Estuvo en las malas; disfruta las buenas

09 Dic 2017
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PASIÓN SIN LÍMITES. Guillermo Dieguez -centro- ya está en Mendoza. LA GACETA / FOTO DE FRANCO VERA (ENVIADO ESPECIAL)

MENDOZA. (Enviados especiales de LG Deportiva).- Hijo de padre sanjuanino, este lobo solitario llamado Guillermo Dieguez conoció lo que es el amor por el fútbol un 9 de octubre de 1978. Tenía 10 años cuando por primera vez se animó a llegar solito hasta las puertas del mismísimo Monumental. No recuerda por qué nadie lo esperaba, lo que sí repite tanto o mejor que el Padre Nuestro, fue lo vivió aquella tarde de partido por la Liga. Atlético, el inmenso Atlético de una delantera temida, le ganaba 12-0 a Marapa.

Poker de goles de Francisco “Kila” Castro, una tripleta de Froilán Mecca, dos de Luis “Cuqui” Barrientos, y uno de Américo Valoy, Víctor Palomba y Néstor “Motoneta” Gómez. Esos goles fueron un todo. Las semillas que luego convirtieron a Guillermo en fanático de Atlético. Es hoy el mismo el lobo solitario de antaño que sigue a sol y a sombra al equipo.

Por cuestiones laborales dejó hace 14 años Tucumán. Se instaló en Salta, dónde irónicamente, disfrutó más que los tucumanos de aquel Purgatorio que fue sufrir el viejo Argentino A. “Eran épocas difíciles, pero yo podía ver más seguido a Atlético. Nunca me voy al olvidar el día que invadimos Perico; el día que sacamos a Talleres y lo mandamos a jugar a Jujuy por la cantidad de hinchas que llevamos”, le reproduce a LG Deportiva Dieguez ese recuerdo tan vivo como cada uno que le acontecieron luego.

“Viajé a todos lados por Atlético. Por la Libertadores estuve en Cartagena de Indias; San Pablo y Santa Cruz de la Sierra. Me faltó ir Quito y a Montevideo, pero no pude hacerlo porque le había prometido a mi hija ir a un recital con ella a Buenos Aires. A todos lados voy con mi bandera, la de la Peña Salta que estamos formando”.

Dieguez es casi salteño pero Atlético está con él en todas partes. Por eso su decisión de avanzar con una nueva peña de hinchas, porque La Linda está tan cerca de 25 de Mayo y Chile que fanáticos del “Decano” hay de a montones.

Y se viene un 2018 explosivo, en cuanto al calendario deportivo. “Ahí voy a estar. Ya les avisé a mis clientes que doblamos los honorarios para el año que viene, je je”. El que avisa no traiciona, menciona el viejo refrán. Guillermo es contador, sus clientes, agradecidos. “No, no, mentira”, se redime el también profesor universitario que llegó a Mendoza con su bandera, solito él y su alma. “Mis hijos son simpatizantes de Atlético, pero ellos no disfrutaron al equipo como yo porque se fueron muy chicos a Salta conmigo”, los defiende. “Igual, cuando Atlético va a Salta, vamos todos”, cuenta Dieguez, que a Formosa viajó en auto. “Había que estar como sea”, explica.

Atlético es el nexo con su niñez. “Vivía en la zona de calle Córdoba primera cuadra. Agarraba la bicicleta y me iba al complejo de Ojo de Agua. Jugaba al tenis, nadaba, practicaba fútbol. Hacía de todo un poco”, del resumen de la charla con Dieguez nace una revelación. Que el “Decano” es guía en su camino emocional deportivo y personal. “No importa dónde juegue, yo debo estar. No me importa viajar solo, porque en cada viaje me encuentro con socios o con amigos que hice en el camino. Pero igual eso no es condición para viajar. Lo hago igual. Esto es más fuerte”. Es devoción.

La imagen de River no manchará el horizonte de gloria que ha pintado Atlético en este 2017. “De ninguna manera. Pase lo que pase, nosotros ya ganamos. No voy a mentir diciendo que da lo mismo, pero si te ponés a pensar, a analizar todo lo que nos dio el equipo, qué más podemos exigirle. Esto tiene que ser una fiesta”, lo dice el lobo solitario. Que así sea, entonces.

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