Sorprendentes testimonios en la celebración de la Virgen de Lourdes

San Pedro de Colalao se convirtió en otra Lourdes, donde muchos devotos fueron a testimoniar las gracias recibidas. El arzobispo ofició la misa

12 Feb 2018

Lourdes es esperanza y consuelo de los enfermos. Por eso este fin de semana, en que se celebró a Nuestra Señora de Lourdes, ellos fueron invitados de honor en la misa que el arzobispo, monseñor Carlos Sánchez, ofició en la gruta de San Pedro de Colalao. Hasta allí llegó el pequeño Joaquín, a paso tembloroso pero rápido ayudado con su andador. Su madre, Pilar Casado, no podía creer lo que estaba sucediendo. Hace nueve años, cuando nació, los médicos le daban pocas esperanzas de vida. “Va a ser un vegetal” le dieron a entender a su tía Milagro, que tampoco paraba de llorar. Ella y la abuela de Joaquín, Mirta, decidieron encomendarlo a la Virgen de Lourdes.

El niño había nacido con hidrocefalia un 19 de diciembre y el 24 de ese mes, a la tarde, el médico advertía a sus padres que era muy probable que “no pase de esta noche”. “Yo le decía a la Virgen, Madre: no me importa cómo quede, yo quiero tener a mi hijo conmigo”, recuerda Pilar.

Joaquín no sólo pasó esa noche, sino que fue mejorando poco a poco. A los cinco años aprendió a dar pasitos con un andador. A los seis comenzó la escuela y ahora ya pasó a cuarto grado. Canta, ríe, juega al fútbol con su hermanito y se reconoce hincha de River y de San Fernando de Leales. Ayer, toda su familia (son cinco hermanos) miraban emocionados el ascenso del joven gladiador por el suelo desparejo de la montaña. Se acercó hasta la imagen y le dio un beso. Su próxima meta es dejar el andador.

Desde Chuscha, Cyntia Vargas llegó con su hijita Sofia, de dos años, en brazos. Cuenta: “a los ocho meses mi bebé comenzó con fiebre y convulsiones. En el hospital de Niños le descubrieron un riñón mucho más chico que el otro y ubicado más abajo, y el otro riñón creció al revés. La fiebre era por las infecciones. Me dicen que no tenía cura y que hasta podía dejar de funcionar el riñón”. Luisa Galván, la abuela, va a la gruta de San Pedro y le lleva una trabita del pelo de la bebé. “Te ruego que la cures”, le dijo. A los siete meses, un nuevo estudio médico da lo que nadie podía creer: el riñón pequeño había crecido hasta llegar al tamaño normal y funcionaba bien. “Ahora ella está sana, ¡sana!”, repetía la abuela mostrando una ecografía como prueba.

El único sentido que domina Oscar es el oído. Nació seismesino hace 13 años. Tenía un hermano gemelo, que murió en el parto. Marta Sandoval, su madre, no tiene consuelo. Pero no sufre por su hijo, que es el primer milagro que le concedió la Virgen, sino por su esposo. Falleció hace cuatro meses. “Mi hijo estuvo internado con oxígeno los seis primeros meses y quedó con parálisis cerebral. Ahora también está ciego por un desprendimiento de retina. Mi marido lo adoraba, era su único hijo”, dice con tristeza. “Pero yo sé que la Virgen me va a ayudar. Sólo le pido que me dé fuerzas para cuidar a mi bebé”.

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Carlos Sánchez
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