Murió en Barcelona el destacado violinista tucumano Néstor Eidler

Pedagogo, director, investigador, el músico había obtenido varios premios internacionales.

17 Dic 2017
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MÚSICO INTEGRAL. Eidler investigó los secretos de la ejecución musical. LA GACETA / FOTO DE FRANCO VERA.-

“A diferencia de otros intérpretes que en la vejez declinan, en David Oistraj fue al revés, cada vez tocaba mejor. Basta una nota para sentir a un gran maestro porque en esa sola nota está el germen de toda una vida”, afirmaba Néstor Eidler, que alcanzó a tomar unas clases con el famoso maestro del siglo XX. El violinista tucumano de reconocimiento internacional falleció el miércoles en Barcelona, ciudad en la cual estaba radicado desde hacía más de tres décadas.

Eidler se formó en el Conservatorio Provincial y en la Escuela de Música de la UNT, donde fue discípulo de Oscar Seeligman y Ladislao Szentgyorgy; en Buenos Aires se formó con Ljerko Spiller y Erwin Leuchter. En 1963, realizó estudios de perfeccionamiento técnico musical con Fedora Aberastury y en 1974 fue becado por la Unión Soviética para perfeccionarse durante dos años en el Conservatorio Tchaikovsky.

Ganador de varios premios internacionales, Eidler fue concertino de la Orquestra del Gran Teatre del Liceu, director de la Orquesta Accademia, de Barcelona, y de “L’ Orquestra des de dins”. “Estoy en contra de la competitividad; si la vida se transforma en neurosis puede ser contraproducente y el objetivo cambia: implica satisfacer el narcisismo o acceder a cosas materiales, que nada tienen que ver con el verdadero artista”, afirmaba el instrumentista.

Fue invitado por instituciones musicales como la Canadian Music Competitions, la Hartford University (Connecticut, Estados Unidos), el Conservatorio de Fribourg (Suiza), la Guildhall School of Music and Drama, la I.S.S.T.I.P. (Londres), así como otras instituciones de Roma, Bologna, Cremona y Lyon para dar conciertos, cursos para instrumentistas, como jurado en concursos, y para ser consultado como experto en el conocimiento de los aspectos profundos de la ejecución musical.

Pedagogo e investigador de nuevas técnicas destinadas a lograr la armonía física del artista y su repercusión en la música, Eidler regresó en 2006 y 2007 a Tucumán para ofrecer conciertos. “Medio de expresión del complejo mundo interior del hombre y matemática perfecta en la cual se manifiestan las leyes del universo, la música nos propone una misión difícil, aunque profundamente gratificante: unir en nosotros estos dos mundos para, a través nuestro, dar paso al mensaje siempre renovado del arte y de la vida”, sostenía.

El notable violinista Henryk Szeryng definió a Eidler como “un verdadero talento musical”. Algunos críticos dijeron de él que era un “visionario del sonido, maestro del silencio… Maestro de la emoción. Sonido intemporal que atraviesa el tiempo y llena el espacio que faltaba en el corazón…” En una de sus visitas tucumanas dijo: “siempre hago hincapié en que más que un violinista, me considero un músico integral… El estado emocional y creativo del músico es un misterio… La música no tiene palabras y por eso mismo representa un vehículo universal para mejorar la vida del hombre”.

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