Dos tucumanos dejan su huella en el cine

Nacieron en la misma provincia, pero habitan ámbitos muy distintos del mundo del cine. La última edición del Festival de Mar del Plata los reúne. Gastón Ugarte es el encargado del diseño de escenarios de Pixar, la compañía de cine animado más importante del mundo. Agustín Toscano es uno de los directores de Los dueños, película celebrada en Cannes. Aquí cuentan cómo trabajan, qué tienen entre manos y cómo forjaron sus destacadas carreras

10 Dic 2017

Por Ulises Rodríguez - Para LA GACETA - Mar del Plata

"De chico mi sueño era trabajar en Disney"

Desde que tiene noción de ser Gastón Ugarte es dibujante. Cuando le hacían la típica pregunta ¿qué querés ser cuando seas grande?; él respondía sin dudar: “quiero trabajar en Disney”. De chiquito tuvo la influencia de su abuela, la pintora Clara Zaccardi y de su tía, Graciela Rodrigo, artista de renombre y docente de pintura en Tucumán. Por otro lado su inspiración inicial fueron grandes ilustradores como Caloi, Quino y Dante Quinterno. Gastón pasaba tardes enteras leyendo y observando los trazos de Mafalda, Clemente y Patoruzito.

“Eso me llevó a hacer mis propios cómics. Mi evolución como artista fue muy natural porque empecé copiando y después me fui animando a crear mis propios personajes. Me acuerdo de copiar hasta la firma de Quino y pensar como voy a hacer yo mi firma”, le cuenta a LA GACETA el animador tucumano que hoy es el encargado del diseño de escenarios de Pixar: la compañía de cine animado más importante del mundo.

Con la adolescencia el universo de ilustradores se fue ampliando con Astérix y Obélix creados por los franceses René Goscinny (guión) y Albert Uderzo (dibujo) y con Lucky Luke las historietas del vaquero franco-belga que parodia y homenajea a los hombres rudos del lejano oeste.

“Mi viejo me las compraba siempre y yo notaba que la calidad de esos dibujos eran increíbles y ahí empecé a animarme a utilizar la tinta y la acuarela”, dice Ugarte desde Mar del Plata, invitado a participar de la 32° edición del Festival Internacional de Cine y en el que presentó “Coco”, la historia de Miguel, un personaje que también va detrás de un sueño: el de ser músico. El estreno está previsto para el 11 de enero en Argentina.

-¿Cómo fue tu formación mientras vivías en Tucumán?

-Me formé bastante solo y al tener a dos personas grosas en mi familia los cursos los hacía cuando visitaba a mi papá en Buenos Aires. Él me conseguía cursos de caricatura, siempre buscando cursos y talleres de dibujo. Las vacaciones de invierno y de verano me las pasaba en Buenos Aires, así es como me fui capacitando un poco más.

Cuando Gastón cursaba el cuarto año de la secundaria realizó un intercambio cultural en Estados Unidos con el objetivo de acercarse un poco más a su gran sueño: ser parte del mundo Disney.

“La madre de la familia donde estaba parando era bióloga en la Universidad de Tampa y un colega de ella, que era del departamento de arte, tenía un contacto en Disney y esta persona me dijo cómo tenía que hacer. Entonces armé un portfolio, escribí una carta a los estudios Disney y la mandé. Regresé a la Argentina, pasaron 6 o 7 meses y nada hasta que me llegó una carta en la que me decían ‘tenés que formarte más’ y me recomendaban universidades, la mayoría de Estados Unidos otras de Europa y así empecé a indagar. Eran tiempos sin internet mandando faxes y cartas desde Tucuman”, recuerda Gastón en esos momentos de persistencia.

En esa búsqueda incansable encontró una universidad en Florida, una de las recomendadas por Disney, que poseía fondos de amantes del arte que contribuían, que ayudaban a alumnos extranjeros: una excepción porque la mayoría de las becas son para estadounidenses.

“Pude negociar con esta universidad una especie de media beca pero así y todo no alcanzaba así que mi viejo hipotecó la casa, esa era la única manera de poder pagarlo ya que era carísimo. Un tío también me ayudó y el resto de mi familia hizo lo posible”.

“Es por ellos que hoy estoy acá, gracias a ellos. Siempre digo que dejé el país porque estaba cegado por mi pasión y por mis sueños pero nunca me olvido de ellos”.

Tras el paso por la Universidad hizo sus primeros trabajos en agencias publicitarias, en estudios chicos, participó de cortometrajes hasta que con su tenacidad logró abrir una puerta en Pixar. Fue en el año 2005 y en aquel entonces estaban dándole forma al robot Wall-E. Gastón Ugarte fue uno de los que recreó las escenas de las torres de basura y modeló algunas partes de la nave espacial. En ese momento eran 750 empleados en la compañía; hoy son más de 1.000.

- ¿Como es un día de trabajo en Pixar?

- Llego me preparo mate o café, hablo con todo mi equipo, y veo dónde estamos con el trabajo que nos toca. Mi día es mucho colaborar con los otros supervisores, tenemos reuniones donde planificamos la semana y el mes y lo tenemos que presentar. Generalmente los viernes tenemos los reviews, nos sentamos en un cine chiquito y hablo con el director que me va guiando. Hay una comunidad donde jugamos al fútbol al mediodía los lunes y los miércoles. También se ofrecen clases para encontrar talentos para aprender iluminación o programador, aprender a dibujar, continuar la educación una vez que se llega ahí.

- ¿En qué proyecto estás trabajando ahora?

- Lo que puedo contar es que se trata de un producto original que está basado en un mundo fantástico en el cual existe la magia de distintos tipos de especies. Los personajes principales son dos hermanos elfos. El director fue el que dirigió Monsters University, la segunda parte, y está inspirada en su historia personal, en la que él pierde a su papá antes que de nacer. Es todo lo que puedo contar.


“Prefiero las películas que generan incomodidad”


Nada es porque sí. Agustín Toscano se levantaba a las 9 de la mañana, prendía la tele sabiendo que aún estaba la barra de colores, escuchaba los consejos de un cura, se bancaba las recomendaciones del doctor Socolinsky y se quedaba mudo frente a la pantalla comiendo un pan con manteca cuando empezaban los dibujitos animados.

“Tendría unos 7 años y ya sabía que no me iba a dedicar a la ciencia sino a algo que tuviera que ver con el arte”, cuenta el director de cine tucumano que acaba de presentar el Work in Progress de su película El Motoarrebatador en la 32° edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.

De aquellos tiempos de dibujos animados Agustín recuerda con claridad el día que fue a ver la película “Ico, el caballito valiente” y salió llorando del cine. También fueron muy importantes para él las tardes de sábado y domingo mirando películas que alquilaba en un videoclub.

Nacido en 1981 se define como parte “de la generación VHS” y lleva grabado en su cinta mental el momento que con su hermano rompieron el holograma de la película Jumanji (1995) y tuvieron que pagarlo. “Era carísimo, nos ligamos un terrible reto”, dice.

De tanto ver películas uno de los juegos preferidos de Agustín era el de ser actor. Siempre actuaba en los actos del colegio hasta que a los 18 años decidió estudiar teatro. A veces le gustaba estar arriba del escenario y otras prefería dirigir.

En el 2004, junto con su amigo Ezequiel Radusky, empezaron a dirigir obras de teatro y fundaron la compañía “Gente no convencida”. A veces actuaba uno y a veces el otro. Habían hablado mucho de hacer una película. En el 2009 se lo tomaron en serio y empezaron a darle forma a un largometraje de ficción. Testarudos y soñadores lo concretaron. La película se llamó “Los dueños” y todo lo que pasó con ese film fue algo que jamás imaginaron.

Un cine con lenguaje social

Tras el éxito de Los dueños (2013), que los llevó a participar en festivales de todo el mundo y ser elogiada durante la Semana de la Crítica en Cannes, ahora Toscano encara su primer proyecto cinematográfico en soledad que pretende ser estrenado en junio de 2018.

“Los dueñosfue muy mimada, recibió elogios, críticas y premios pero creo que al no haber generado polémica termina provocando desinterés en el público y la verdad prefiero las películas que generan incomodidad para poder pensar”, considera el director que busca redoblar la apuesta con su nuevo proyecto.

En Los dueños la acción transcurre en una estancia tucumana y tiene el punto de vista de dos clases sociales enfrentadas. Ahora, en “El motoarrebatador”, también analiza la sociedad pero desde la vida urbana tomando como disparador una historia relacionada con un hecho personal.

“Mi madre fue víctima de un robo a manos de un motoarrebatador que le sacó la cartera, la arrastró y se lastimó un poco. Lo que pasó me quedó dando vueltas en la cabeza y me dieron ganas de escribirla y filmarla pero dándole un giro a la historia”, dice Agustín Toscano a LA GACETA Literaria.

En esta historia un ladrón, encarnado por Sergio Prina, golpea brutalmente a una señora mayor (Liliana Juárez) para arrebatarle la cartera. Luego intentará redimir el daño que hizo pero su pasado de motoarrebatador lo persigue, impidiéndole comenzar una nueva vida.

La película está filmada en la ciudad de Tucumán, con muchas situaciones cotidianas urbanas. Y el tema de las diferencias de clase vuelve a quedar expuesto pero con el matiz de lo marginal.

A la hora de pensar en este nuevo trabajo el director se hace preguntas necesarias que le sirven en esa búsqueda que significa cinematográfica. “¿Qué pasa cuando un ladrón se arrepiente? ¿Qué sucede si en vez de condenarlo al abismo de lo inhumano conocemos su historia? Y si quiere redimirse y arreglar el daño que ha hecho, ¿es posible lograrlo? La película propone confrontar y exponer estos interrogantes, contemplando las grietas entre aquellos que tienen un poco más respecto de aquellos que tienen menos”.

Si de generar polémicas se trata, El motoarrebatador ya tuvo la suya sin siquiera buscarla. Fue noticia a nivel nacional ya que mientras se estaba filmando una escena de saqueos, en un supermercado de la avenida Siria y Bolivia, un hombre intentó robarse un calefón y llevárselo en su moto. Fue alcanzado a los pocos metros por la policía y terminó detenido ya que tenía pedido de captura. Una vez más la ficción fue superada por la realidad.

En aquel momento Toscano declaró a la prensa que “todos los prejuicios de la sociedad intentan ponerse en juego para pedirle a nuestros espectadores que se vuelvan a plantear lo que piensan sobre víctimas, victimarios y sobre la ley, porque la verdad son temas que parecen resueltos pero que no lo están”.

Para el realizador “los grandes poderes necesitan que las cárceles estén llenas de gente que no se les conoce la historia y para que no haya lugar para ellos que sí les conoce la historia”.

De contar lo que no se ve. De abordar una historia visible a los ojos pero invisible para la sociedad. Mostrar algunas cartas y dejar que otras las jueguen los espectadores a la salida del cine sientiéndose interperlados por un mundo que es el propio.

Comentarios