Comer sano, un aprendizaje que se hace en familia

Dos nutricionistas dicen cómo organizarse para generar buenos hábitos

10 Feb 2018
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En un mundo en el que prácticamente se vive contrarreloj, siempre apurados para llegar a tiempo, para cumplir con todos los compromisos, en el que la mujer trabaja a la par del hombre, hay cosas que se han ido perdiendo. Por ejemplo, aquellas comidas de nuestras abuelas cuya elaboración llevaba más de dos horas. Hoy, muchas veces, el almuerzo o la cena consisten en un par de hamburguesas a la plancha con fideos hervidos, por dar un ejemplo de comida rápida.

Incluso, a veces no se puede comer en familia, porque los horarios no coinciden y hasta no se pone la mesa porque se come apurado en la cocina o, tal vez, en el living viendo tele o en la cama. Por supuesto, nada de esto resulta saludable, ni para chicos ni para grandes.

Comer saludable es un aprendizaje que se debe instalar en la familia para crear el hábito de la alimentación desde pequeños. No se trata sólo del consumo de alimentos saludables sino de una serie de otras actividades previas. Por ejemplo, planificar menúes y horarios de las comidas. Esto permite hacer un régimen equilibrado, es decir, que se garantice el consumo de proteínas, grasas, hidratos de carbono y vitaminas en las proporciones necesarias.

“Es importante que los chicos se alimenten de forma saludable; los hábitos deben construirse los 365 días del año, por ejemplo, si ahora que están de vacaciones dejamos que coman lo que quieran; cuando queramos que coman saludable van a verlo como un castigo”, destacó la nutricionista Lucía Vallejo Trejo. “Los chicos deben comer variado, lo que les gusta y lo que ellos dicen que no les gusta también porque no conocen todos los alimentos, entonces deben probarlos para sentir su sabor y su textura”, agregó.

Patricia Scopel, también nutricionista, puso el énfasis en el rol de los padres, el que considera vital para que los chicos adquieran el hábito de comer saludable. “Hay que educar con el ejemplo. Los niños observan todo, y suelen imitar las conductas de los mayores. No se trata de cubrir la necesidad del hambre sino de una función en la que se debe trabajar: enseñar a comer sano”, subrayó Scopel. “La niñez es la etapa fundamental para todo, también para la alimentación, lo que aprendemos de niños nos acompaña por el resto de nuestras vidas”, remarcó.

Costos

Preparar un plato saludable no tiene por qué significar un gasto grande de dinero; el secreto está en el tiempo que se destina a planificar el menú y administrar los productos que se consumirán en cada comida.

“Para alimentar a tus hijos el dinero no es un factor importante. Sí lo es la organización de las comidas: hay que preparar los menúes para el día, el número de comidas, los gastos. Elegir alimentos de estación es una opción válida, porque son los más económicos”, explicó Vallejo Trejo. “Además, conviene enseñarle sa los chicos que hay horarios para comer, así se evita el picoteo: hay niños que no quieren merendar en la casa y después piden que les compren galletas o gaseosas, y eso sí genera un gasto extra e innecesario, porque no es sano”, agregó.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha configurado una guía con las cantidades que deben consumir los niños en una dieta balanceada: el 50% deben ser hidratos de carbono (pan, azúcar, pastas, papa, arroz); un 12% y 15% proteínas (carne, legumbres, pescados, huevos; lácteos) y un 25-35% en forma de grasa (aceites, cremas, mantecas, frutos secos). En cada caso, el pediatra y el nutricionista son los encargados de modificar esas proporciones.

Cada papá elegirá la receta que mejor le convenga para animar a los chicos a comer de todo. Una técnica es preparar platos coloridos y variados. También los chicos pueden colaborar en la elaboración de los platos para que a la hora de comer lo hagan con la satisfacción de haber cocinado, explicaron las profesionales.

Y destacaron como lo más importante el tomarse el tiempo para compartir la mesa en familia.

testimonios
experiencia heredada
“un trago de leche y un beso” 
“Crear buenos hábitos en los niños es una tarea diaria que se debe realizar durante todo el año. No es fácil pero se logra con voluntad, tiempo, paciencia y amor. Yo les enseñé a comer sano a mis hijos porque lo aprendí de mi mamá. En mi caso la experiencia es heredada. Y la considero importante porque una alimentación sana, equilibrada y completa es clave para el crecimiento y para el desarrollo físico e intelectual desde la niñez. Me quedo con una frase del doctor Abel Albino que sintetiza en pocas palabras nuestra labor como papás: “un trago de leche y un beso”. (Alejandra Acosta, tres hijos, una niña y dos adolescentes)
nada de excesos
“que prueben de todo”
Me interesa que mis hijos coman saludable y en lo posible busco que ellos prueben de todo: frutas, verduras, carnes, lácteos, etcétera. Pero no les prohíbo que coman galletas, dulces o chocolates; les enseño a no consumirlos en exceso, y con un paquete de galletas entre los dos se conforman y no hacen berrinches ni vuelven a pedir; eso ayuda a mi economía también. Deben comer sano y conocer todos los alimentos porque son niños, como papás nos comprometemos a eso y a educarlos en cómo comer: “ la comida es sagrada, luego de comer recién el postre”. (Belén Lezana, dos hijos de seis y un año)
los 365 días del año
los buenos hábitos no tienen vacaciones
En vacaciones, se puede flexibilizar la ingesta de alimentos porque hay más salidas y los horarios son más descontracturados, pero para que la costumbre no se pierda hay que enseñar a los chicos a hacer elecciones inteligentes que no descuiden el valor nutricional de los alimentos, ni tampoco sus gustos, afirma la nutricionista Lucía Vallejo Trejo. “En lugar de gaseosas, que tomen agua o la versión light; los helados que no sean de crema sino de agua; si no puede negociarse, que sea de crema pero una porción moderada: una vez por semana y siempre una bocha. Los chocolates, lo mejor es evitarlos, si no se puede los incluimos en pequeñas cantidades en otros alimentos por ejemplo las barras de cereales, o galletas de avena con chocolate”, detalla.

Testimonios

Experiencia heredada

“Un trago de leche y un beso” 

“Crear buenos hábitos en los niños es una tarea diaria que se debe realizar durante todo el año. No es fácil pero se logra con voluntad, tiempo, paciencia y amor. Yo les enseñé a comer sano a mis hijos porque lo aprendí de mi mamá. En mi caso la experiencia es heredada. Y la considero importante porque una alimentación sana, equilibrada y completa es clave para el crecimiento y para el desarrollo físico e intelectual desde la niñez. Me quedo con una frase del doctor Abel Albino que sintetiza en pocas palabras nuestra labor como papás: “un trago de leche y un beso”. (Alejandra Acosta, tres hijos, una niña y dos adolescentes)

Nada de excesos
“Que prueben de todo”

Me interesa que mis hijos coman saludable y en lo posible busco que ellos prueben de todo: frutas, verduras, carnes, lácteos, etcétera. Pero no les prohíbo que coman galletas, dulces o chocolates; les enseño a no consumirlos en exceso, y con un paquete de galletas entre los dos se conforman y no hacen berrinches ni vuelven a pedir; eso ayuda a mi economía también. Deben comer sano y conocer todos los alimentos porque son niños, como papás nos comprometemos a eso y a educarlos en cómo comer: “ la comida es sagrada, luego de comer recién el postre”. (Belén Lezana, dos hijos de seis y un año)

Los 365 días del año
Los buenos hábitos no tienen vacaciones

En vacaciones, se puede flexibilizar la ingesta de alimentos porque hay más salidas y los horarios son más descontracturados, pero para que la costumbre no se pierda hay que enseñar a los chicos a hacer elecciones inteligentes que no descuiden el valor nutricional de los alimentos, ni tampoco sus gustos, afirma la nutricionista Lucía Vallejo Trejo. “En lugar de gaseosas, que tomen agua o la versión light; los helados que no sean de crema sino de agua; si no puede negociarse, que sea de crema pero una porción moderada: una vez por semana y siempre una bocha. Los chocolates, lo mejor es evitarlos, si no se puede los incluimos en pequeñas cantidades en otros alimentos por ejemplo las barras de cereales, o galletas de avena con chocolate”, detalla.

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