Cartas de lectores

08 Dic 2017

Cortes en camino del Perú

Respecto de los cortes diarios en la ruta 315 (Camino del Perú), les solicito a las autoridades (gobernador, vicegobernador, ministro de seguridad, jefe de policía, fiscales y jueces) que intervengan para solucionar este problema que padecemos miles de tucumanos. Teniendo en cuenta que se impide la libre circulación, este hecho es un delito, una violación al derecho constitucional. Lógico que también es necesario solucionar el problema de la falta de agua corriente para estos barrios que realizan la protesta.

Manuel Luis de la Vega

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Polémica reforma previsional I

Sin ser economista ni cerebro de las finanzas veo lo injusto que sería el nuevo régimen jubilatorio, especialmente con los jubilados con haberes mínimos, que según los cálculos recibirían con el anunciado aumento del 15% un incremento que rondaría, en el mejor de los casos, entre $ 400 y $ 600. Pensemos que si a todos los jubilados les corresponde ese porcentaje, a los que perciben actualmente $ 100.000 mensuales recibirán -a partir de que se apruebe esta injusta ley- $ 115.000, los de $ 150.000 llegarían a $ 172.000, y qué decir de jueces y funcionarios -sin dudas numerosos- con jubilaciones que rondan los $ 200.000 que se les dará un haber de $ 230.000. Este proyecto de ley no sólo me parece injusto sino también perverso, ya que enriquecería a los más ricos y empobrecería -sin duda- a los más pobres. Esto, a pesar de quienes ¿aseguran? que disminuiría el haber jubilatorio pero que esto se vería compensado con un mayor poder adquisitivo por la supuesta disminución del costo de vida.

Francisco Palazzo

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Polémica reforma previsional II

La canasta básica del jubilado hoy es de $ 17.523. La mínima hoy es de $ 7.246 y aumentará 5% en marzo. Con la fórmula acordada en el Senado, la jubilación mínima en lugar de subir en marzo de 2018 de $ 7.246 a $ 7.623, pasará a $7.659 (+36) ¿Esa es la reforma previsional que están hablando? Previsión significa prever. Prever se refiere a conjeturar con anticipación, pronosticar, preparar los medios para las futuras contingencias de lo que va a ser la vida del trabajador que se retira de su vida activa. Es un recurso para planificar la vida. ¿Se puede planificar, también, cuando se plantea un aumento de la edad jubilatoria a los 70 años para hombres y mujeres, con carácter optativo? Seguramente, la mayoría optará por extender su vida laboral para no cobrar una jubilación de indigencia ¿Y los jóvenes, a qué edad se incorporarán al mercado laboral? La jubilación es un salario diferido correspondiente a los aportes, mes a mes, año a año, realizados por un trabajador. ¿Hay, con estos datos, previsión o futuro para el trabajador? Se sostiene, por otro lado, la idea de darles fin a los regímenes especiales. Estos permiten a los trabajadores jubilarse sin esperar a los 60 años o tener 30 años de aportes. Una mayoría, según el Gobierno, sostendría los privilegios que gozan unos pocos. El objetivo, según los diarios, sería “ahorrar” más del 7% del total del presupuesto para el pago de jubilaciones y pensiones de trabajadores judiciales, docentes, construcción, agrarios, ferroviarios y de la energía (Luz y Fuerza). El sector de mayor “desembolso” sería la docencia. “De cada $ 24.169 que en promedio gana un jubilado docente, cerca de $ 13.326 lo aporta el Estado y el resto la caja previsional”, cuando por “cada tres aportantes hay un jubilado”. El Gobierno considera que cambiar los regímenes especiales significará darle solvencia al sistema. Este sistema previsional público, históricamente, estableció que se debe pagar el 82% móvil sobre el salario al cese de la relación laboral. La relación de la población activa con el total de jubilados es de casi cuatro activos por beneficiario. Y con una tasa de imposición del 26% (10% los trabajadores, 16% los empresarios) más los impuestos específicos, cubrirían el pago de las jubilaciones devengadas. ¿Razones del déficit previsional? La evasión empresarial que retiene a los trabajadores el 10% de sus sueldos que luego no depositan o que lo hacen a través de generosas moratorias. Conclusión: una jubilación de previsión o imprevisión social, es el tema a debatir.

Pedro Pablo Verasaluse

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La parra de las maestras

Me tocó asistir con frecuencia a la Escuela José Mármol, donde mi sobrino Matías concurre a primer grado. Estuve al tanto de la actividad de los docentes, asistí a festejos, actos y distintas actividades. Pude comprobar así la excelencia y los malabares que realizan las docentes para entregar educación de calidad y para contener a los niños en medio del entramado social signado por el caos. Sin que la escuela cuente con salón de actos ni con refrigeración en los grados para las altas temperaturas de verano, las vi cobijar a los niños del sol en los lacerantes días de calor, en los que tuvieron que honrar la Patria y la Bandera en un patio sin tinglado ni sombra. En invierno, los protegían de la lluvia y del frío buscando sitio en las galerías. Las vi, abnegadamente, guardar el ingreso y el egreso de los niños, cuidarlos, acompañarlos en los mínimos detalles. Por todo eso quisiera hacer un reconocimiento a estas maestras y, en ellas, a todos los docentes abnegados de la Patria que desde el silencio y el anonimato trabajan por el bien de los ciudadanos y de las sociedades. La escuela José Mármol tiene una frondosa parra y, al mirarla, muchas veces me vino a la memoria un poema dedicado a la higuera bajo la cual hilaba doña Paula Albarracín de Sarmiento. El poema dice: “Higuera, bajo tu sombra, la Patria se vuelve grande”. Sencillamente, siento que a la sombra de esa parra, de esa hermosa escuela, nuestros niños están a salvo y la Patria se dirige al futuro con un poco más de esperanza.

Graciela Jatib

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Cupo laboral del discapacitado

Las personas con discapacidad cargamos con la estigmatización de ser improductivas en un mundo que cada vez exige productividad. Es así que en nuestro país la inserción laboral es todavía una deuda pendiente. La Ley 22.431 indica que los tres poderes del Estado tienen la obligación de ocupar personas con discapacidad que reúnan condiciones de idoneidad para el cargo, en una proporción no inferior al 4% de la totalidad del personal. En el mismo sentido, la Ley nacional 25.785 y la provincial 6.830, establecen la existencia de un cupo laboral para las personas con discapacidad. Pero ese margen no se cumple en los organismos públicos nacionales, provinciales ni municipales. La falta de respuestas y el padecimiento que se siente por una total indiferencia por parte de los funcionarios, autoridades e instituciones, me llevan a contar mi realidad. Con una discapacidad visual del 80%, entre otras dificultades físicas, me gradué primero como procurador y después como abogado en la universidad pública (Facultad de Derecho de la UNT), lejos de mi familia. Hoy, con 30 años, sigo capacitándome. Pero aveces la impotencia me invade, tras haber golpeado muchas puertas buscando una oportunidad sin obtener respuestas siquiera. Cuando hablamos de cupos la ley los crea en virtud de la situación de desigualdad existente; esto es, como dice un principio de Derechos Humanos, “igualdad entre iguales”. La convención para los derechos de las personas con discapacidad es clara en su redacción, y en su estatuto obliga a la existencia de un cupo laboral. En los países más desarrollados, como España, los programas de inversión laboral se desarrollan a lo largo de todo el país incorporando ese cupo tanto al sector público como privado. En estos momentos donde el amiguismo sobresale a la capacidad o ideoneidad laboral, se hace caso omiso a las leyes y convenciones sobre los Derechos Humanos. Por último, me queda dejarles este mensaje: se pueden lograr los objetivos frente a las adversidades. Y me queda también la esperanza de que las leyes “caminen”, que sigan el rumbo y el espíritu con que fueron creadas, y que los responsables de aplicarlas no dejen que se conviertan en un cúmulo de letras frías.

José Pablo Rodríguez Cabral

Catamarca 687

San Miguel de Tucumán


El tango y la burguesía de EEUU

Cuando en las vacaciones de febrero paseaba por calle Corrientes, en Buenos Aires, me topé con la librería de la editorial Eudeba. En la vidriera estaba el librito, como esperándome. Su título: “El tango entre las américas”. La bajada especifica: “las representaciones en Estados Unidos durante las primeras décadas del siglo XX”. Lo adquirí sin dudar un segundo, pues es un tema sobre el cual no sabía absolutamente nada. Personalmente, tenía el prejuicio de que el tango habría llegado tardíamente al país del Norte. Primera sorpresa: la autora, la socióloga Andrea Matallana, que tiene varios libros sobre el tango, nos advierte que “el tango llegó a las principales ciudades estadounidenses desde muy temprano en el siglo XX, a través de los diferentes soportes sonoros y gracias al interés de la alta burguesía neoyorkina por los insumos culturales europeos”. O sea: imitaban sobre todo la inclinación de los europeos por el baile del tango. Y lo bailaban las clases altas. Por influencia de los agentes de Broadway se expandió a los otros sectores sociales. En 1916 había en Broadway 13 locales en donde se podía bailar tango. Tempranamente comenzaron a llegar argentinos que se volvían “profesores” de tango. Algunos eran aventureros estafadores. Se los llamaba “piratas del tango”. Enseñaban a bailar a chicas ricas liberadas de los padres, y se las arreglaban para sacarles dinero. Ellas se aseguraban tener un profesor de tango. Para los que no podían pagarlo, había manuales de tango. Algo curioso: surgieron los “tango tea”. Eran reuniones que se realizaban de tarde en casas particulares para bailar el típico ritmo argentino. Las organizaban las sufragistas y con ellas juntaban sus dinerillos para su campaña. Dice Matallana que la irrupción del tango fue posible gracias al “disco de pasta”. Cuenta que en Norteamérica ya se usaban en 1.900.

José Enrique Santillán

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Problema para el estudio de ojos

A través de este medio quiero llegar a las autoridades responsables del área, para pedirles una solución al gran problema que existe en el servicio de oftalmología del Hospital Ángel C. Padilla. El aparato utilizado para -entre otros estudios- la campiometría, pasó a ser obsoleto y no funciona. Nadie lo puede reparar. Y somos muchos los pacientes que usamos esos servicios públicos. En nombre de ellos y el propio, le pedimos a las autoridades hospitalarias o políticas una pronta solución; confiamos en que, al tratarse de un problema relacionado con la salud, se realizarán los trámites para remediar la falencia.

Rodolfo Gutiérrez

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