¿Y si al nuevo Palacio de los Deportes lo construyen en otro lugar?

15 Dic 2017
1

El convenio rubricado entre el municipio capitalino y la Facultad de Arquitectura (FAU-UNT) representa un interesante avance en pos de solucionar dos problemas urbanos estructurales. Uno es el Mercado del Norte, que está en punto muerto desde hace décadas y no saldrá de allí hasta que se llegue a un acuerdo razonable con los puesteros. Como nadie quiere pagar costos políticos, y esa es una de las principales razones del caos en el que vivimos, hasta aquí naufragaron todas las propuestas. Así que mientras los profesionales de la FAU avanzan en el proyecto seguramente habrá una negociación con quienes trabajan en el Mercado y no aparecen tantas opciones al final del túnel. Será cuestión de adecuarse a un nuevo entorno y a nuevas reglas, con todas las exigencias que eso implica, o relocalizarse. Afortunadamente, el municipio envió una señal a la sociedad: así como está, esa manzana no da para más. Podría, en el corto plazo, convertirse en una joya enclavada en el microcentro, a imagen y semejanza de los coloridos y atrapantes mercados que cruzan todas las geografías, desde América Latina a los confines del mundo.

El otro desafío que plantea el acta firmada por el intendente Germán Alfaro y la decana Olga Paterlini de Koch es recuperar el Palacio de los Deportes, para convertirlo en un miniestadio capaz de albergar entre 7.000 y 9.000 espectadores. El plan es que la FAU ponga manos a la obra durante el verano y en marzo entregue los proyectos, tanto del Palacio como del Mercado. A partir de allí el municipio pretende acelerar los trámites para llamar a licitación cuanto antes.

La Nación pondrá los 100 millones de pesos que costará la remodelación de la plaza Independencia. ¿Cuánto se calcula gastar en el miniestadio? Aquí vale detenerse. El trato entre el municipio y la FAU habla de “puesta en valor” del edificio, atendiendo seguramente a su riqueza patrimonial. La cuestión es que el Palacio de los Deportes, pensado y ejecutado a mediados de los 70, carece de la funcionalidad imprescindible en los tiempos que corren. No sólo por el altísimo grado de deterioro que presenta, sino por sus características y por su ubicación. Atendía las necesidades de otra época, de otro Tucumán. ¿Cómo hacer para transformar esa estructura obsoleta en un escenario moderno sin tirarla abajo y hacer algo nuevo? Por supuesto, para eso están los arquitectos y los urbanistas. Pero, ¿vale la pena?

Si la idea es hacer del Palacio una plataforma multipropósito, versátil al punto de albergar desde espectáculos y deportes hasta convenciones, hará falta reformular lo que se ve (los accesos, el campo, las tribunas) y lo que no se ve (el área de administración y servicios, la red de sanitarios, los vestuarios, los depósitos, palcos VIP). Conociendo mínimamente el edificio queda claro que a todo eso hay que construirlo de nuevo.

Nadie está pidiendo el Alamodome o el Maracanazinho, por citar dos de las tantas maravillas con forma de estadio que conocen quienes tuvieron la suerte de viajar. Pero sí que, ante la decisión invertir tanto dinero, se piense en emular a otras provincias, porque Tucumán necesita un Orfeo como el cordobés o un Superdomo como el riojano. Por caso, ¿no indica el sentido común que debería tratarse de un lugar cerrado y con aire acondicionado? ¿O vamos a hacer en pleno 2018 un estadio abierto en una provincia con medias superiores a los 30° durante varios meses? Todo sin olvidar que cualquier emprendimiento como este requiere de un desarrollo comercial, al menos de un bar-restaurante y de una tienda de obsequios.

Otra cuestión central es el estacionamiento, porque se necesita una playa con capacidad para, al menos, 500 autos. Y también el transporte público, que en esa zona depende en gran medida del eje capital-Banda del Río Salí por avenida Benjamín Aráoz y no es de lo mejor ni en cantidad ni en calidad. El cruce de esa avenida con la Coronel Suárez-Silvano Bores es de los más transitados de la ciudad, con el puente Lucas Córdona a un puñado de metros. No es una zona cómoda ni segura,

Pocos estadios en el mundo alcanzaron una categoría tan alta desde lo histórico y afectivo como el de Wembley, al que tiraron abajo en Londres cuando quedó claro que no estaba a la altura de los tiempos. Y en el mismo sitio levantaron uno nuevo, por la sencilla razón de que desde el punto de vista urbanístico seguía siendo el lugar indicado. Entonces no puede considerarse una herejía la propuesta de demoler el Palacio de los Deportes, devolverle al parque 9 de Julio algo del verde que le fuimos robando y construir un nuevo complejo en otra parte. Hay tiempo para todo, al menos para debatir sobre la cuestión sin prejuicios ni dogmatismos.

Comentarios