“Ser buena gente da resultados”

El actor reemplazará a Gerardo Rozín en el programa “Morfi, todos a la mesa”, de Telefe. Su lugar en el mundo está en sus cabañas de Villa Giardino.

04 Feb 2018
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DESPERTAR ARTÍSTICO. De Santo comenzó en el cine, haciendo de extra. la gaceta / FoTO DE DIEGO ARAOZ (ARCHIVO)

El verano lo encuentra a Damián de Santo lejos de las tablas, abocado a otras de sus pasiones. Cuando no está actuando, se dedica a pleno a administrar y mantener las ocho cabañas que tiene en Villa Giardino (en las sierras de Córdoba), una localidad identificada con la actividad artística ya que allí tiene su colonia vacacional la Asociación Argentina de Actores.

Mientras tanto, el actor se prepara para retornar a la televisión, pero en un rol muy distinto del que se lo conoció. A partir de marzo reemplazará a Gerardo Rozín en la conducción de “Morfi, todos a la mesa”, el programa de la mañana por Telefe. En esa misión será acompañado por Zaira Nara y los cocineros Santiago Giorgini, Chantal Abad y Rodrigo Cascón.

Ese compromiso lo obligará a mudarse de lunes a viernes. “Viví muchos años en Buenos Aires y necesitaba estar en un pueblo para valorar otras cosas -le dijo a LA GACETA-. Villa Giardino es mi lugar en el mundo, es la antípoda de la gran ciudad, convivo con su naturaleza y ya aprendí a no matar una víbora si la veo, sino a agarrarla con un gancho y llevarla lejos. Desde la vereda de enfrente puedo ver los logros. Hice muchas cosas en mi vida: fui bancario, chofer de una empresa de transporte, preceptor, fabriqué relojes... Muchas cosas las hice por necesidad y otras motivado por mis sueños, que son posibles de alcanzar”.

Las dos vocaciones se entremezclan cada tanto: “los fines de semana largo, fuera de temporada, se hacen algunas obras de teatro de gente de la zona o de Córdoba y, si los costos lo permiten, de Buenos Aires”. “Cada tanto me engancho con algo y mi representante lo sabe. Ser buena gente, buen compañero, responsable y cumplir con los compromisos da resultado y a mí me llaman por eso”, sostuvo.

Como Sandrini

De Santo llega a esa responsabilidad luego de un año donde personificó en cine a uno de sus referentes: hizo de Luis Sandrini en “Yo soy así: Tita de Buenos Aires”, la biografía de Tita Merello que dirigió Teresa Costantini. Los artistas fueron una de las parejas más nombradas en la década del 40.

“Mi abuela era bastante cinéfila y me hacía imitar a Sandrini cuando era chico, lo amo. Cuando se hace a alguien muy conocido y presente en generaciones que viven, la responsabilidad es más alta que en un personaje de ficción. En mi caso, arranqué queriéndolo: era seductor, muy inteligente, atractivo, más allá de que todos tenemos nuestras miserias. Su vida con Tita fue muy difícil porque tenían dos personalidades muy fuertes, y Luis terminó casándose con la mujer que la sociedad quería verlo”, reconoció.

“Hacer una película es un gran esfuerzo, tanto como llevarla a cada lado donde se la pueda mostrar. Y a la gente del lugar también le obliga a esforzarse para verla. El arte es ponerte la piel de gallina, no la técnica en la cual se sostiene, por lo que hay que valorar al creador”, destacó.

Acerca del momento político del país, el actor planteó que “se perdió la coherencia en algunos aspectos, no se reconocen en serio los errores y hay posturas enérgicas sin fisuras que se basan en una verdad absoluta que no existe”. “Nos falta madurar como pueblo y como personas. Hemos sufrido más en lo económico que en lo social”, agregó.

A fines del año pasado, De Santo inauguró el Espacio Incaa en la sala Hynes O’Connor del Ente Cultural. “Es como poner en marcha un tren, es algo emocionante que me vuelve a mi esencia. Tiene que estar lo moderno y lo antiguo, porque somos parte de esa historia. Ir al cine es un evento, encierra el deseo de que se cuenten las historias del propio lugar y pueden despertar vocaciones artísticas, como me pasó a mí. De hecho, mis primeras apariciones fueron como extra en muchas películas, porque tenía un amigo que era alumno de Lito Cruz y me llevaba a las filmaciones. Me adentré en la profesión sin darme cuenta, porque no sabía qué era ser actor, pensaba que había que venir de familia de artistas”, recordó.

“Vivimos un tiempo de cambio permanente, pero creo que deben dejar algo. Hay mucha ansiedad de tener lo último, y nos terminamos muriendo sin alcanzar el celular de última generación. Es una carrera que no quiero correr. Yo cuento mi historia, y cuando mis hijos le cuenten mi historia a los suyos será corta, concisa y atractiva”, concluyó.

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