A mayor intensidad de amor, más se manifiesta la misericordia

11 Mar 2018
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> LA MISA DE HOY

La palabra “misericordia”, que en el vocabulario actual se relaciona más con un sentimiento de lástima, tiene en los textos bíblicos una enorme riqueza. Más que traducirla con una sola palabra, puede describirse sintéticamente como una postura de compromiso, de fidelidad, de firmeza unida a la ternura, debiéndose recurrir a imágenes provistas por la sensibilidad atribuida al padre, a la madre, a los esposos, a los amigos y amigas.

Es una exquisita sintonía frente al más leve mal que puede sufrir el ser amado. La misericordia es consecuencia del amor y se traduce en la solidaridad concreta. A mayor intensidad de amor, más se manifiesta la misericordia.

En el Evangelio de hoy el tema adquiere más fuerza a partir de las respuestas de Jesús a Nicodemo: “es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto”. En arameo el verbo “zeqap” tiene un doble significado: “colgar, crucificar” y “levantar en alto”, por lo que la teología de Juan permite dar un ritmo progresivo hacia el Padre.

Puede visualizárselo como un paulatino ascenso de Jesús en la cruz, en la resurrección y en la exaltación a la gloria. Esa es la intensidad del amor del Padre que envía a su Hijo “para que el mundo se salve por él”.

En el “ser levantado” muestra la total coherencia de Jesús de Nazaret, que lleva hasta sus últimas consecuencias la sumisión a la condición de condenado; pero también el amor del Padre que “lo levanta en alto” para que el “Condenado” posibilite ya que “el que cree en él, no es condenado”. Somos los que creemos que “Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna”.

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