Contraseñas, punto débil de nuestra cibervida

Un experto asegura que en Tucumán es un problema entre usuarios de todas las edades

06 Feb 2018
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PROTECCIÓN DE DATOS. Según IBM, los jóvenes son más propensos a usar claves inseguras que los adultos.

¿A cuántas plataformas de internet entrás por día? Facebook, Instagram, Twitter, DirectTV go y Netflix; el banco; el correo electrónico; cada uno de los sitios de compras on line; los de reservar pasajes y hoteles... Todas piden usuario y contraseña: ¿cuántas usás?

“No sé en cuántas tengo cuenta... ¿30? Quizás más. Uso siempre la misma clave, a menos que la página me obligue a cambiarla. No me parece un problema. Por más contraseñas que use, un hacker ‘en serio’ no va a tener problema en ingresar. Me parece mucho mayor el riesgo de olvidarme cuál es”, confiesa Valentina Curia, de 19 años.

Según una investigación de IBM, para la cual realizó más de 4.000 entrevistas, el usuario medio de internet en EE.UU. administra más de 150 cuentas que necesitan contraseña y se espera que aumenten a más de 300 en los próximos años. Y si bien -añade el informe- los entrevistados dicen privilegiar la seguridad a la hora de iniciar la sesión en las aplicaciones, lo real es que priman las claves sencillas e inseguras, y su utilización en distintas plataformas. Según informa Télam, a los investigadores les llama la atención que son los adultos jóvenes, de entre 20 y 36 años los que más frecuentemente asumen esas conductas.

“Mientras el 75% se siente cómodo usando herramientas biométricas (como identificación por huella dactilar), menos de la mitad usa contraseñas complejas, y el 41% las reutiliza”, se sostiene en el estudio, titulado “El futuro de la identidad”. En contrapartida, la investigación muestra que, en promedio, los mayores de 55 años usan 12 contraseñas diferentes, mientras que los jóvenes de la Generación Z (de 18 y 20 años) promedian sólo cinco, lo que parece indicar una tasa alta de reutilización.

¿Y por casa?

Casos como el de Valentina dejan la sensación de que lo de los jóvenes se cumple también en nuestras tierras. Pero no parecen coincidir las conductas de los adultos. “Al principio usaba varias diferentes, pero muchas veces me las he olvidado, y perdí la anotación... así que me cansé y uso la misma para todo”, reconoce Rogelio Ramos Signes, escritor (68).

“Uso unas pocas; cambio especialmente las de las cuentas bancarias, pero más por exigencia del banco que por decisión personal. Entiendo que en algunos lugares puede ser muy importante, pero a veces te piden clave hasta para mandarte news letters... Es demasiado para tener en la cabeza”, dice Patricia West (51).

La voz empresaria

Podrá pensarse que la “indolencia” respecto de las claves tiene que ver con que no hay riesgo económico en juego, pero no es así. “El de las contraseñas es todo un tema, y no sólo entre los jóvenes. No es algo respecto de cuya importancia la gente esté realmente interiorizada”, destaca Hugo Terán, CEO de Infomanager, empresa tucumana desarrolladora y exportadora de software para otras empresas. “Una parte importante de nuestro trabajo consiste en generar conciencia sobre la necesidad de una política de claves segura y consistente”, añadió.

¿Soluciones?

“A medida que los consumidores van reconociendo la inadecuación de sus contraseñas y otorgan prioridad a la seguridad llega el momento de adoptar métodos más avanzados, que prueben la identidad en múltiples niveles y según el riesgo”, señala por su parte Limor Kessem, ejecutivo de IBM Security.

En opinión del 44% de los entrevistados en el estudio, la biometría de huellas dactilares es uno de los métodos de autenticación más seguros, seguido por el escaneo de retinas, con el 30%; sólo el 27% elige a las contraseñas alfanuméricas como las más robustas.

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