Para Marta Dillon “al hablar de machismo, los varones están a la defensiva”

La escritora advierte que persiste un modo de organización social que es opresivo para las mujeres.

19 Dic 2017
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EN LA FACULTAD. La escritora y periodista brindó una charla pública ante estudiantes, abogados y militantes. LA GACETA / FOTO DE FRANCO VERA.-

“Una noche estábamos tres amigas fumando en la puerta de un bar, al aire libre; de pronto pasó un amigo, actor famoso, Lito Cruz, y dijo:

-¿Qué tal, solitas?

-No. Vos estás solo; nosotras somos tres”.

Esta anécdota, que generó risas en el público, la contó Marta Dillon durante la charla que brindó en el anfiteatro de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT, donde habló sobre periodismo y género. En la sala había estudiantes, docentes, militantes y abogados, que habían llegado a escuchar a unas de las fundadoras y principal referente del movimiento Ni Una Menos. La escritora y periodista es una activa luchadora contra la violencia de género y la trata de personas.

- ¿Qué debe pasar para que cambie esa costumbre de pensar y decir que a las mujeres les pasan cosas porque viajan solas, se mueven de noche solas, hacen cosas solas?

- Primero tiene que haber una voluntad de toda la sociedad, porque las mujeres empujamos mucho, pero los varones lo miran pasar y muy pocas veces se sienten interpelados en sus propias acciones. En general, cuando señalás acciones de machismo todos los varones dicen: ‘yo no soy’, se ponen a la defensiva, porque las personas tienden a pensar bien de sí mismas y tal vez no esté mal eso, pero hay que identificar que hay un modo de organización social que es opresivo para las mujeres y del que participan los varones necesariamente. Es decir, cuando se deja en manos de las mujeres las tareas de cuidado, las tareas reproductivas, la organización del hogar, no sólo comprar las milanesas sino pensar que hay que comprar las milanesas, el pan rallado... esto es un tipo de hemorragia mental; así lo llamo yo. Las mujeres tienen que pensar qué se va a comer a la noche, tienen que pensar sobre los chicos en la escuela, la economía del hogar... y los varones eso no lo tienen incorporado; entonces se necesita un cambio fundamental en los varones también para empezar a ver que las mujeres no son cuerpos destinados para su goce, que las mujeres también tenemos una sexualidad activa, que tenemos derecho a decidir sobre nuestros cuerpos y que en una transformación social habrá ganancias para todos y todas.

- ¿Hacia dónde debe apuntar el colectivo Ni Una Menos, a partir de lo que se logró y de lo que falta todavía conseguir?

- Ni Una Menos tiene que apuntar a seguir movilizando. Me parece que las movilizaciones callejeras son fundamentales para que no baje este tema en la agenda y para complejizar estos relatos sobre la violencia machista. Cuando digo la violencia machista no me refiero sólo a los golpes, ni siquiera la descripción de la violencia psicológica o económica, sino que hay una organización social que es necesario desarticular. Una organización que es opresiva para las mujeres y para todas las identidades que se corren de esa punta de la pirámide para la que otorga privilegios el patriarcado, que son los varones blancos heterosexuales. A medida que te vas corriendo de esa categoría vas perdiendo posibilidades de acceso tanto a bienes culturales, como económicos, sociales y al trabajo mismo; o sea, no vale lo mismo la vida de un mapuche que la vida de un chico de clase media, lamentablemente, y eso es una organización que tiene que ver con esta discriminación que plantea el patriarcado respecto de que algunos cuerpos valen más que otros.

Producción literaria

Durante la visita a Tucumán, Dillon presentó su más reciente libro, titulado “Aparecida”. Se trata de una obra de no ficción, a propósito de la identificación de los restos de su madre, Marta Taboada, que fue secuestrada y desaparecida en 1976 durante la dictadura militar.

- ¿Es un relato intimista?

- Es un relato que se viene escribiendo desde hace mucho tiempo, va más allá de la recuperación de los restos, también es una reflexión sobre la maternidad, sobre cómo se construye y dónde se inscribe el amor, cómo se aprende el amor. Y es un relato sobre el cuerpo, porque no hay nada, ninguno de estos sentimientos, sin la dimensión del cuerpo; entonces la recuperación de esos poquitos huesos trae de nuevo esa experiencia que se vive con la madre, del cuerpo a cuerpo.

- Como autora partícipe de esa historia, ¿en el proceso de escritura pasaron distintas emociones?

-Sí, me llevó un tiempo. La escritura tuvo un tiempo determinado, pero la elaboración es de toda la vida; entonces por supuesto que te lleva a lugares de mucho dolor, de mucho despojo, también a revisar el modo en que han cambiado los discursos en torno a los desaparecidos y las desaparecidas; porque ahora tiene un valor, pero cuando yo iba a la escuela era algo que no se podía nombrar, era algo que estaba viciado de sospecha. Hay muchas cosas que han ido cambiando. Es una reflexión sobre el hecho de buscar; de qué hablan las abuelas cuando dicen te estamos buscando, porque es una búsqueda... Imaginate 40 años, hay algunas acciones que se hacen para buscar y muchos años de espera y mucho de la construcción de las posibilidades de que una sociedad abra sus ojos y oídos para entender lo que fue el terrorismo de Estado y para entender la necesidad de justicia. Ese me parece que ha sido el trabajo más importante de los organismos de derechos humanos: crear las condiciones de posibilidad para que hoy existan juicios de lesa humanidad, con las dificultades que tienen, y para que sigan apareciendo nietas y nietos que habían estado desaparecidos.

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