La madeja infinita - LA GACETA Tucumán

La madeja infinita

Ductilidad para entretejer las versiones del pasado

11 Feb 2018
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CRUCE DE HISTORIAS. Los personajes de Natalia Ginzburg son los mismos pero crecen como enredaderas. gattoni / Leemage/ Writer Pictures

Ciencia ficción

Léxico familiar

NATALIA GINZBURG

(Lumen-Buenos Aires)

Como una hilandera que une las historias en una madeja infinita, Natalia Ginzburg cuenta el pasado con una pasión racional y un oficio de una lucidez envidiable. Si hay algo que impacta en su escritura es la ductilidad con que entreteje las versiones del pretérito. Una pregunta nos persigue cuando leemos sus libros: ¿qué diferencias formales y estructurales hay entre la ficción y la no ficción? En sus ficciones –La ciudad y la casa, Todos nuestros ayeres, entre otras–, Ginzburg consolida el montaje como espada de acero: historias paralelas que se unen y se cruzan infinitas veces. En Léxico familiar el método encuentra un posible origen: el sistema engañosamente simple de cruces de historias vuelve sobre sí mismo. Es decir, en Léxico familiar los personajes reales y los hechos históricos entran una y otra vez en la rueda eterna con una espontaneidad que asombra, como si la narración oral fuera el patrón que une y funde las piezas en un ciclo perfecto.

Intimida, Ginzburg. Nos hace sentir que podemos leer siempre la misma historia y que podemos caer a sus pies como sonámbulos o poseídos por el péndulo del placer. Los personajes son los mismos pero crecen como enredaderas: Beppino, el padre, reniega por los malos comportamientos de los niños y se queja de la idiotez de su esposa. La madre se ocupa de las vidas díscolas de los hijos: Guido, Alberto, Paola, la pequeña Natalia y Mario. La abuela paterna reza las oraciones en hebreo sin entender el significado del rezo. Una prima del padre (furioso antifascista) ha escrito una biografía de Mussolini. El tío Cesare es gordo y se dedica a la crítica teatral. Mario ha sido confidente de los conjurados y se instala en París: se convierte en un amante de la cultura francesa y odia a Italia; Alberto, el otro hermano, es un vagabundo hasta que termina la carrera de medicina y, en contra de las expectativas de su padre, se convierte en un médico próspero. Leone Ginzburg, el primer esposo de Natalia, milita y se juega la vida hasta que es asesinado a los veinte días de que su esposa e hijos llegaran a Roma. El poeta y narrador Cesare Pavese se convierte en editor en la célebre Einaudi; los militantes antifascistas circulan por las páginas como personajes de una Europa infernal. Y una escena hermosa y triste que funciona como aleph del libro: Natalia, instalada sin su esposo en Abruzzo, espera en un hotel de ruines confinados la entrada peligrosa de los nazis.

Rompecabezas continuo

Todas las historias están atravesadas por dichos que entrelazan los recuerdos y los hechos. Beppino y su esposa repiten sentencias que funcionan como hilos con los que se hilvana la historia familiar. Los dichos prestados y las frases iluminadas por el lustre del pasado conforman una plataforma íntima y simbólica que cohesiona los sentimientos y las pérdidas. “Esas frases son la base de nuestra unidad familiar”, dice Natalia Ginzburg y su idea no es un mero apotegma; suena ya como una música que se cumple en el presente y en el futuro.

Léxico familiar es una entrada posible al método Ginzburg. La otra puerta es la ficción. Ambas son las piezas de un rompecabezas continuo. Léxico familiar es singular por múltiples razones. Entre las más nítidas, se puede decir que inaugura una forma sui generis de escritura de no ficción, produce una forma espiralada de pensar el pasado y reflexiona sobre el fascismo y los desbordes íntimos de los sucesos públicos como si lo familiar fuera el exergo capital de la realidad.

A su vez, se podría sostener que los escritos de no ficción –como Léxico familiar y los relatos-ensayos de Las pequeñas virtudes– conforman el otro/ el mismo lado de la ficción: ambos pliegues configuran un sistema fascinante y original de escritura literaria.

Fabián Soberón

(c) LA GACETA

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