Atentos a la sirena

03 Feb 2018
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Una sirena ululó ronca y lúgubre en La Madrid hace 15 días. Era una prueba. Hicieron dos experiencias para ajustar el sonido del aparato instalado en la comisaría del pueblo y estar preparados para advertir a los vecinos. Estos temblaron en las redes sociales. Alguien puso fotos de las compuertas del dique de Escaba en 2015 y escribió: “se viene el agua”. Pero era un simulacro. “Es que la sirena mete miedo”, dice el delegado comunal Dardo Herrera. “Los vecinos nos retaron -agrega- pero esto forma parte de las alertas que preparamos para las tormentas, porque acá todos vivimos con miedo”.

Midiendo caudales

¿Alertas? Hasta ahora las lluvias se han ensañado en este verano con crecidas en otros lugares del este tucumano, como Ranchillos, Río Colorado, Banda del Río Salí y Alderetes, con barrios bajos del este capitalino como el Alejandro Heredia y con Tafí Viejo, donde hubo una tragedia. En La Madrid hubo anegamientos en la ruta 157 el fin de semana pasado y sólo se trató de sustos, al decir de Herrera. El precario sistema de alerta compromete a todas las poblaciones del sur -La Madrid, Monteagudo, Graneros, La Cocha- y consiste en recorridas constantes de policías a los ríos, donde sacan fotos y miden el nivel del agua. También se transmiten los informes del servicio meteorológico sobre lluvias y presión en todas partes y se analizan los datos con Defensa Civil. Tienen una radio tipo policial con handy para el caso de que no haya señal de celular ni electricidad. Hay un comité de emergencia formado por entidades y vecinos. La FM del pueblo tiene un Facebook a través del cual 1.500 visitantes se enteran de las novedades. El Gobierno de la provincia ya informó que la Dirección Provincial del Agua (DPA) puso tres medidores de alerta de caudal en los ríos. También se pretende contar con “una sala de computación en la comisaría que va a procesar la información de estaciones de toda la cuenca”. Para esto hay que esperar, explica el comisionado, porque implica un gasto de poco más de 2 millones de pesos.

Trabajos, no obras

Además, dice Herrera que se cuenta con dos máquinas de la DPA, dos de la Dirección de Suelos y una de de Vialidad, y que una máquina contratada por el Ministerio del Interior estuvo limpiando durante 60 días (de octubre a noviembre) un tapón de sedimento de 5 km, que hacía que el Marapa se vuelque e inunde la población de Sol de mayo, al este de La Madrid y en la cola del Frontal. Dice que están limpiando el cauce del Marapa junto a la ciudad, el canal de Guarda al oeste y poniendo defensas. Y que se va a limpiar el arroyo El Chileno, que está al norte. Todo esto -dice el delegado- “son trabajos, no obras. Es como si nosotros limpiáramos la canaleta porque el techo no está arreglado”.

Sin mantenimiento

¿Alcanzarán estas alertas para enfrentar una inundación como las del 29 de marzo y el 2 de abril del año pasado? Todos saben que cuando llueve más de 80 mm en poco tiempo es muy difícil. Y esas lluvias son de 150 mm para arriba. Son salvajes. Ahí entran otros problemas más grandes. Uno es la deforestación (en la parte alta de las cuencas de los ríos Marapa y San Francisco se deforestaron 80.000 ha, al decir del ingeniero Claudio Bravo, que integra el comité legislativo de emergencia hídrica en La Madrid). Otro es la falta de mantenimiento de obras y cauces. Lo acaba de reclamar el ingeniero José Ricardo Ascárate, coordinador del plan Belgrano. “Tener una cultura de mantenimiento es absolutamente necesaria para no tener que armar planes de emergencia luego de los sucesos. Hace más de 10 años que los cauces de los ríos no se limpian”, dijo a propósito de la inundación del 28 de enero en Ranchillos. Otro es el brutal desvío que los productores agrícolas hicieron del río San Francisco, que hace 15 años terminaba en unos bañados al sur de La Madrid y que ahora, mediante canales hechos por agricultores (el más famoso es uno de 10 km conocido como “canal Sánchez”) va a depositar sus aguas en el río Marapa, cuyas crecidas son las que quitan el sueño a La Madrid.

Corriendo los tiempos

Para resolver estos problemas hay que hacer negociaciones, tareas políticas y obras más grandes que la limpieza. Las reuniones con productores de Tucumán y Catamarca han derivado en algunos consorcios para negociar acuerdos. “Muchos están con cola de paja”, dice el ingeniero Eduardo Martel, que coordina las tareas del comité legislativo. “¿Cómo es que hicieron esos canales y nadie les dijo nada?” Ahora están en la mira, porque la recomendación más urgente es desviar el río San Francisco hacia sus antiguos bañados, y eso implica romper los canales que van hacia el Marapa. Y ahí empiezan los problemas políticos. El comisionado Herrera dice que pidió ayuda al fiscal de Estado, Daniel Leiva, para actuar en el tema. La conclusión fue que la DPA puede hacer obras en el cauce del río pero habrá que encontrarse con los productores. Mientras tanto, la Legislatura y la UNT firmaron hace un mes un acuerdo para hacer el estudio completo sobre los ríos Marapa y San Francisco. El estudio cuesta $ 3 millones, debe durar seis meses y su primer informe debe entregarse en marzo. Pero no arranca el primer desembolso porque aún no fue aprobado por el Tribunal de Cuentas, según explica Martel. “Vamos a tener que correr los tiempos”. Las tiempos de la política son más complicados. Martel y Herrera dicen que “hay que enfocarse en pequeñas cosas”.

Obras y problemas

Las otras cosas más grandes están siempre empantanadas en la pelea de la Nación y la Provincia. Ascárate fue duro hace unos días con la provincia por que dice que nunca tiene los proyectos listos aunque haya plata. En la provincia le contestan -como hicieron los intendentes de Alderetes y de Banda del Río Salí, a propósito de las obras de agua y cloacas,- que la Nación demora los fondos aunque se cumpla con los requisitos que pide. Otro asunto: tampoco hay quien analice o controle las obras con sabiduría imparcial -¿debería hacerlo el Tribunal de Cuentas?-. Que alguien les explique a los vecinos del barrio Alejandro Heredia capitalino por qué, si nunca se habían inundado, el agua les subió metro y medio en las casas ahora, después de que la Municipalidad les hizo el pavimento en diciembre. ¿Por qué no se hizo el desagüe primero? Lo mismo pasa en la ruta 315 de Tafí Viejo. En septiembre se inauguró la obra anunciada como la gran mejora para los vecinos y ahora se la llevó el agua. ¿Faltó algo de hacer en esa obra, o es que no se puede hacer nada frente a contingencias climáticas extraordinarias?

Dependencia extrema

En el medio quedan las medias verdades nunca resueltas. Por ejemplo, que en la Provincia no se hace mantenimiento de nada, con lo cual las obras se vienen abajo y nadie puede explicar muy bien por qué. Los organismos publicos de Tucumán del agua son débiles y sin presupuesto, reniega el ingeniero Franklin Adler. “Durante el alperovichismo se fueron desmantelando los organismos. Y tienen muy poca capacidad para trabajar por administración”, agrega Martel. Por eso esa dependencia extrema de la Provincia de la Nación en cuestión de obras públicas. Todas se hacen sólo cuando la Nación da plata. Eso genera dependencia de la provincia, servilismo e incapacidad para diseñar planes de futuro. ¿Por qué esa desidia? “Porque las catástrofes se van a distintos lugares -dice Adler- y porque los funcionarios están acostumbrados a gestionar ante la Nación para cualquier cosa, hasta la más chica”. Por ahora, en La Madrid hay una sirena. Es la primera alerta.

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