El flautista de la peatonal dejó su piano de juguete y ahora toca uno de verdad

Elías impactó en la sensibilidad de la gente y logró que hicieran realidad su sueño.

23 Feb 2018

Hay veces que la vida te toca la puerta para presentarte lo inesperado, y ayer, el niño músico de la peatonal tuvo la oportunidad de ofrecerle un asiento: Elías Andraos recibió un piano cuyas teclas esperaron, desde hace un tiempo, por un artista que las vuelva a tocar. Todas las piezas del rompecabezas que comenzó con la publicación de la historia de Elías en LA GACETA -en la edición del 6 de este mes- encajaron a la perfección.

Una de las claves fue Antonio Mijalchyk, el hombre que le regaló al joven flautista el instrumento musical. “Mi hija me contó sobre la nota que se había publicado en el diario. Me conmovió que Elías tocara un piano de juguete. Desde ese momento supe lo que haría con el piano”, explicó Antonio, y agregó que el instrumento, en principio, estaba a la venta.

LA GACETA/ OSVALDO RIPOLL.-

Hace cinco meses falleció la hermana de Antonio, Teresa de Jesús, que era profesora de música y dueña del piano que hoy Elías tiene en su habitación.

“Yo lo ofrecía por una cierta cantidad de dinero pero los postores me lo querían comprar por menos de la mitad de su precio. Entonces desistí y decidí donarlo al Cotolengo Don Orione. Cuando me enteré de que un niño de 13 años toca la flauta en la peatonal para subsistir y que anhela ser un buen músico, y que sueña con poder comprarse un piano, no lo dudé”, detalló.

El problema de esta historia apareció cuando se dieron cuenta de que no había suficientes medios para trasladar el “gigante” musical, que pesa alrededor de 500 kilos. Antonio no cuenta con una camioneta que hubiera podido ser de ayuda.

Cuando el desánimo de que alguien los ayudara con el transporte se hacía más grande, Elías y Alejandra Briseño -su mamá-, se encontraron con una amiga que les sacaría “las papas del horno”. Se trata de Aída Torres, una médica infectóloga que conocieron meses atrás en la peatonal Mendoza y que incentivó al niño para que rindiese en el Instituto Superior de Música de la UNT.

“Me contaron lo que les sucedía y yo, que no podía creerlo, no hice más que dejar un aviso en radios y medios digitales para que el pedido de ayuda se haga viral”, contó la doctora Torres a LA GACETA.

LA GACETA/ OSVALDO RIPOLL.-

Con la vorágine de estos tiempos en los que prima la comunicación, el aviso de Aída definitivamente se hizo escuchar y así llegó a oídos de Leonardo Elgart, que fue sorprendido una mañana por los gritos de la señora que trabaja en su casa: “¡Escuche la radio, Leonardo! ¡Es la doctora Aída! Quiere que alguien la ayude para trasladar un piano”. Aída, que es amiga de Leonardo, recibió un llamado inmediatamente luego de aquella advertencia: era Leonardo.

La doctora se sorprendió y se alegró muchísimo cuando se enteró de que Leonardo, propietario de una empresa constructora, se encargaría de que seis robustos hombres cargaran el piano en una camioneta doble cabina.

“Yo sólo escuchaba la vocecita de Elías que me decía: ‘¿y me lo van a traer? Yo ya saqué todo para que pueda entrar el piano’, y se me estrujaba el corazón”, contó la médica, emocionada al ver la desesperación de Elías que, a pesar de vivir en un monoambiente, hizo espacio para que el instrumento entrara.

Y así sucedió. Un entramado de contactos y llamados entre Aída, Leonardo y Antonio hizo posible que ayer Elías reciba el piano en su casa, además de una butaca, un paño para cubrir las teclas y un metrónomo para medir el pulso musical de las melodías.

Alejandra, que trabaja de empleada doméstica en Yerba Buena, decidió quedarse ayer en su casa para presenciar la entrega del “regalo de reyes” atrasado. “Cuando uno cree de corazón, estas cosas suceden. Dios eligió a Antonio y a su familia para ser parte de un acto de solidaridad del cual estoy enormemente agradecida, al igual que con todos los que hicieron esto posible”, expresó la mamá.

Elías, que permanecía quieto con los brazos a los costados -como suelen tener los soldados- dijo: “me siento nervioso. Estoy muy agradecido con Antonio porque regalar un piano no es poca cosa. Es difícil que alguien regale algo con tanto valor emocional, como este, que era de su hermana”. El niño que sueña con convertirse en el Beethoven tucumano aseguró que seguirá tocando la flauta para ayudar a su mamá a pagar las cuentas de su pequeña casa, donde vive con su hermana Camila.

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