Los baldíos descuidados son focos de antihigiene y riesgo

08 Mar 2018

En San Miguel de Tucumán existe una considerable cantidad de terrenos baldíos, tanto dentro como fuera de las cuatro avenidas. Incluso dentro del sector céntrico, el transeúnte se sorprende al divisar que han crecido verdaderos bosques en esos lugares, la punta de cuyos árboles asoma por encima de una pared derruida o de una precaria valla de tablones. Bien se sabe que espacios en semejante estado de descuido son lo menos deseable, para cualquier centro urbano que se precie de tal,

Un terreno baldío desatendido por su propietario, al llenarse inmediatamente de malezas que no se cortan, genera la proliferación de todo tipo de roedores y alimañas, en perjuicio directo de las casas de su vecindad. Esto además de lo relacionado con un rubro tan significativo, en nuestros tiempos, como es la seguridad. Las altas plantas y los yuyos permiten el refugio de malvivientes, y se ha dado a menudo el caso de domicilios asaltados por quienes ingresaron primero al baldío, se ocultaron entre el ramaje y desde allí accedieron con facilidad, trasponiendo las tapias, a las viviendas linderas.

Es también muy frecuente que los predios referidos sean utilizados para arrojar basura, lo que suscita un foco antihigiénico, por obra de las muchas personas que –desgraciadamente- carecen de escrúpulos en cuanto al destino final de sus residuos domiciliarios.

Por otro lado, resulta perfectamente conocido que ordenanzas de muy antigua trata establecen la obligación concreta, para los propietarios de esos terrenos, de mantenerlos, en todo tiempo, dentro de un razonable estado de limpieza.

Una ciudad tan edificada y tan poblada como la nuestra, no puede permitir que los baldíos proliferen. Lo mismo cabe decir respecto a esas construcciones que años atrás quedaron abandonadas, y que también se han llenado de pastizales, a la vez que cobijan el arrojo ilegal de basura de todo tipo. Elementales razones de higiene y de seguridad, en primer lugar, y en segundo término las estéticas, hacen que sea necesaria una enérgica acción municipal en la citada dirección. Debe hacerse cumplir el deber de limpieza que atañe a los propietarios, con aplicación de las multas del caso a los reticentes.

Cabe recordar que, muchos años atrás, alguna de las administraciones comunales acordó, con los dueños de baldíos, un sistema para evitar que se convirtieran en espacios perjudiciales para todos. Consistía en que se retiraba la tapia del sector y la Municipalidad procedía a parquizarlo, convirtiéndolo en una suerte de plazoleta de uso público, hasta que su propietario resolviera edificar. De esa manera se generaba un ámbito un limpio de malezas, grato a la vista y adecuado para instalar juegos infantiles, por ejemplo.

Sea por este camino o por otro, es evidente, repetimos, que los baldíos incultos deben ser desterrados del radio de la ciudad de San Miguel de Tucumán. Piénsese que ya existen suficientes amenazas de enfermedades de todo tipo entre nosotros, como para que sigamos permitiendo focos antihigiénicos y peligrosos de esa índole. Hay que añadir que, en este orden de cosas, las sanciones económicas suelen tener notable fuerza disuasiva. Por ese camino, parecería conveniente sugerir que se disponga un sustancial incremento en el monto de las multas fijadas para los infractores. Esto a fin de que cumplan, efectivamente, ordenanzas dictadas para el beneficio común.

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