Figuritas repetidas

La frase y el protagonismo de Luis Barrionuevo da la sensación de que el tiempo se hubiera detenido. Los problemas para afrontar un aumento del precio del viaje en ómnibus vuelven cíclicamente. Las discusiones en Yerba Buena desnudan la falta de independencia de los ediles.

14 Ene 2018
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Ellos fueron electos por el voto popular. Sin embargo, se mueven como si tuvieran dueños.

Una de las imágenes de la semana ha sido el intendente de Yerba Buena Mariano Campero sentado alrededor de una mesa para dialogar con su correligionario Ariel García. Presidía esa reunión el peronista Osvaldo Jaldo. Los tres estaban rodeados por parientes (el hijo del legislador estaba en calidad de dirigente de la juventud radical) y otros políticos, entre ellos ediles.

Yerba Buena es el único lugar donde los políticos que son elegidos para hacer política eligen no hacerla. Los concejales de esa ciudad hasta se entrenaron para dialogar y lo único que hacen es no hablar. El mensaje que les transmiten a sus ciudadanos es que casi no hacen falta, porque la vida de los que los votaron sigue andando.

Aquella imagen de diálogo que buscaron transmitir estaba cargada de tantas intenciones particulares que no parece que vaya a servir de mucho, salvo que mantengan el compromiso de diálogo y que de ese ejercicio surjan concreciones. Al legislador García le preocupaba que se mantuvieran nombramientos que tenían los ediles que le responden a él. Si bien esto no dependía directamente de Campero sino del Concejo, necesitaba que el intendente tomara cartas en el asunto. Pero tampoco quería aparecer en la foto solo, García debe haber pensado que la presencia de Jaldo le daba la fuerza que solo no tenía. Al intendente Campero le preocupaba mostrar que era García el que necesitaba hablar. De hecho, midió los tiempos para que su llegada al encuentro en la Casa de Gobierno fuera un poco más tarde, mostrando que tenía cuestiones más urgentes. Es parte de su estrategia: hasta ahora ha buscado mostrar el desgobierno y la incapacidad de gestión del Concejo Deliberante y, de ese modo, diferenciarse con su gestión en el Departamento Ejecutivo. ¿Y, Jaldo? El vicegobernador parece que disfrutara de esto. ¿Hacía falta su presencia? Seguramente, no. Tanto Campero como García pueden reunirse sin necesidad de que aparezca Jaldo. Sin embargo, Jaldo se mostró como el que maneja todo y se debe divertir dejando la imagen del peronista que pone en orden lo que los radicales no logran hacerlo.

García y Campero se reunieron 15 horas antes del público, publicitado y fotografiado encuentro en la Casa de Gobierno. Es más se encontraron -imprevistamente- en el baño del hotel Catalinas y aún con la tensión del momento llegaron a soltar alguna chanza. Ahí no pudieron llegar a un acuerdo y el más perjudicado terminó siendo el legislador que pareciera que necesitaba la presencia del vicegobernador para estar más cómodo. Y, Jaldo se puso en papá.

Nada cambia

Al igual que hace 20 años Luis Barrionuevo volvió sacudir la política. El gastronómico no especula como aquellos para la foto ni con un resultado de la reunión. Lanza lo que piensa con la brutalidad y la violencia que pueden tener sus palabras. Como si no le importara, pero con la seguridad que son tiros certeros, en la frente de los destinatarios. Hace dos décadas dijo que la Argentina se ordenaba si dejaban de robar. Está claro que puede tener buenos diagnósticos y una labia filosa, pero también es indiscutible que nadie le lleva el apunte. Ni la Argentina es un país ordenado ni se ha dejado de robar. Por el contrario, la corrupción es un estigma que hasta se soslaya más de una vez. Tanto es así que lo hizo hablar de nuevo a Barrionuevo.

En estos últimos días quedó al descubierto un proceso de aprietes, extorsiones y coimas de varios dirigentes gremiales nacionales. En Tucumán, cuando se buscó reflexionar sobre el tema quedaron para un lado de la grieta los que simplemente dicen que esta es una movida del Presidente de la Nación y del otro lado los que aseguran que los dirigentes gremiales son el grave problema de la política.

En esas reflexiones se justifican las palabras de Barrionuevo. La Argentina -y Tucumán, por obvia inclusión geográfica- han hecho añicos sus instituciones. Se habilita una doble moral y un pragmatismo atroz. Es muy difícil encontrar que se considere que la Justicia actúa con independencia porque hay un concepto previo que asegura que los jueces pueden ser cualquier cosa, pero independientes, no. Tampoco es fácil detectar que el proceso de la coima y de la corrupción que enriquece a muchos es una acción de ida y vuelta donde para que un gremialista llene un bolso con dinero tiene que haber funcionarios y empresarios que participen de ese juego. Es tan simple que pareciera que pasa inadvertido. En Tucumán, eso quedó a la vista el año pasado cuando los empresarios de la Construcción negaban sin ruborizarse que no hay irregularidades en la actividad que regula el Instituto de la Vivienda.

Ante estos circunloquios pasa inadvertida la gravedad de las palabras de Barrionuevo. El sindicalista hizo una advertencia amenazadora que debiera estarse debatiendo en esa Justicia debilitada. La democracia y el respeto a las instituciones debiera ser un tesoro que se cuida a cada paso cualquier ciudadano y si tiene responsabilidades políticas con mayor razón. Nadie hizo nada al respecto. Fue una amenaza desestabilizadora que debiera tener algún castigo, aún cuando pueda encerrar verdades irrefutables.

La marcha

La otra imagen durísima ocurrió en Concepción. Allí salieron a la calle cientos de vecinos a pedir justicia. Se mostraron en la ciudad del sur con velas y pancartas para que se encuentren responsables de la muerte de la doctora Natalia Vargas que perdió su vida cuando intentó volar en parapente. En realidad, la reacción popular es porque está acostumbrada a que las cosas se olviden en nuestra provincia. Es una costumbre dejar que el tiempo se lleve para siempre lo que ha ocurrido. Ha sido la reacción de amigos, familiares y ciudadanos los que han contribuido a que la Justicia, aún con lentitud, reaccione y lo mismo ha ocurrido con las autoridades políticas que lo primero que habían elegido había sido el silencio. No se animaron a dar la cara y se escondieron. Ya es tarde. De todos modos, el deterioro institucional contribuye para que estos descuidos y desatenciones no impliquen nada. La actividad de parapentes no es la única que se desarrolla en la provincia sin reglamentaciones ni protecciones legales. Mientras no pasa nada, no sólo funcionarios y políticos miran para otro lado.

Algo idéntico ha ocurrido con el hotel que se ha subsidiado a La Bancaria en Tafí Del Valle y con los impuestazos a la actividad hotelera. Los empresarios del sector hotelero y turístico específicamente están más callados que el ex gobernador José Alperovich. Sin embargo, por lo bajo, están que trinan y despotrican contra el actual mandatario provincial. Sus intereses, los beneficios que reciben o que aspiran recibir hacen que sólo se quejen en voz baja. Un actitud parecida es la que ha hecho que demoren tanto en reaccionar sobre los aumentos impositivos que lanzó el gobierno a fines del año pasado. La Federación Económica de Tucumán, con cierta demora, ha puesto el grito en el cielo cuando las facturas empezaron a hacer salir de sus casillas a sus afiliados.

Infierno tan temido

Los empresarios del transporte de pasajeros no escapan de esta regla general. De los cerca de 1.300 unidades que circulan por todo el territorio provincial, unas 450 están destinadas a brindar servicios en la Capital. El resto se distribuye llevando y trayendo pasajeros a lo largo de los 22.000 km2 del territorio tucumano. No obstante, los empresarios han elegido la capital como campo de batalla y hasta ahora no le reclaman a la provincia el aumento del precio del viaje que está a tiro de una resolución y no depende de la larga discusión con el Concejo Deliberante. De este argumento se prenden y ofuscan los funcionarios municipales. Es que no cayeron bien las palabras del titular de los empresarios, Daniel Orell, quien minimizó su preocupación por las multas que pudieran aplicarle en la Capital por los paros. Mientras dice que no le importa, nos llegan notas pidiendo subsidios, refutan en la Municipalidad. La relación del intendente Germán Alfaro y los empresarios no pasa por el mejor momento después de la última reunión en la que el titular del Departamento Ejecutivo quedó trinando por un desplante del titular de AETAT.

Manzur, de vacaciones, el intendente Alfaro, también. Ante esa realidad es difícil que se avance con el tema. Nadie se quiere hacer cargo. Al aumento del boleto, los políticos le tienen más miedo que al diablo.

Más de la mitad

Han pasado dos años. Cada uno de los conductores políticos que asoman ya han pasado la mitad de sus mandatos. No parece que la Argentina ni la provincia haya dado pasos fundamentales de transformación. Los temas son muy parecidos como si el tiempo no hubiera podido licuarlos. O tal vez será que la impaciencia hace que dos décadas no sean suficientes para que las cosas se vean distintas. En Yerba Buena ha quedado demostrada la crisis del liderazgo. A los ediles se les hace muy difícil moverse por sí solos, necesitan del padrino y del papá para poder resolver sus problemas. La vigencia de la voz de Barrionuevo y de la capacidad de influir en la vida pública es otra llaga que confirma que las heridas no han cicatrizado. La discusión y la falta de madurez para afrontar un aumento del valor del boleto también desnuda la incapacidad de los referentes políticos para asumir sus responsabilidades.

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