“Acariciar un elefante y verlo moverse es una experiencia única”

Las viviencias de los tucumanos en Tailandia, donde se puede pasear montado en el lomo o visitar los santuarios.

17 Ene 2018

Hace tiempo que el sudeste asiático dejó de ser un destino desconocido para vacacionar y se ha convertido en punto de encuentro de miles de turistas de todo el mundo. Tailandia es uno de los países de la región que eligen los tucumanos, atraídos por sus playas paradisíacas, por las comidas típicas o por las innumerables excursiones que ofrece el lugar. Pasar todo un día al lado de elefantes es una de las tantas opciones. La experiencia de estar en contacto con los animales terrestres más grandes del planeta es una atracción permanente para los visitantes que disfrutan las aventuras.

En Tailandia se ofrecen dos tipos de excursiones: los paseos a lomo del elefante y la posibilidad de cuidarlos todo un día en centros de rehabilitación para ejemplares rescatados. Sucede que no a todos les agrada la idea de montarlos, porque representa un riesgo y una amenaza para el bienestar del animal.

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El conductor tucumano de televisión “Cacho” Avellaneda visitó la selva de Chiang Rai, una ciudad norteña de Tailandia, hace poco más de un año. Contó que se realizan distintos tipos de visitas guiadas con elefantes, y que algunas duran hasta ocho horas. Él se hospedó en un hotel que posee una reserva de animales, entre los que se destacan los elefantes, y que ofrece hacer un recorrido e interactuar con estos gigantes de Asia.

“Acariciarlos y ver el movimiento de sus pasos es una experiencia única. Tener la posibilidad de estar con ellos es una sensación muy fuerte”, contó Avellaneda y agregó que decidió no hacer un safari. “Es grande el daño que eso les provoca”, advirtió.

Valentina López Mariscal prefirió visitar un centro de rehabilitación de elefantes rescatados. La tucumana -que también hizo la experiencia el año pasado- cuenta que allí se ofrecen voluntariados de un mes para cuidarlos -bañarlos, darles de comer, o curarlos- y así aprender mucho sobre ellos.

Contó que a los elefantes, que son típicos del lugar, los usan para explotar el turismo: “hacen que la gente se monte en su lomo mientras les pinchan las orejas, que las tienen muy sensibles. Aparte, los hacen trabajar en circos y demás cosas”, señaló. Y los describió como “supernobles y tiernos”. “Se protegen entre ellos todo el tiempo, sobre todo los más pequeños, que nacieron ahí y ya no tienen miedo a los humanos”, contó.

Sobre ellos

El elefante es el animal terrestre más grande. Puede alcanzar una altura de hasta cuatro metros y pesar entre 2.000 y 6.000 kilos. Claro que hay excepciones: el más grande que se ha registrado alcanzó más de 10.000 kilos y una altura de casi cuatro metros.

Según el sitio web de National Geographic, la esperanza de vida de los elefantes ronda los 70 años. A los 12, las hembras alcanzan su edad reproductiva y pueden tener hijos cada cuatro años, aproximadamente. Por su parte, a esa edad los machos se independizan y dejan la manada. Los elefantes adultos deben consumir por día unos 135 kilos de alimento -raíces, hierbas, frutas y cortezas-; para conseguirlo son capaces de recorrer largas distancias, y llegan a pasar 16 horas alimentándose.

Además beben hasta 160 litros de agua a diario. También les encanta nadar y usar sus trompas como tubo de buceo, para seguir respirando mientras se sumergen.

La experiencia

Hoy se necesita alrededor de $ 2.000 para hacer la excursión con los elefantes, contó Carolina Gómez, que se encuentra de vacaciones con su hermana Eliana en Tailandia.

La aventura comienza a la mañana: “te buscan a las ocho y se arma un grupo de aproximadamente 10 personas de distintas partes del mundo”. Ellas vivieron la experiencia la semana pasada y les tocó compartir el viaje con australianos y con estadounidenses.

Una vez en el lugar (en este caso, el “Elephant Jungle Sanctuary Chiang Mai”) -agregó- les cuentan a los visitantes cómo se inició el santuario, donde en la actualidad cuidan 76 adultos y tres bebés, que tardarán tres años en ser “mayores de edad”.

Luego los visitantes se encuentran con los elefantes por primera vez, y pueden darles de comer. “Aman las bananas. Se entusiasman y se las comen enteras (¡la cáscara incluida!) sin problemas -contó-. En plena sesión de fotos uno de ellos me dio un beso y me succionó el cachete. Fue muy gracioso y espectacular a la vez”.

Cuando llega el momento del baño los elefantes y los turistas juegan en el barro; luego van a un río, donde se tiran al agua y se enjuagan entre todos. “Ellos se quedaban tirados en el suelo para que les tiráramos agua”, contó entusiasmada.

Luego viene la pausa para disfrutar de la sabrosa comida típica tailandesa (en algunos parques ofrecen sólo comida vegana). Después del break, se hace el paseo por la reserva, donde personas y los elefantes juegan entre los árboles. La gira, en algunos casos, incluye el traslado de vuelta al centro de la ciudad.

“Esta experiencia y la del buceo en la isla de Ko Tao fueron lo mejor del viaje hasta ahora. Estar frente a los elefantes es increíble, te trasmiten muchísima paz. Son tan dóciles que podés estar horas al lado de ellos”, sostuvo Gómez.

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Verano 2018
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