Puro acertijo hasta 2019

07 Mar 2018

El poder no se declama, se ejerce

¿A qué juegan José Alperovich y Juan Manzur? La respuesta es clara, aunque no los intereses que los movilizan a ejecutar sus acciones políticas. El ex gobernador y su sucesor se entretienen con el desconcierto. Como esos acertijos con trampas, desvían la atención hacia un lado cuando la respuesta es otra, generalmente alejada de la lógica de la consigna.

La semana pasada, en la apertura de sesiones ordinarias, todo fue de Osvaldo Jaldo y de Manzur. Ni en el pintoresco y movilizado exterior del edificio de la Legislatura ni en el recinto se mencionó ni se publicitó a Alperovich. No fue casual. La lectura de algunos fue que, como decían los panfletos que distribuyeron los seguidores de Darío Monteros, el “Manzur-Jaldo 2019” estaba sellado. Pero una foto modificó todo. O quizás no. La imagen en cuestión es la del mandatario yendo a saludar a su antecesor en la concesionaria de autos de la familia. Manzur jugó de visitante. Como ningún gesto es casual en política, esa estampa divulgada por las redes sociales se relacionó de inmediato con lo que sucedió en la Legislatura el jueves pasado. ¿Habrá sido consensuada con el senador la puesta en escena de la Legislatura?

Que el gobernador haya ido al pie de Alperovich es todo un signo de que continúa bajo la tutela de su mentor. ¿Qué puede suceder, entonces, en 2019? Lo que desee Alperovich o al menos lo que concilie con el ex ministro K. Los destinos de uno y otro parecen destinados a caminar paralelos, sin diagonales ni encrucijadas. El encuentro también alumbró que uno y otro se necesitan. El ex gobernador mantiene una cuota de poder imprescindible para la yunta Manzur-Jaldo no descarrile. Lo demostró cuando impidió al vicegobernador quedar como el “huracán” que iba a descollar con tres de las cuatro bancas en juego en los comicios del año pasado y lo ratificó con la pulseada que torció el brazo de su archienemigo Germán Alfaro. Porque fueron sus hombres, no los de Manzur, los que le impusieron una mayoría opositora en el Concejo Deliberante.

Alperovich mantiene la fidelidad de esos hombres y mujeres que jamás hubiesen ocupado un cargo público si no fuese por su “generosidad”, que obvió carencias de militancia o de dinastía y los catapultó al poder. Manzur lo necesita, tanto como a Jaldo. Al gobernador no le tienen ni miedo ni respeto en el peronismo, que cada vez critica más sus posturas, sus silencios y sus decisiones. Los peronistas más zurdos lo cuestionan por su negativa a la legalización del aborto, los K se la tienen jurada por haber criticado a su líder, los del interior están con Jaldo y los “viejos” no lo reconocen como líder.

El antecedente sanluiseño

¿Se replicará el caso “San Luis” en Tucumán?

Claudio Poggi había llegado a la gobernación de San Luis de la mano de los hermanos Rodríguez Saá. Los puntanos estaban desgastados, con otros horizontes políticos y habían decidido que el cordobés devenido en sanluiseño fuera su delfín allá por 2011. Luego de más de dos décadas de hegemonía política de los hermanos, en San Luis recepcionaron bien a Poggi. Encaró un buen gobierno y mantuvo diplomáticas relaciones con el mundo K y con sus jefes políticos. Poggi tenía, en 2015, la chance de ir por la reelección y hasta último momento iba a hacerlo. Pero no pudo. Nadie sabe cómo, pero los Rodríguez Saá lo obligaron a bajarse. Algo pudo más que la buena gestión de Poggi y sus lógicas pretensiones de repetir. Su caso fue casi inédito en la Argentina.

Por lo pronto, las teorías sobre lo que puede suceder en Tucumán sobrevuelan las cabezas del mundo oficialista. Están los que dan por hecho que Manzur y Jaldo irán por la reelección, pero también los que no dan por muerto al hombre que inventó al actual gobernador. ¿Y si Alperovich decide disputarle la capital a Alfaro? Que se deje de joder con volver y que se dé el gusto de ganarle al que le moja la oreja. Sería un lindo y divertido desafío, reflexiona un líder peronista.

Habrá que esperar casi exactamente un año -según especulan en los corrillos del poder- para que el juego de acertijos troque directamente en candidaturas.

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