El primer teatro es de 1830; los gobiernos de Lucas Córdoba, de Benjamin Aráoz, de Alejandro Heredia, muestran un profundo interés por el fomento a la cultura. Eso lo hemos podido ver en los presupuestos dedicados al área.

- ¿Y la segunda novedad?

- La segunda novedad es el capítulo relativo a la dictadura. Para eso hemos recurrido tanto a la evidencia documental como a la narración oral, que es una herramienta valiosa para la historiografía. Hemos recuperado numerosos testimonios para abordar ese período, que es una época sobre la que hay que empezar a escribir. Pero hay muchos otros hallazgos que nos sorprendieron. Lo que nos propusimos fue, sin alterar las fuentes, pensar qué pasaba en los distinos sectores. Ha sido un trabajo muy interesante, y en el que hemos trabajado codo a codo, muy intensamente, con cada uno de los autores, y con María Celia (Bravo). Y no nos propusimos deternos en las individualidades, en los personajes, sino que nos interesó iluminar los distintos procesos de producción cultural en Tucumán.

- ¿ Por qué el recorte histórico elegido? Llegan hasta el 83...

- Por diversas razones. Una, porque era muy complicado escribir sobre el “casi” presente. Otra razón es que no podíamos hablar con liviandad del “retorno democrático”. ¿Cómo remontar esa década terrible? Por eso decidimos ese corte.

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