Huérfanos de autoridad

18 Dic 2017

Una orfandad de poder. El primer gran desafío que debió afrontar Juan Manzur como jefe político del oficialismo tucumano terminó en un fiasco. La discusión por la reforma previsional (un eufemismo para disfrazar un ajuste brutal) expuso las debilidades y las limitaciones del gobernador no sólo tierra adentro, sino también fuera de los límites de la provincia.

El ex ministro de Salud careció de un elemento esencial en cualquier líder: la autoridad. No tuvo autoridad para negociar ante la Casa Rosada a la hora de firmar el Pacto Fiscal. No tuvo autoridad al momento de ordenar cómo votarían los diputados peronistas por Tucumán. Y tampoco tuvo autoridad para plantarse el viernes, cuando desde Presidencia comenzaron a repartir culpas por el fracaso del primer intento por modificar el cálculo del haber jubilatorio y uno de los principales apuntados fue él. Manzur, lejos de mantenerse erguido, gritó a los cuatro vientos que si Mauricio Macri lo necesitaba, él estaría en Buenos Aires hoy para defender la reforma previsional.

Manzur quedó entrampado en sus propias limitaciones. Apenas firmó el acuerdo con la Nación y se garantizó los recursos para pagar sueldos y mover el Estado, se subió a un avión para recorrer Estados Unidos durante dos semanas. Difícil dilucidar si el gobernador optó por escapar de un momento complicado para la provincia y el país o si realmente subestimó la tarea que le tocaba encarar. Lo concreto es que no estuvo cuando debió ejercer, de manera literal, el poder de su cargo. En su ausencia, el Senado dio media sanción al ajuste contra los sectores más vulnerables de la sociedad. José Alperovich, aunque suene extraño, no iba a ser un problema a la hora de pedirle que levantara la mano. Como vulgarmente se dice, el ex gobernador ya está curtido y acostumbrado a las críticas. Lo difícil en estos casos es abrochar la adhesión de dirigentes que aún conservan ciertos pruritos. Por eso sorprende la lejanía que mostró el mandatario. El vicegobernador Osvaldo Jaldo debió llamar en más de una ocasión a Beatriz Mirkin para recordarle que Tucumán había asumido un compromiso político con la Nación, y que debía respetarlo. En silencio y mascullando bronca, la ex ministra de Desarrollo Social levantó la mano en contra de su voluntad.

La falta de autoridad se desnudó mucho más cuando el debate pasó a Diputados. El gobernador reunió el lunes 4 por la noche en su domicilio a tres parlamentarios. Con excepción del kirchnerista Marcelo Santillán (irrecuperable) y de Pablo Yedlin (había viajado a Buenos Aires para completar los trámites previos a su jura), pidió a Gladys Medina, a José Orellana y a Alicia Soraire que voten por la reforma previsional. También los instó a formar parte del interbloque Argentina Federal, con el que los terratenientes del interior pretenden sentarse a negociar ante la Nación. Ahí se observó el primer indicio de que algo no funcionaba como él quería. Soraire demoró demasiado en darle el sí y la coyuntura política prácticamente la empujó de nuevo hacia el kirchnerismo. Desde el vamos, en lugar de cuatro diputados, Manzur aportó tres a la bancada justicialista. Una floja carta de presentación, incluso, ante sus pares.

La anemia política del tucumano tuvo su pico un par de semanas después, cuando en los pasillos de la Cámara Baja perdió el voto del famaillense Orellana. Manzur ya había comprometido ante los operadores macristas tres diputados y la Rosada hasta le adelantó la paga por el acuerdo sellado: desechó gravar a las bebidas con azúcar. El “Mellizo” llegó a firmar el dictamen de mayoría en favor de la reforma previsional, pero en cuestión de horas la falta de conducción volvió a jugarle una mala pasada. Olfateando el costo a pagar, Orellana pegó el volantazo y dejó a Manzur nuevamente mal parado. Un dato más: en Casa de Gobierno ni siquiera supieron que el famaillense había faltado al quórum hasta que los llamaron para reclamar desde Olivos. Cómo separar esa secuencia de desaciertos con el faltazo del gobernador a la reunión en Diputados de la tarde del viernes, en la que se anunció el pago de una compensación a los jubilados. Manzur suele subirse al avión sin rezongos, y ese día –en el que todas las miradas lo apuntaban- optó por recluirse en San Juan. En su lugar estuvo Yedlin, que aún no conoce la ubicación de los despachos en el Congreso.

¿Manzur eludió poner la cara o se trató de una estrategia para salir de la encerrona? Quizá la respuesta esté en la exagerada defensa verbal que ensayó tardíamente de las políticas nacionales, casi como quien debe gritar para ser escuchado. En los hechos, el debate por la sanción de un nuevo cálculo jubilatorio le está generando un alto costo político al mandatario. Dentro del oficialismo provincial, porque desnudó que gobierna pero no conduce. Y en su relación con el peronismo nacional y con el macrismo, porque evidenció que es de lo que menos puede aportarle al bloque opositor más dialoguista. Prometió cuatro diputados, presentó oficialmente tres y finalmente garantizará apenas dos. De hecho, Orellana ni siquiera viajó a Buenos Aires para participar de la sesión de hoy.

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