“El paisaje de Tafí es un lujo que no podemos darnos en la ciudad”

Los campings y hostels están abarrotados en los Valles Calchaquíes. Los grupos de amigos siguen la ruta clásica, lo más al norte posible

13 Ene 2018
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“LA BAMBA DE MARLEY”. Son de Vicente López (Buenos Aires) y se conocen desde que iban a la secundaria. la gaceta / fotos de Ines Quinteros Orio

“Che, voy remareado. ¿Alguien más está así?”, pregunta un pasajero mientras el ómnibus sube a Tafí del Valle. Al segundo, cuatro voces le contestan “yo”. “Mirá para adelante y relajate, wacho”, le aconseja otro de los viajeros. Es pleno mediodía, hace frío y algunas nubes se filtran entre el paisaje montañoso que ofrece la ruta 307. “Chabón, no se ve nada. ¿Sabés lo que sería filmar este paisaje con un drone? Tendríamos miles de reproducciones en las redes sociales”, comenta -minutos después- otro de los aventureros a bordo. “Acá arriba por la altura de la montaña siempre está nublado, ¿no?”, pregunta alguien luego.

Los apuntes pertenecen a un grupo de nueve amigos de Vicente López (Buenos Aires) que por primera vez llegan de visita a los Valles Calchaquíes. Durante el trayecto para ellos todo es sorpresa, emoción y ansiedad por el arribo: algunos filman momentos de la travesía, otros se levantan del asiento para sacarle fotos al cerro -mientras escuchan música con auriculares- y la mayoría entrecruza comentarios burlones. El resto los escucha en silencio.

Luego de casi dos horas, las puertas del colectivo se abren y todos comienzan a bajar. El frío de Tafí, que ya desubicó con la vestimenta a más de uno que andaba de remera manga corta, es implacable.

Minutos después, los nueve amigos -que se conocen desde el colegio y tienen entre 19 y 20 años- se reúnen a un costado de la plataforma de la terminal para abrigarse. En las mochilas y bolsos que cargan traen carpas, ropa, aislantes para el frío y una hornalla portátil, mientras que en una caja de cartón llevan fideos, arroz y polenta.

En diálogo con LA GACETA, cuentan que es el segundo viaje que hacen juntos después de haber egresado, hace dos años, y que planean recorrer distintas localidades del norte este verano, hasta llegar a Perú.

El grupo tiene un nombre: la “Bamba de Marley”. “Marley es un personaje que conocimos en plaza Armenia (Buenos Aires). Él vive en la calle y tiene un sentido del humor particular. Que lo hayamos conocido en 2014 nos unió bastante”, explica Santiago Saffdie (19), que del viaje espera conocer y aprender de otras realidades sociales y poner a prueba sus técnicas de seducción.

Durante los primeros minutos en Tafí del Valle, los jóvenes no paraban de mirar, impactados, el paisaje calchaquí, que lucía ventoso y oscuro por la cantidad de nubes cargadas de agua que tapaban al sol.

Luego de acomodar el equipaje se sacaron una foto con los cerros de fondo. La imagen no quedó solamente para el recuerdo, sino también para subirla a una cuenta de Instagram (@labambademarley) que los amigos manejan en conjunto.

“Publicamos videos que intentan hacer reír a la gente a partir de códigos nuestros. Empezamos a subirlos hace dos años, pero la cuenta no estaba tan activa como ahora. Tenemos 600 seguidores que se ríen y nos dan muy buenas opiniones”, revela Santiago.

La travesía por el norte de la “Bamba de Marley” comenzó con un viaje de 36 horas en tren desde Retiro (Buenos Aires) a Tucumán. Desde allí tomaron el colectivo que los dejó en Tafí. Luego la idea es subir, poco a poco, y llegar lo más lejos posible.


Un viaje sin prisa

Daniel Cusly (21), Patricio Pampín (19), Nazarena López (18) y Keila Álvarez (18) están caminando sin apuro, en silencio y con sonrisas de oreja a oreja por una de las callecitas aledañas a la zona céntrica de Tafí.

En diálogo con LA GACETA, los cuatro amigos cuentan que no recuerdan exactamente hace cuánto vienen viajando a dedo desde San Martín (Provincia de Buenos Aires), donde residen. De hecho, tampoco han pensado una fecha de regreso.

“Llegamos a Tafí y seguro mañana nos vamos a otro lado. Tenemos pensado pasar por las ruinas de los Quilmes, subir a Cafayate (Salta) y luego pasar por Tilcara”, explica Daniel, que es el novio de Keila, mientras se acomoda la gorra.

No sólo cargan mochilas y bolsos con carpas para dormir; también llevan una guitarra, aros, clavas y sahumerios. Es que planean costear el viaje haciendo shows de malabares a la gorra, vendiendo los productos aromáticos, trabajando en hostels o “en lo que salga”.

Los cuatro están desabrigados, a merced del frío y del fuerte viento que sopla durante la siesta de Tafí: Patricio, Nazarena y Keila visten musculosas, mientras que Daniel va de remera. De la cintura para abajo todos usan short, medias y zapatillas.

A pesar de la poca ropa, pareciera ser que el asombro por los paisajes los hace inmunes al frío. “Esto es un lujo que no podemos darnos en la ciudad. Estar rodeados de montañas te hace replantearte constantemente lo maravilloso que es este lugar”, confiesa Nazarena.

“Tafí me tiene anonadado. Es una locura. He estado cerca de las Sierras de la Ventana, en Buenos Aires, pero no es lo mismo que esto”, compara Patricio, y luego confiesa que sus padres están un poco preocupados por su viaje “a manos de la providencia”.

Numerosos grupos de amigos de distintas partes del país continúan viajando a los Valles Calchaquíes durante el verano. La mayoría duerme en campings o hostels, realiza circuitos turísticos durante dos o tres días y luego sigue rumbo hacia localidades de otras provincias del norte del país. El circuito es un clásico, mochila al hombro.

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Tafí del Valle
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