Una psicóloga bucea en los mandatos que soportan tres mujeres

Cristina Fiz Lobo dirige “Las mujeres no saben decir adiós”, una obra de Fabrizio Origlio.

03 Feb 2018
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LA PSICÓLOGA. Carina Morales Estrada es Cristina, el motor de la obra.

Estela no puede soltar una relación, se aferra a ella y no se si es por costumbre o por soledad.

Romina enfrenta la somatización y la angustia, que ponen en el tapete las estructuras enfermizas que puede llevar una relación afectiva.

Liliana está atravesada por los mandatos sociales respecto al amor y a la pareja, que alcanzan a todas las mujeres.

Estas son las tres pacientes cuyos casos expone Cecilia, su psicóloga común en la obra “Las mujeres no saben decir adiós”, el texto de Fabrizio Origlio que estrenará el grupo Per Sécula Seculorum esta noche en El Árbol de Galeano, con dirección de Cristina Fiz Lobo. Los personajes son interpretados por Carina Morales Estrada, Liliana Sánchez, Lourdes Aguirre y Marcela Jaime.

“Este trío pone en manifiesto cómo se estructuran los vínculos con lo preestablecido, confundiendo los conceptos de amor y de relación de pareja, no dejando ir a lo que verdaderamente hace daño y signando a los sujetos sociales bajo estructuras perversas”, describe la directora a LA GACETA.

- ¿Cómo aborda Origlio los personajes femeninos?

- Nos muestra mujeres sumisas, resignadas a los que la vida les dio, con su soledad, el hacer tiempo, el esperar… Tiene una forma sutil de decir algunas cosas. Desnuda las ilusiones y a su vez interpela el espacio del amor y de la mujer; construye preguntas para rearmar nuevos conceptos y reformular las expectativas. La psicóloga revisa sus casos más emblemáticos en busca de los secretos del alma femenina al relacionarse con los hombres, y sus pacientes, muy distintas entre sí, van planteando en sus sesiones, con humor e inteligencia, las desventuras que padecen. Toda la puesta es una metáfora, y cada elemento escénico es un signo.

- ¿El espacio de teatro es propicio para desnudar las ilusiones, así como lo es una terapia?

- El teatro en sí nos complementa, en ilusiones y fantasías. Nos hace crear, creer y crecer. Es un espacio propicio para desnudar la ilusión, pero la analogía con la terapia depende de la lectura que se haga de ambos. La forma de sostenerse en este mundo es con fragmentos de verdades en base de una realidad o realidades.

- ¿Hay algún elemento de la obra que sea particularmente relevante en este tiempo de lucha de la mujer contra el acoso y la desigualdad en el trato?

- Sobre todo tienen que ver con el abordaje acerca de la sugestión y de las estructuras preestablecidas socialmente. En escena hablamos de los mandatos que hay con respecto a la mujer, al amor, a su figura y a su rol frente a la sociedad y la familia.

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