Manzur, al lado de Macri

17 Dic 2017 Por Juan Manuel Asis
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Vivimos revolcaos en un merengue

Y en el mismo lodo todos manoseaos....

Lo escribía Enrique Santos Discépolo en Cambalache allá por 1934 para explicar su siglo XX, pero pareciera que con su genialidad poética hubiera estado describiendo escenas a futuro como, por ejemplo, las recientes del Congreso nacional, escandalosas y vergonzosas por donde se las mire. El “merengue” lo hicieron los diputados y los jubilados fueron los “manoseaos”.

La represión en las adyacencias del Congreso y las faltas de respeto y de diálogo -dentro y fuera del edificio- descalifican las acciones de la dirigencia política, que mañana tendrá la posibilidad de redimirse ante toda la sociedad y de mostrar una mejor cara. O de empeorarlo todo; justo en el mes del año en el que la política escribió malos capítulos en el país. ¿A quién no se le cruzaron por un instante las imágenes de 2001 por la violencia de los gendarmes y de los manifestantes?

Es que algunos no hicieron bien los cálculos y creyeron que la reforma previsional salía como por un tubo tras el acuerdo del Gobierno nacional con 23 de los 24 gobernadores. Cambiemos perdió en dos terrenos; en el que se desenvuelve mejor como lo es el de la comunicación y en el de la preparación de la sesión parlamentaria. En el primero, la difusión por todos los medios de que le estaban metiendo la mano en el bolsillo a la clase pasiva, y mintiéndole sobre todo, fue un repulsivo social que generó una opinión adversa -propició el fracaso posterior-; en el segundo, por más que contase supuestamente con el quórum ajustado y los votos necesarios, la oposición “K” le terminó manejando la Cámara Baja. Y lo festejó. Habrá que ver qué preparan para mañana. La atención pública estará puesta en el Congreso.

Todo se desmadró, no inexplicablemente, porque los errores se acumularon y la sumatoria estalló -literalmente- donde deliberan los que representan al pueblo. Los tucumanos marcaron sus propios caminos, guiados por los jefes de ocasión o bien actuando con cierta independencia.

A jurar de nuevo

Manzur no escapó de las esquirlas del embrollo y hasta se puso en duda el alcance del compromiso que hizo frente al Gobierno nacional de acompañar las reformas promovidas por el macrismo. La situación lo obligó por estas horas a salir otra vez a la cancha a jurar que está del lado del poder central, aunque desde el macrismo le hayan sacado una amarilla de advertencia. Lo observan con cierta desconfianza. Retrocedió unos pasos, pero mañana tiene chances de levantar el aplazo. Y desea hacerlo, no quiere quedar mal parado, especialmente para 2018, un año que pinta bastante duro desde lo económico. Toda mínima ayuda que pueda recibir el año que viene desde la Nación será bien recibida; para eso, tiene que hacer buena letra.

A su estilo, el ex ministro de Salud de la Nación desde el jueves viene repitiendo que va a acompañar a Macri. Es que prometió más diputados propios y ajenos sentados en el recinto para levantar las manos por la modificación del sistema de pago a los jubilados y algunos de los “prometidos” no ocuparon sus bancas. O las ocuparon intermitentemente, como el “mellizo” Orellana, a quien ningún funcionario del oficialismo se atreve a marcarle el camino; ya que conocen lo díscolo y personalista que es el famaillense a la hora de hacer cálculos políticos.

El mandatario habría prometido tres, y logró sentar a dos. Y si se dijo que hubo unos “ajustados” 130 diputados para empezar la sesión; no es lo mismo hablar de tres y poner sólo dos. Uno solo marca la diferencia en democracia, un único voto habilita victorias y promueve derrotas.

Manzur trata de aventar cualquier mínima duda sobre que está jugando con Cambiemos en este trance. Lo va a demostrar este lunes. El gobernador estará mañana en Buenos Aires y en la Casa Rosada si se lo pide Macri para dar señales claras sobre de qué lado está jugando. “Si me lo pide, estoy el lunes con él”, confió. Está jugado; observan en el propio oficialismo tucumano al justificar las posturas del gobernador respecto de acompañar al Gobierno nacional.

No le va a quitar el cuerpo a la responsabilidad y, además, llevará -para demostrar que la juega de socio en esta partida- la aprobación de la Legislatura provincial al pacto fiscal suscripto con la Nación. Cumplió con la adhesión de Tucumán. Compromisos son compromisos. Lleva la prueba de fidelidad bajo el brazo. Por ahora un botón.

Sin embargo, el titular del PE, en la deliberación parlamentaria de mañana sólo puede garantizar por ahora la presencia de Pablo Yedlin y de Gladys Medina. Dos votos. Los de Alicia Soraire, que renovó su fe kirchnerista tras el pedido judicial de desafuero a Cristina Fernández, y el José Orellana están lejos de su órbita de influencia.

Sin embargo, pondrá la cara para asumir los costos por lo que llegue a suceder; porque un nuevo fracaso parlamentario le puede costar caro a las provincias. Por lo menos es lo que se desprende de las advertencias de los funcionarios macristas, de los de la primera y los de la última línea. A mirar entonces el acuerdo por la no suba de impuestos a las bebidas azucaradas, por cuya primicia se disputaron el anuncio el senador Alperovich y el propio Manzur. No es un detalle menor en medio de todo este conflicto por las reformas.

En este marco fueron para prestarle atención las chicanas políticas que se cruzaron de un lado y del otro a la hora de echarse las culpas por el fracaso de la sesión del jueves. Los diputados de Cambiemos salieron a cuestionar a los mandatarios peronistas planteándoles si no mandaban sobre los diputados de sus provincias, ya que muchos parlamentarios dudaron y no se animaron a jugarse por la reforma previsional. Para algunos, el levantamiento de la sesión les sacó un peso de encima.

La respuesta de los peronistas fue igualmente ingeniosa en términos políticos: digan quién manda en el Congreso para ver con quién negociamos; si Macri o Carrió. Hasta ahí, la grieta se mantiene viva. La desconfianza sigue imponiéndose en las visiones y en las palabras. La única forma de superarla es a través del diálogo, tal como lo exigió la Iglesia a la dirigencia política. Menos trompadas y agresiones, y más debate.

En cuanto a los “errores” cometidos para que todo se desmadrara hay que contar varios, y en distintos aspectos, los que se hicieron visibles tras la tumultuosa sesión de los congresistas. En Cambiemos, por ejemplo -como lo advierte un observador legislativo provincial- contaron los “porotos” antes de tiempo. Y como les cerraban los números fueron confiados -y con la guardia demasiado baja- al Congreso; sin advertir que los porotos tienen vida propia, más allá de los germinadores naturales. Los hay porotitos soldados de una causa, obedientes a los mandatos; están los pícaros independientes y los temerosos por lo que han de aprobar o de rechazar. Esos a los que la reforma previsional les hace temblar las piernas, porque tocan el bolsillo de los sectores que menos tienen.

La afectación de recursos para la clase pasiva afloja los espíritus y obliga a repensar sobre los costos políticos y personales por no cuidar a los más vulnerables. Tamaña aprobación obliga a que todos desconfíen de todos y que los socios en la iniciativa y en el acompañamiento exijan presencias a la hora de poner la firma y de salir juntos en la misma foto. Sociedades o complicidades. El bono de compensación prometido puede ayudar a superar el trance, pero puso en evidencia que estaban por afectar a los pasivos. Significa un reconocimiento, pero sin admitir culpas en forma pública. De alguna forma, la crisis del 14 frenó esa posibilidad. Lo evitó la calle; al decir de una dirigente de izquierda. Los excesos de Gendarmería y la movilización del kirchnerismo también colaboraron.

Ingenuidades

La sesión del jueves en la Cámara de Diputados desnudó que siempre habrá astutos e ingenuos. Satisfechos porque la suma de porotos les cerraba a sus intereses a partir de los acuerdos con los gobernadores, el oficialismo descuidó la seguridad de su propia casa. La oposición se la invadió y provocó un tumulto que, asociado a la represión de la calle -otra vez, ¿a quién no se le cruzaron fotos de 2001?- derivó en la suspensión de la asamblea.

Se deslizó por ahí que algunos extraños se quedaron a dormir la noche anterior en los despachos de los diputados para apuntalar al clima enrarecido que se vivió finalmente. ¿Ningún macrista observó estos detalles? En suma, Cambiemos se excedió con los gendarmes fuera del Congreso y descuidó la seguridad de los porotos que le garantizaban el quórum puertas adentro. No se protegió a los diputados en el recinto; acotó un legislador tucumano comentando la situación.

También desnudó que el Gobierno nacional no mide los efectos políticos y económicos de sus medidas, creyendo que con sacarles un sí a la corporación de los gobernadores ya es suficiente para avanzar con lo que se propone. Decir después de fracasar en el intento de aprobar la reforma previsional -o de la nueva forma de ajustar los haberes jubilatorios- que van a dar un bono de compensación, es admitir que se equivocaron. Y feo. Y los fracasos tienen apellidos: Macri, Frigerio, Peña y Monzó.

Suerte para ellos que tienen una rueda de auxilio, aunque a veces funciona como un yunque de contrapeso: Carrió. La intervención política de Lilita, al margen, lleva a pensar que ella es la que maneja la Cámara Baja, porque mientras Monzó decía que había quórum para sesionar, la líder de la Coalición Cívica le pedía -cual orden- que la levantara. Pero también revela que le marca la cancha al mismísimo Poder Ejecutivo Nacional. En ese marco hacía más, demostraba que un twitter suyo tiene más fuerza política que un Decreto de Necesidad y Urgencia del propio Presidente. Demostración de poder si las hay. La política por encima de la institucionalidad.

Así funciona el país. Lo del jueves fue una muestra, y demuestra que lo que está por venir va a ser muy complicado porque los intereses, políticos, sociales y económicos en juego son múltiples.

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