“Dios me dio una chance”

Cristian Omar “Mago” Díaz quiere volver a mostrar dentro de una cancha las condiciones que le conocieron en Polonia

04 Mar 2018
1

SUS AMORES. Cristian Díaz junto a su esposa, Débora Sánchez, y sus hijas: Azul, Dulce y Cielo. “Quiero jugar hasta los 35 años”, señaló el “Mago”. la gaceta / foto de osvaldo ripoll

Le dicen “Mago”, pero en rigor fue él quien recibió el toque de la varita mágica. Cristian Omar Díaz nació hace 31 años en el barrio “El Chivero”. Cuenta que, de niño, sobrevivía en una pequeña piecita, junto a sus padres y hermanos. Y, como si hiciera falta, explica que eran pobres.

Un destino feo parecía asomar en su horizonte. Pero no. Las hadas madrinas existen, porque las “Cenicientas” también merecen disfrutar de los lujos de la vida de palacio. “Un día apareció en mi vida un tal ‘Tachado’, y me llevó a All Boys”, dice Cristian. Tenía 16 años cuando arrancó su vertiginosa carrera.

Solamente llegó a jugar tres partidos en el “Gallego” y saltó a Arsenal, de Sarandí. Casi sin darse cuenta llegó a Cruz Azul (México). Luego tuvo un paso fugaz por Vasas FC (Hungría), aunque no jugó. Volvió al país, a Central Norte, de Salta; de allí regresó a la provincia y jugó en La Florida. En 2008 emigró nuevamente; en esta ocasión, a San José (Bolivia). En 2010 fichó para Wermer Bremen (Alemania). De allí se mudó a un pueblo polaco, a cinco horas de Varsovia: lo contrató Slask Wroclaw. En 2015 volvió a San José y luego jugó en Deportivo Morón.

La cima

Si bien en Bolivia se había recibido de ídolo -marcó 18 goles que ayudaron a que el club juegue copas sudamericanas-, en Polonia tocó el cielo con las manos. Llegó en 2011. Con él en el plantel, Slask Wroclaw logró el campeonato nacional tras 35 años de sequía. Con ese club Cristian disputó los torneos más importantes de Europa: la Champions League y la UEFA.

El fútbol le permitió salir de la pobreza. Pero no mucho más. “Gané dinero. Pude ayudar a mis padres y a mis suegros a construir sus casas. Y a mis amigos. Hoy sólo tengo mi casa, en Villa 9 de Julio, y dos autos”, dice el delantero. Y precisa que un vehículo está a la venta y que al auto de alquiler lo maneja él y un chofer.

Más allá del dinero, en Polonia vivió lindos momentos. “Mi historia fue muy buena en lo deportivo, y dejé muchos amigos. Fui solo. Me me comunicada en castellano porque el arquero y un volante habían jugado en Tenerife (España)”, explica. En 2011 se clasificaron para jugar la UEFA. Al año siguiente salieron campeones de Polonia y ganaron la plaza para la Champions. “Jugué contra Benfica (Portugal), de (Pablo) Aimar y (Javier) Saviola, y contra Atlético Bilbao, que dirigía Marcelo Bielsa”, rememora.

Mala vida

Cristian admite que la mala vida le truncó, en parte, su carrera: “los dirigentes de Slask Wroclaw me habían renovado el contrato. Pero los últimos seis meses vivía de joda: tomaba, me gustaba la noche, tenía mal carácter. Y preferí irme por la puerta grande”. En marzo de 2015, incluso, sufrió un accidente, sin consecuencias graves. Fue un punto de inflexión.

“Desde marzo de 2016 soy otro. Dios me dio una chance. Leo la Biblia. Dos veces por semana voy a la Iglesia Evangelica de Tafí Viejo. Soy muy sereno”, dice. Y agradece a su esposa, Débora Sánchez, por acompañarlo siempre. El rostro se le ilumina cuando habla de sus hijas, sus “ángeles”: Azul (9 años), Dulce (4) y Cielo (2).

Cristian sueña con volver a las canchas. “El año pasado estuve en Concepción FC. No me fue mal. Quiero demostrar que aún estoy activo, que tengo condiciones. Mi idea es tratar de jugar hasta los 35 años y luego ser técnico”, cuenta.

Le dicen “Mago”, pero en rigor él recibió el toque de la varita mágica. Cristian Omar Díaz nació hace 31 años en el barrio conocido como “El Chivero”. Cuenta que con sus padres y hermanos sobrevivía en una piecita. Y como si hiciera falta, precisa que eran pobres.

Un destino feo parecía asomar en su horizonte. Pero no. Las hadas madrinas existen, porque las “Cenicientas” también merecen disfrutar de los lujos del palacio. “Un día apareció en mi vida un tal ‘Tachado’, y me llevó a All Boys”, dice Cristian. Tenía 16 años cuando arrancó su vertiginosa carrera.

Jugó tres partidos en el “Gallego” y saltó a Arsenal, de Sarandí. Casi sin darse cuenta ya estaba en Cruz Azul (México); y a los seis meses tuvo un paso fugaz por Vasas FC (Hungría), sin jugar. Volvió al país, a Central Norte, de Salta; de allí pasó a La Florida. En 2008 emigró a San José (Bolivia). En 2010 fue a Wermer Bremen (Alemania). De allí se mudó a un pueblo polaco, a cinco horas de Varsovia: lo había fichado Slask Wroclaw. En 2015 volvió a San José. Y, finalmente, a Deportivo Morón.

Si bien en Bolivia se había recibido de ídolo -marcó 18 goles, que ayudaron a que el club juegue copas sudamericanas-, en Polonia tocó el cielo con las manos. Llegó en 2011. Con él en el plantel, Slask Wroclaw logró el campeonato nacional, tras 35 años de sequía. Con ese club Cristian disputó los torneos más importantes de Europa: la Champions League y la UEFA.

El fútbol le permitió salir de la pobreza. Pero no mucho más. “Gané muchos pesos. Pude ayudar a mis padres y a mis suegros, con sus casas. Y a mis amigos. Hoy sólo tengo mi casa, en Villa 9 de Julio, y dos autos”, dice el delantero. Y precisa que un vehículo está a la venta y que al auto de alquiler lo maneja él y un chofer.

Más allá del dinero, en Polonia vivió lindos momentos. “Mi historia allá fue muy buena en lo deportivo, y dejé muchos amigos. Fui solo. Me manejaba con el Castellano, porque el arquero y un volante habían jugado en Tenerife (España)”, explica. En 2011 clasificaron para jugar la UEFA. Al año siguiente salieron campeones de Polonia, y ganaron la plaza para la Champions. “Jugué contra Benfica (Portugal), de (Pablo) Aimar y (Javier) Saviola, y contra el Atlético Bilbao, que dirigía Marcelo Bielsa”, rememora.

Cristian admite que la mala vida le truncó, en parte, su carrera: “los dirigentes de Slask Wroclaw me habían renovado el contrato. Pero los últimos seis meses vivía de joda: tomaba, me gustaba la noche, tenía mal carácter. Y preferí irme por la puerta grande”. En marzo de 2015, incluso, sufrió un accidente, sin consecuencias graves. Fue un punto de inflexión.

“Desde marzo del 2016 soy otro. Dios me dio una oportunidad; leo la Biblia; dos veces a la semana voy a la Iglesia Evangelista de Tafí Viejo. Y soy muy sereno”, dice. Y agradece a su esposa, Débora Sánchez, por acompañarlo siempre; y se le ilumina el rostro cuando habla de sus “ángeles”, sus tres hijas: Azul (9 años), Dulce (4) y Cielo (2).

Cristian sueña con volver a las canchas. “El año pasado estuve en Concepción FC; no me fue mal. Quiero demostrar que aún estoy activo, que tengo condiciones. Mi idea es tratar de jugar hasta los 35 años; y luego ser técnico”, cuenta.

Comentarios