“El pasado es una invención del presente” - LA GACETA Tucumán

“El pasado es una invención del presente”

El escritor español habla de su nuevo libro pero también de algo sorprendente. Cuenta cómo Palito Ortega influyó en su infancia. También opina sobre la situación catalana, la clase media española y el franquismo, la figura del escritor y de la mujer, la nostalgia y la manera en que marcó su obra la muerte de su padre cuando tenía nueve años. “Algunos de mis libros intentan contar cómo hubiese sido mi vida sin esa muerte”, confiesa.

11 Feb 2018
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Ignacio Martínez de Pisón es un gran escritor español. Autor de un libro maravilloso como Carreteras secundarias (1996), vuelve este año con otra historia que también tiene la figura paterna como referente: se llama Derecho natural y acaba de ser publicada por Seix Barral. Súper recomendable libro en el que se describe a una familia que va del amor al odio -tanto como la de cualquiera; o sea, una familia normal-. Los ejes son un padre que quiere ganarse la vida como actor pero termina como imitador de Demis Roussos, una madre que se reinventa y un hijo que cuida de sus hermanos mientras arma su vida. Pero es, al mismo tiempo, el relato de una España que pasa del franquismo a la democracia. De eso hablará Pisón durante una hora con LA GACETA, en un hotel de Buenos Aires.

-Hay, en Derecho natural, no sólo el crecimiento de Ángel, el protagonista, sino también de España tras la muerte de Franco.

-Nací en el 60 y cumplí 18 en el 78. Hay como un crecimiento paralelo entre la sociedad española y yo, que alcanzaba la mayoría de la edad. Entrábamos en democracia y dejábamos atrás la dictadura del franquismo. Había que inventar un país nuevo. El título de la novela viene un poco por ahí. Se iban conquistando poco a poco derechos. Mi protagonista es un chaval al que le interesa el derecho para entender qué pasa a su alrededor, en la España y también en el ámbito familiar. Hay un momento en que se habla de cómo cada uno se inventa un pasado. Muchos se reinventaron como antifranquistas, aún cuando no lo fueron, para tener una vida nueva.

-¿Cómo resume aquello?

-Franco murió en la cama después de casi 40 años de dictadura. La clase media española no diré que era franquista entusiasta pero lo era al menos por omisión. Y la resistencia franquista no tenía la fuerza suficiente.

-¿Qué quería contar?

-La historia del padre de Ángel, un actor que va de fracaso en fracaso, que busca papeles en películas malas de vaqueros. Luego engordó, perdió el pelo y empezó a trabajar como imitador de Demis Roussos: no puede haber fracaso mayor: ser el imitador de un cantante olvidado. Y sin embargo tiene su momento de gloria cuando Demis Roussos vuelve a aparecer en los noticieros por un tema político. Me dio pena que Roussos se haya muerto cuando tenía los primeros capítulos escritos. Tenía como un toque pop, de músico olvidado. Como Abba en su momento, con ese efecto nostalgia que surgió después. Pero Roussos no era tan importante.

-¿Qué discos recuerda de aquellos tiempos?

-El primero que tuve, que era de Palito Ortega, argentino, gobernador de Tucumán. Después vinieron los de Roussos. Recordar ese lado pop, la parte menos política de los años 70, con camisas floreadas, trae algo de nostalgia, claro. Pues Palito Ortega era una estrella de aquellos tiempos. Había un libro de cuentos de Alfredo Bryce Echenique que se llama La felicidad ja, ja. La felicidad ja, ja era un hito y formaba parte de nuestra cultura. También estaban las canciones de protesta de Joan Manuel Serrat.

-Usted da a entender que el pasado nunca se recuerda tal como ocurrió.

-El pasado es una invención del presente. Vamos escogiendo aquello que nos gusta. En esos momentos de España muchos buscaban eximirse de culpas de haber colaborado con la dictadura. España tenía claro lo que quería ser. Había cierta fascinación por el tercer mundo. Las cosas salieron bien. Pero no está de más recordar que había una amenaza militar constante. Sin embargo, diez años después estábamos muy integrados a Europa.

Tensa España

Al momento de esta charla faltan 48 horas para la realización del referéndum por la independencia catalana. “España está muy complicada. Hay tensiones impensables hace unos años”, advierte, con un dejo de preocupación, Martínez de Pisón. “Temo que haya incidentes”, anticipa certeramente: ése domingo, 1 de octubre, hubo más de 800 heridos por una represión policial que llevó a un paro general en Cataluña. Y redondea:

-A diferencia de antes, que había un modelo al que se quería llegar, hoy no sabemos a dónde va esta revolución de clase media de Cataluña. Y los políticos no están siendo muy claros o responsables. Lejos de buscar acuerdos, cada uno intenta sostener su posición al precio que sea. Hay una sociedad sometida a un estrés constante desde hace años.

-¿Siente necesaria la participación del escritor en estos temas?

-Tradicionalmente no me metí en política, pero en este caso, sí. Sin embargo, me da la sensación de que no sirve de mucho. Hay como una ola emocional que está por encima de la razón. Un sentimiento de soy de aquí y no soy de allá: eso hace crispar más a la sociedad.

-¿Cuánto hay de su infancia en Derecho natural?

-Mi padre murió cuando yo tenía nueve años. El hecho que más me marcó fue quedarme huérfano de padre a esa edad. Algunos de mis libros intentan contar cómo hubiese sido mi vida sin esa muerte. Creo que la literatura permite pensar en ese margen de lo posible. Siempre hay elementos de uno en un libro. Aunque mi vida no es muy interesante, hay un dolor crudo cuando uno escribe. Se responde a una especie de grieta interna. En mi caso, es una lucha contra ese vacío de un niño de nueve años y que hoy, a mis 56, esa pequeña herida sigue ahí. Al escribir, esa herida que no se manifiesta parece volver.

-También es la historia de una familia normal: o sea, con amores, odios...

-Las relaciones y los afectos nunca son lineales, limpios, fáciles de recortar y clasificar. Muchas veces se mezclan cosas: rencores, sentimientos ambivalentes que sobreviven de la manera más oscura. Me gusta entrar en los secretos de los personajes. Cosa que no ocurre con las personas de la realidad. De la gente más cercana a mí hay mucho que desconozco. Pero de mis personajes sé todo.

-Por los libros suyos que leí intuyo que es melancólico. ¿Lo es?

-No. Pasa que como la felicidad nunca es completa, siempre hay matices… en los momentos de felicidad tengo cierta tendencia a sentir todo se volverá triste porque pronto se terminará. A medida que nos hacemos mayores, hay cosas que conquistamos y otras que vamos perdiendo en el camino. Eso es lo que da complejidad a los personajes. 
-¿Qué lugar ocupa Derecho natural en su escritura?
-Llega un momento en que mis novelas se parecen bastante, tienen características comunes. Esta recuerda un poco Carreteras secundarias y otras. Hay escritores más aventureros, exploradores, que hacen libros que no se parecen entre sí. Yo no. Mis novelas podrían formar parte de un mismo ciclo literario, con personajes que viven en la misma etapa. Si lo pienso, desde Carreteras secundarias mis novelas podrían formar parte de un ciclo: personajes fracasados y con problemas de cierta España. Las vidas que cuento son vidas muy pequeñas, de gente normal en la que encuentro cosas que hacen que sus vidas se vuelvan interesantes.
Contar con humor
-¿Qué busca respecto del lector?
-Que encuentre en el libro anécdotas que les han pasado o que reconozcan pensamientos que pudieron haber tenido. 
-Hay también humor.
-Es que me gusta que los conflictos se vieran compensados por momentos de celebración. Hay gente que toma la literatura tan en serio y la tiene tan sacralizada que cree que el humor rebaja la categoría literaria. Yo puse chistes de mi suegro, que eran muy malos, los peores de la historia. La literatura debe tener los mismos materiales de la vida, que tiene momentos de humor, de risa, ridículos. Me gusta que en las novelas esté la vida y que se parezcan a la vida.
-¿Sigue sacralizado el escritor?
-La figura del escritor fue cambiando con el tiempo. Era venerada en las épocas de mucho analfabetismo o de escasos índices de lectura. Tenía algo de sacerdotal. Pero hoy todo el mundo sabe leer y escribir y cualquiera se lanza a contar historias. La figura del escritor ha dejado de estar arropada por ese aire sacerdotal, superior, de quien tiene los secretos de una sociedad. Los escritores nos hemos vuelto más modestos y sabemos que una novela no va a cambiar el mundo ni solucionar los problemas de una sociedad. La realidad nos ha dicho que no somos tan importantes.
-También le da lugar a la figura femenina.
-Hablo del gran cambio social que sucedió no sólo en España sino en Argentina, en Francia y en todos lados: la mujer pasó de tener una postración de siglos a tener los mismos retos que el hombre. Acá la madre de repente es protagonista de su propia historia. Dentro de 50 o 100 años veremos que en este siglo lo más importante será la equiparación entre el hombre y la mujer. Ese es el verdadero cambio del siglo.
-¿Qué lee?
-De todo. Pero me interesan cada vez menos las novelas y más los libros de historias, biografías. Las novelas me entretienen pero ya no soy ese lector apasionado por las historias. De hecho, me estoy convirtiendo más en investigador. Estoy preparando un libro sobre un estafador austríaco que engañó a Franco. Cada vez me interesa más la literatura de no ficción. 
-¿Volvió a escuchar a Palito Ortega?
-Tiré los vinilos en uno de esos momentos tontos que uno tiene. Pero lo volví a escuchar por internet. Justo ese disco me lo regalaron cuando murió mi padre, que no nos dejaba usar el tocadiscos. Cuando murió, quedó a 45 revoluciones por minuto, o sea al doble de velocidad, y durante meses escuchamos ése disco al doble de velocidad. Hasta que alguien lo puso a 33 y lo escuchamos bien. El efecto nostalgia muchas veces hace que las cosas que antes nos gustaban ahora nos gusten más. Palito Ortega es un recuerdo de infancia. Uno no puede evitar los vehículos de sentimientos y recuerdos que genera la música. La música, incluso Palito Ortega, te saca cosas que tenías dentro.
-¿Qué pasó con el tocadiscos?
-Se estropeó y no lo usamos más. Después empezó la cassette, todos nos pasamos a la cassette… Pero hoy volvieron los vinilos, así que me da lástima haberlos tirado. Menos algunos, que los conservo. Los de los Beatles, por ejemplo.
                                    (c) LA GACETA

-No. Pasa que como la felicidad nunca es completa, siempre hay matices… en los momentos de felicidad tengo cierta tendencia a sentir todo se volverá triste porque pronto se terminará. A medida que nos hacemos mayores, hay cosas que conquistamos y otras que vamos perdiendo en el camino. Eso es lo que da complejidad a los personajes. 

-¿Qué lugar ocupa Derecho natural en su escritura?

-Llega un momento en que mis novelas se parecen bastante, tienen características comunes. Esta recuerda un poco Carreteras secundarias y otras. Hay escritores más aventureros, exploradores, que hacen libros que no se parecen entre sí. Yo no. Mis novelas podrían formar parte de un mismo ciclo literario, con personajes que viven en la misma etapa. Si lo pienso, desde Carreteras secundarias mis novelas podrían formar parte de un ciclo: personajes fracasados y con problemas de cierta España. Las vidas que cuento son vidas muy pequeñas, de gente normal en la que encuentro cosas que hacen que sus vidas se vuelvan interesantes.

Contar con humor

-¿Qué busca respecto del lector?

-Que encuentre en el libro anécdotas que les han pasado o que reconozcan pensamientos que pudieron haber tenido. 

-Hay también humor.

-Es que me gusta que los conflictos se vieran compensados por momentos de celebración. Hay gente que toma la literatura tan en serio y la tiene tan sacralizada que cree que el humor rebaja la categoría literaria. Yo puse chistes de mi suegro, que eran muy malos, los peores de la historia. La literatura debe tener los mismos materiales de la vida, que tiene momentos de humor, de risa, ridículos. Me gusta que en las novelas esté la vida y que se parezcan a la vida.

-¿Sigue sacralizado el escritor?

-La figura del escritor fue cambiando con el tiempo. Era venerada en las épocas de mucho analfabetismo o de escasos índices de lectura. Tenía algo de sacerdotal. Pero hoy todo el mundo sabe leer y escribir y cualquiera se lanza a contar historias. La figura del escritor ha dejado de estar arropada por ese aire sacerdotal, superior, de quien tiene los secretos de una sociedad. Los escritores nos hemos vuelto más modestos y sabemos que una novela no va a cambiar el mundo ni solucionar los problemas de una sociedad. La realidad nos ha dicho que no somos tan importantes.

-También le da lugar a la figura femenina.

-Hablo del gran cambio social que sucedió no sólo en España sino en Argentina, en Francia y en todos lados: la mujer pasó de tener una postración de siglos a tener los mismos retos que el hombre. Acá la madre de repente es protagonista de su propia historia. Dentro de 50 o 100 años veremos que en este siglo lo más importante será la equiparación entre el hombre y la mujer. Ese es el verdadero cambio del siglo.

-¿Qué lee?

-De todo. Pero me interesan cada vez menos las novelas y más los libros de historias, biografías. Las novelas me entretienen pero ya no soy ese lector apasionado por las historias. De hecho, me estoy convirtiendo más en investigador. Estoy preparando un libro sobre un estafador austríaco que engañó a Franco. Cada vez me interesa más la literatura de no ficción. 

-¿Volvió a escuchar a Palito Ortega?

-Tiré los vinilos en uno de esos momentos tontos que uno tiene. Pero lo volví a escuchar por internet. Justo ese disco me lo regalaron cuando murió mi padre, que no nos dejaba usar el tocadiscos. Cuando murió, quedó a 45 revoluciones por minuto, o sea al doble de velocidad, y durante meses escuchamos ése disco al doble de velocidad. Hasta que alguien lo puso a 33 y lo escuchamos bien. El efecto nostalgia muchas veces hace que las cosas que antes nos gustaban ahora nos gusten más. Palito Ortega es un recuerdo de infancia. Uno no puede evitar los vehículos de sentimientos y recuerdos que genera la música. La música, incluso Palito Ortega, te saca cosas que tenías dentro.

-¿Qué pasó con el tocadiscos?

-Se estropeó y no lo usamos más. Después empezó la cassette, todos nos pasamos a la cassette… Pero hoy volvieron los vinilos, así que me da lástima haberlos tirado. Menos algunos, que los conservo. Los de los Beatles, por ejemplo.

(c) LA GACETA

PERFIL

Hincha del Zaragoza, español por haber nacido en esa ciudad, Ignacio Martínez de Pisón es un recomendable escritor. Ha publicado novelas y cuentos. La imperdible Carreteras secundarias, en la que cuenta de manera magistral la relación de un padre y su hijo es uno de sus mejores trabajos. También publicó, entre otros, La ternura del dragón, El tesoro de los hermanos Bravo, El viaje americano, Una guerra africana, María bonita, El tiempo de las mujeres y Enterrar a los muertos. Derecho natural es, al momento, su última novela.

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