Casa de verano

07 Feb 2018

Hoy, con una semana de retraso, el personal del Instituto de la Vivienda y Desarrollo Urbano cobraría sus haberes. Entre sorprendidos y preocupados, los casi 700 estatales de esta repartición pública especulaban sobre los motivos de la tardanza. El escándalo alrededor de la presunta entrega irregular de casas a través de gestores ilegales (la Justicia investiga si se produjeron posibles estafas) era una de las hipótesis. Un duro 2017, con la cúpula del Ipvdu desarmada, fue otro de los ejes en los que hicieron foco los trabajadores para tratar de ponerle un motivo a la mora. Ninguno se atrevió a preguntar demasiado y el gremio tampoco se inmutó. ¿El que calla otorga? El silencio suena a complicidad o a temor en una estructura infectada por irregularidades y por relaciones cruzadas entre funcionarios, empresarios, legisladores y dirigentes políticos.

Los bienpensados esbozaban otras hipótesis. La principal es que a nivel nacional se decidió pasar el área de Vivienda a Desarrollo Social. Lo lógico es que en las provincias suceda lo mismo y en Tucumán el Ipvdu podría pasar de Economía al ministerio que conduce Gabriel Yedlin. Esa cuestión “burocrática” habría incidido, según los observadores de la cosa pública. Sin embargo, los malpensados creen que la demora se trata de una suerte de castigo “involuntario” de los líderes del Poder Ejecutivo: la intervención no da soluciones, persisten los escándalos y la que sufre es la Casa de Gobierno. Con los números en rojo en el ente autárquico, el propio mandatario es el que debe autorizar que se yape el presupuesto y se autorice la partida para pagar sueldos. Eso habría sucedido el lunes y por eso hoy cobraría la comunidad de Vivienda.

Los salariales son los problemas más pequeños que enfrenta la repartición. Con el fin de la feria se reactivaría la investigación que apunta contra Lucas Barrionuevo y Miguel Jiménez Augier. Además, el fiscal Diego López Ávila retomaría antes del fin de semana la pesquisa contra Elizabeth Rosa Alzogaray, la gestora que no tendría nada de trucha. Habría indicios ciertos de que la mujer tendría vínculos con funcionarios del Ipvdu y con concejales. También habría certezas respecto de que no estafaba a personas: basta recorrer Manantial Sur para oír los temerosos comentarios de personas que le pagaron y que, efectivamente, hoy tienen una casa en ese barrio. Que esto se compruebe es clave, porque ya no habrá posibilidad de que ni el gobernador ni el vice ni sus funcionarios digan, como si nada tuviesen que ver, que hay que denunciar y que a esos “falsos gestores” debe caerles todo el peso de la ley. Si a través de Alzogaray -y muchos otros como ella- efectivamente hay tucumanos que obtuvieron viviendas del Ipvdu serán los funcionarios los que estén directamente en tela de juicio. Porque serán cómplices o incapaces de conocer y frenar ese tipo de irregularidades.

Relajados

El nuevo escándalo habitacional encontró a muchos funcionarios de vacaciones. Se preocuparon poco y reiteraron la remanida frase inmortalizada por Julio Grondona: todo pasa. Como si fuesen turistas que disfrutan de su casa de verano, los hombres que conducen Tucumán echaron culpas a otros: que investigue la Justicia, que ya habrá tiempo para que el Gobierno vea si “hace algo” para que en sus organismos no se comentan ilícitos. Así de relajadas fueron las reacciones de las cabezas de los poderes del Estado comarcano ante la medida que tomó Mauricio Macri a nivel nacional (para zafar de un escándalo, vale aclarar): no podrá haber parientes de funcionarios en cargos públicos. Osvaldo Jaldo, orgulloso, respondió que en nuestra provincia no hace falta hacer eso porque aquí no hay crisis (cuando lo que está en discusión es la falta ética y el despilfarro de cargos a amigos) y el titular de la Corte, Daniel Posse, que le parecía “arbitrario” impedir que familiares de quienes toman las decisiones ingresen al Estado (como si no fuese arbitrario que entren “a dedo”).

Y todo pasa, al menos hasta que realmente suceda algo tan doloroso y caro para la sociedad que termine logrando que el rubor gane las mejillas de quienes sin tapujos defienden lo que deberían condenar.

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