Ruta al aeropuerto: una primera mala impresión

La promesa del descanso y de los bellos paisajes de los Valles tucumanos se opaca con lo que ven los turistas que llegan en avión: caos vehicular, yuyos y basura.

11 Dic 2017

Si a los tucumanos, en general acostumbrados e incluso inmunes a la basura acumulada en cualquier esquina, les resulta impactante recorrer la avenida que lleva del Aeropuerto Internacional Benjamín Matienzo a la ciudad, imagínense lo que debe cuzárseles por la cabeza a las personas que vienen de afuera. Desde los pastizales a la vera de la ruta, el caos del tránsito, los cruces de vehículos sin control en todas las direcciones, hasta el cementerio de rodados que acumulan las familias de gitanos cuando comienza la avenida Gobernador del Campo, la primera impresión que se llevan los turistas que vienen a disfrutar de los paisajes tucumanos no es la más prometedora.

Entre el acceso al aeropuerto y la rotonda que da la bienvenida a la ciudad de San Miguel de Tucumán hay 6 kilómetros. En algunos mapas figura como autopista, la ruta nacional A016, también llamada Presidente Perón. Pero de autopista solo lleva el nombre, porque es en realidad una ruta angosta y por tramos es una mera avenida de dos manos, con pocas posibilidades de sobrepaso por la izquierda. Tal vez por eso, una de las situaciones más frecuentes es ver pasar por la banquina las motos de los pobladores de Alderetes o de los asentamientos a la vera del río Salí.

Zona urbana (y caótica)

Saliendo del aeropuerto, camino a la ciudad, hay unos 3 kilómetros de recorrido sin sobresaltos. Pero a partir de allí comienza una travesía urbana que exige más atención al conductor, porque en el paisaje comienzan a aparecer pastizales a la vera de la ruta, vehículos y acoplados de camiones abandonados, basura que se acumula en cualquier parte. Los barrios de Alderetes se expanden a ambas márgenes de la ruta.

Desde ahí y hasta el puente Barros, que permite pasar sobre el río Salí, son permanentes las entradas y salidas de vehículos de todo porte, de instalaciones comerciales y de los barrios. Motos, autos, camiones, motocarros, bicicletas y peatones aparecen de la nada, y muchas veces obligan a frenar de golpe o a hacer maniobras bruscas.

El río

Al ingresar al puente Ingeniero Barros, el que llega puede observar la cara más cruda de la pobreza local. En las barrancas del principal río de la provincia se extienden asentamientos con casas que se alzan entre la basura, que a la vez es el medio de vida de la mayoría de sus pobladores. Hacia la izquierda puede verse la obra de recuperación de la costanera del Salí, que consiste en la creación de una avenida y la urbanización desde el puente Barros hasta el Lucas Córdoba.

El final del recorrido devuelve una de las imágenes más llamativas de todas. Un asentamiento de gitanos sobre la avenida Alfredo Palacios (colectora de la autopista de Circunvalación) ocupa las veredas y un espacio verde público, a la orilla de una acequia, con vehículos -mucho de ellos convertidos en chatarra- y obstruye el paso desde hace varios años. Lo mismo se repite en una propiedad cerrada ubicada en la esquina de esa avenida y la Gobernador del Campo, convertida en un depósito de chatarra a la vista, y en el pasaje subsiguiente, el Rolando Valladares. Con todo eso, el cartel que reza “Bienvenidos a Tucumán” parece más bien una broma.

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