Las veredas son un campo minado y el tobillo de María Sosa lo sufrió en carne propia

El municipio hizo una campaña en 2017 para advertir a los frentistas. No hubo muchas mejoras.

13 Ene 2018

En una parada de colectivos de la calle Córdoba, María Sosa esperaba el transporte que la llevaría a su casa, después del mediodía. Tenía una pierna estirada, con el tobillo visiblemente inflamado. “Escriban”, le pidió al equipo de LA GACETA. “Estoy indignada. Con esto de las veredas destrozadas, me caí anteayer y me esguincé el tobillo... Que me saquen una foto”, enfatizó María mientras se señalaba le pie y agregaba que a su hija le había pasado lo mismo. Luego contó que se cayó por la Junín, en uno de los tantos pozos que hay en la vereda, y que debió levantarse y seguir. “Esto es un desastre”, lanzó enojada.

Salir de casa o bajarse del colectivo para caminar por la capital tucumana puede ser una odisea si no se mira bien por dónde se pisa. Es que hay riesgo de sufrir un accidente, como le pasó a Sosa, ya que son innumerables las veredas rotas. Las denuncias de los vecinos se realizan constantemente; de hecho, durante 2017 el municipio realizó campañas de relevamiento y notificación a los frentistas con veredas rotas. Según José Micheli, presidente provisorio del Tribunal de Faltas por la licencia del titular del cargo, Marcos Alzabé, fue un trabajo satisfactorio. “Hay respuestas por parte de los vecinos. Eso es bueno, porque de nada sirve que se labren actas si no se producen las reparaciones”, agregó. Pero a pesar de ello, las veredas en mal estado siguen siendo un inconveniente para muchos ciudadanos, más para aquellos que sufren alguna discapacidad.


En el Tribunal de Faltas indicaron que su función no es verificar ni inspeccionar las veredas rotas. “El municipio actúa de oficio, se realiza la denuncia y es la Dirección de Catastro municipal quien se encarga de verificarlas. Luego los infractores llegan aquí para realizar los descargos correspondientes ante el juez de falta y determinar los plazos de cumplimiento de la reparación”, detalló Micheli.

Cuando se dice que el “municipio actúa de oficio” significa que inicia el trámite correspondiente, ya sea por vía administrativa o judicial, sin necesidad de ser una parte interesada en la reparación de la vereda. Esto está detallado en las ordenanzas 3.964 y 3.974, sancionadas en 2008. En otras palabras, la Municipalidad puede notificar al frentista por la acera en mal estado, pero no puede obligarlo a repararla. Para eso hay un trámite judicial de por medio, que incluye varios pasos (ver “Cómo y dónde denunciar...”).

Tres ejemplos

En San Martín 730 (donde se encuentra el antiguo edificio de la Caja Popular de Ahorros) se contabilizan cinco sectores donde hay roturas; en uno faltan 30 baldosas, lo que significa la mitad de la vereda. Se trata de una obra en construcción y quienes circulan por allí se preguntan a quién le corresponde preservar la seguridad de quienes transitan a pie o en sillas de ruedas. Ellos mismos se responden que al parecer no hay responsables en este tema.

En Buenos Aires al 100 el panorama es más complicado aún: en ambas aceras los mosaicos están rotos, sueltos, mal remendados y hasta levantados. “Es un peligro y da mal aspecto a la ciudad tener las veredas en estas condiciones. No hay lugar donde las aceras no estén dañadas. Las remiendan así nomás, después viene la SAT y las rompe. Aquí las cosas se arreglan para que duren muy poco. Además, la gente que utiliza bastón o los discapacitados, ¿cómo hacen?”, se preguntó Cecilia Palacios. Ella transita por la ciudad a menudo y reconoce que el problema es de larga data.


En Junín y San Martín, en pleno centro, en zona de bancos y bares, despabilarse con un tropezón es cosa de todos los días. Allí estaba Eugenia Botelli, mientras esperaba con el semáforo en rojo para continuar con las maniobras para transitar con el coche de su bebé. “Las veredas de Tucumán están rotas y son muy angostitas. Otra cosa son las rampas. Sí hay en la ciudad. Pero ahora estamos aquí -señala Botelli la esquina- y no tengo por dónde descender. Son necesarias”.

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San Miguel de Tucumán
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