Ulises Kusnezov: "estar entre la belleza, la hostilidad y el peligro

Superando los 8.000 metros las condiciones se vuelven muchos más hostiles.

11 Feb 2018
1

Ulises Kusnezov. LA GACETA / ARCHIVO

“En la montaña estamos todo el tiempo en riesgo”, explica Kusnezov. Pero hay maneras de controlar la situación. Tener un buen estado físico reduce considerablemente el peligro. También lo hacen todos los elementos de seguridad que se necesitan para la actividad. Sin embargo, siempre habrá un peligro latente, que algunas veces se puede prever, pero no controlar, como por ejemplo, una avalancha o la caída de piedras.

Físicamente la altura puede generar falta de oxígeno, con mayor o menos seriedad. Si se presenta de manera leve los síntomas son dolores de cabeza, náuseas y mareos. Con un buen descanso uno puede recuperarse. Si no se hacen caso a estos síntomas y se asciende sin tomar los recaudos necesarios la situación seguramente se agravará, generando un edema pulmonar o un edema cerebral, algo que puede conducir a la muerte si no es tratado rápidamente. La presencia de estos problemas requiere del descenso inmediato, algo que siempre estará condicionado por la altura y las condiciones climáticas.

En el Aconcagua, por su altura, si alguien sufre una lesión de este tipo y sus compañeros están en óptimas condiciones pueden bajarlo, al menos hasta los 5.000 metros, donde puede aterrizar un helicóptero. En caso de no poder hacerlo, el helicóptero puede llegar a la cima pero solo para arrojar medicamentos, agua y alimentos.

Superando los 8.000 metros las condiciones se vuelven muchos más hostiles. A esas alturas el cuerpo humano apenas puede sostenerse por sí mismo. Por eso es frecuente que en el Himalaya se encuentren con equipamientos, e incluso cadáveres, porque el hombre no es capaz de cargarlos nuevamente hacia abajo.

Los viajes generalmente son con uno o dos compañeros. “Es el número ideal para subir. Más gente entorpecería la expedición”, afirma. No hay especialistas en una determinada actividad en el equipo, pero se reparten las tareas. Según la montaña puede haber otros grupos de escaladores o podrán estar absolutamente solos, acompañados por su dispositivo satelital diseñado para informar a su equipo y familia la ubicación en caso de una emergencia.

La presencia multitudinaria en la montaña no es una garantía de seguridad. Kusnezov llegó a un campamento muy elevado en el Ojo del Salado, donde un escalador español había sufrido un edema. Su equipo no podía bajarlo y pidieron ayuda, la misma demoró mucho tiempo. Durante cinco días pudieron mantener con vida al montañista con medicamentos, pero finalmente falleció. “Ver como retiraban el cuerpo fue duro, te hace reflexionar sobre muchas cosas” relató Ulises.

Llegar al techo de América y acariciar el cielo transforma estos lugares en destinos turísticos para todos, sin importar su experiencia. “El Aconcagua se convirtió en un circo”, sostiene Kusnezov por la cantidad de personas que concurren a ese sitio, uno de los que más atracciones generan. “Por momentos parece un shopping”, comenta. Lo mismo sucede en el Ojo del Salado, que resulta una atracción por ser el volcán más grande del mundo.

Comentarios