El fundador de La Plata en Tucumán

Dardo Rocha quiso pasar en nuestra ciudad su penúltimo cumpleaños y visitó LA GACETA, en 1920

04 Mar 2018

En 1920, llegó de visita a Tucumán el doctor Dardo Rocha. Es difícil imaginar hoy el prestigio que rodeaba al entonces octogenario fundador de La Plata y ex gobernador de Buenos Aires. Hombre robusto, de semblante severo y tupida barba blanca, “era paciente y nervioso, persistente y dúctil, apático y activo, todas esas cosas contradictorias”, según la descripción de Octavio R. Amadeo. El equipo de historiadores que confeccionó “Vidas de grandes argentinos”, lo coloca “entre los conversadores inolvidables, por su interesante palabra, fluida y espontánea”. Agrega que fue “un orador parlamentario de fibra”, gracias a su “claro entendimiento y su vasta ilustración”.

Vida aventurera

Había nacido en Buenos Aires en 1838, en una vieja familia. Era hijo del coronel Juan José Rocha, que había peleado a órdenes de José María Paz y de Juan Lavalle, y de doña Juana Arana. Tuvo una vida agitada y aventurera, ardua de sintetizar en este espacio. Fue periodista y soldado que luchó en Cepeda y en Pavón. Después de estos combates, reanudó sus estudios de abogado y se doctoró en Jurisprudencia con la tesis “La ley federativa es la única compatible con la paz y la actual libertad del país”. Era la primera que se presentaba en la Facultad sobre Derecho Constitucional.

Peleó luego en la Guerra del Paraguay, donde resultó herido, batiéndose en Paso de la Patria, Itapirú, Estero Bellaco, Tuyutí y Curupaytí. Corría 1869 cuando empezó su vida política. Fue diputado nacional en 1872 y senador nacional en 1873. Militante del Partido Autonomista Nacional, el presidente Nicolás Avellaneda tuvo en Rocha a uno de sus sólidos apoyos en el Congreso. El general Julio Argentino Roca le ofreció un ministerio, que no aceptó, y en 1881 fue elegido gobernador de Buenos Aires.

Nace La Plata

De inmediato se abocó a buscar un asiento para la capital de la provincia. Eligió el lugar y, con el asesoramiento de destacados técnicos, planificó la ciudad que llamó La Plata -tras haber vencido no pocos problemas- cuya piedra fundamental colocó el 19 de noviembre de 1882.

Su gobernación fue pródiga en el tendido de vías férreas, la construcción de caminos, la expansión del telégrafo, la fundación de escuelas. Instaló centros urbanos en la provincia y los dotó de agua potable. Creó el Observatorio Astronómico y la Escuela de Santa Catalina; levantó el primer censo de la provincia; equipó con luz eléctrica a su ciudad y construyó el puerto de La Ensenada, para citar sólo brevísima parte de una gestión muy destacada por su impetuoso acento progresista.

En 1884 terminó su período de gobernador. Buscó la presidencia de la República sin éxito, en la campaña electoral de 1885. Desde un año antes y hasta 1892, fue senador nacional y luego, por dos veces, ministro plenipotenciario ante la República de Bolivia. “Sus amigos a Dardo Rocha”, se leía en el frontis de la magnífica casa que le obsequiaron en la calle Lavalle 835, en pleno centro de Buenos Aires, y que sería increíblemente demolida en 1970. Allí instaló su gran biblioteca y su soberbia colección de antigüedades.

En Tucumán

En 1920, el doctor Rocha decidió celebrar su 82 cumpleaños con un viaje a las provincias del norte. “El Diario”, que dirigía Manuel Láinez, dedicó un gran artículo a esa intención. Decía que pasar en las provincias ese aniversario, reafirmaba que el doctor Rocha “fue siempre el más provinciano de los porteños y el más porteño de los provincianos”.

Llegó a nuestra ciudad el 1 de setiembre de 1920, por el tren del Central Argentino. No era la primera vez: había estado ya en 1876, en la comitiva de Avellaneda para inaugurar el ferrocarril, y en sus viajes diplomáticos a Bolivia. Ahora lo acompañaban su hijo Carlos Rocha, con su esposa; su cuñada Adela Arana y las señoritas María Celia y Jacinta Rocha. Se alojó en el Savoy Hotel, que era en esa época el más importante de la ciudad

El entonces secretario de redacción de LA GACETA, Teodoro Berón de Astrada, le llevó los saludos de la dirección del diario. En las páginas amarillentas de la colección, aparece una fotografía donde el fundador de La Plata, sentado con su familia en las sillas de mimbre de la planta baja del Savoy, conversa con el periodista.

Con LA GACETA

Ese mismo día cumplía años. “Precisamente, hoy cumplo ochenta y dos años, y vea lo que son las cosas, los vengo pasar en Tucumán”, comentó risueñamente. No fue sencillo tomarle una fotografía. “No mi amigo, he prometido no dejarme retratar más: ya estoy un poco viejo”, arguyó. Pero, cuando le insistieron un poco, accedió. “Bueno, sea en honor al pedido de LA GACETA”. El periodista no registró, lamentablemente, si el detalle de su conversación sino una síntesis.

Sabemos, eso sí, que por ella desfilaron Mitre, Sarmiento, Avellaneda, Roca, Tejedor, Alem y varios otros, y que “había en cada una de las evocaciones como una vibración perfecta de lo que fueron en vida, merced al calificativo aplicado con una fuerza de penetración que maravillaba”. Las evocaciones nada tenían de complacientes ni relamidas. “En el desfile -escribió el periodista- ni siquiera falta la pasión que dá vida al pensamiento, serenada por la nieve del tiempo, pero no por ello apagada”.

Y no faltó en la charla el recuerdo de las jornadas de la Guerra del Paraguay. “Los hechos viven en las palabras del veterano, en el relato de un episodio, en la mención de una anécdota, en la visión de un cuadro de batalla o de campamentos”, expresaba el reportaje.

Visitas al diario

El 3 de setiembre visitó por primera vez LA GACETA. Se renovó la conversación, esta vez con su director, don Alberto García Hamilton. Habló de los tucumanos que conocía. “Pero el tiempo -dice la crónica- no ha transcurrido en vano. La mayor parte de las figuras que su memoria evoca, ya no existe”.

Se trasladó en gira a Salta y a Jujuy, del 9 al 21. El día 23 volvió a nuestro diario, esta vez para despedirse. El fotógrafo torno a capturar su imagen, junto a la rotativa de LA GACETA, acompañado por el director García Hamilton. Enfundado en su levita, con el sombrero entre las manos, rememoró sus días de periodista de combate, y exaltó el papel fundamental de la prensa en el crecimiento de la cultura colectiva. Constituía algo que –dijo- se podía palpar en todas partes.

Esa misma tarde partió de regreso a Buenos Aires, por el tren del Central Argentino. Al despedirse de las muchas personas que acudieron a la estación, el vigoroso anciano prometió que el año próximo, por la misma época, regresaría a esta zona del país, donde había pasado una grata temporada. No podía saber que, para entonces exactamente, la muerte le impediría cumplir aquella promesa. El doctor Dardo Rocha falleció en Buenos Aires, el 6 de setiembre de 1921.

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