Verano de 2018

21 Dic 2017 Por Marcelo Aguaysol

“José se larga en enero”. La frase salió de un estrecho colaborador del senador nacional José Alperovich. Y tiene múltiples lecturas, aunque todas conducen al mismo destino: la vuelta a la Casa de Gobierno. Muchos dirigentes dirán que, para 2019 falta bastante y que mucha agua puede pasar por debajo del puente. Pero para alguien que extraña el poder no lo es. Más bien se trata de una carrera contrarreloj.

“No creo que lo haga, ni siquiera que se anime”, responden desde las filas justicialistas. Claro que se trata de un pensamiento lógico frente a la reestructuración que ha tenido el Frente para la Victoria desde que Alperovich dejó la gobernación. Pero los alperovichistas creen que el campo de acción política está fértil desde entonces porque el trabajo territorial de su conductor siempre se mantuvo. “No tiene el aparato suficiente para enfrentar una interna; necesita plata para hacer campaña”, comenta otro dirigente de peso en el oficialismo. También en esta reflexión hay un axioma que se ha repetido durante varias décadas: nadie puede ganar una elección sin el aparato.

El ex gobernador hizo ya una demostración de fuerza en las pasadas elecciones. Fue uno de los que pergeñó la candidatura de Osvaldo Jaldo como primer candidato a diputado por el Frente Justicialista por Tucumán cuando Cambiemos por el Bicentenario creía que era posible vencer a una nómina encabezada por Pablo Yedlin. Por eso, durante las PASO, el senador fue uno de los más eufóricos en las celebraciones oficiales. Pero su talante no fue el mismo el día de las elecciones de diputados. Aquella noche de domingo de octubre, los ojos de la dirigencia se posaron en Alperovich, que terminó retirándose sin grandes gestos de festejo. Al día siguiente, los afiches Manzur-Jaldo 2019 aparecieron en lugares estratégicos, mientras algunos referentes peronistas sindicaban al senador como el responsable de un 3 a 1 que no fue en el reparto de las bancas. El ex mandatario, no obstante, siguió su ruta. El plan ya lo había trazado con anticipación. En la intimidad, cuando se le reprocha la falta de apego al Frente para la Victoria, Alperovich suele decir que, para hacer política, no necesita el aparato oficial, sino que tiene aceitada una estructura propia, que le responde cada vez que le pide acción territorial, en cada intendencia, en cada comuna rural, en cada circuito capitalino. Por eso, tampoco le inquieta que se diga que en marzo pretenden cambiar la conducción del distrito local del PJ, el que hoy conduce su esposa Beatriz Rojkés. Fernando Juri es el nombre elegido para tal puesto. Apareció a la luz pública nuevamente de la mano de Jaldo, en el proceso de “limpieza” legislativa -de figuras identificadas con gestiones anteriores- que el tranqueño hizo en la conducción del cuerpo. Alperovich apela a la estrategia de Cristina Fernández de Kirchner, que obtuvo en Buenos Aires un 38% de los sufragios que la convirtieron en senadora con una estructura alejada de su entorno y con candidatos que, en muchos casos, no gozan de popularidad.

¿Y Manzur? Calla. Su silencio alimenta la ansiedad de su compañero de fórmula, Jaldo, que -desde el día después de las elecciones parlamentarias- viene pidiéndole -a su manera- definiciones. Al mandatario no le cayó en gracia el anticipo del cabezazo que su antecesor pegó cuando tuvo que marcar aquel gol azucarado de una jugada preparada con antelación pero que cristalizó el senador a través de Twitter.

El actual gobernador, sin embargo, sigue siendo tiempista. Tiró de la cuerda en su relación preelectoral con la Casa Rosada y ahora coquetea con el poder de Mauricio Macri. Incluso hablan periódicamente por teléfono con el Presidente. A Manzur le quedan dos años de gestión y lo que menos quiere es enfrentarse a la Nación. La prueba de amor se la dio con los votos para las reformas previsional y tributaria y esa foto con sus pares en el despacho del presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó. Aún no se sabe bien a qué costo político. 2018 será un año de transición, pero también de ajuste fiscal. Para prueba, sólo habrá que mirar las boletas impositivas y el sobrecosto que implicará haber aumentado al máximo las alícuotas de Ingresos Brutos. En definitiva, el empresario o el comerciante puede transferir a precios esa mayor carga tributaria pero, ¿qué puede hacer un asalariado o consumidor? Absolutamente nada. Es el último eslabón de una cadena, que termina llevando el mayor peso de los impuestos propios y ajenos.

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