Cinco estrategias para vencer el estrés de fin de año y evitar la angustia

A esta altura es frecuente escuchar frases como “estoy agotado”, “no doy más”, “paren el mundo, que me quiero bajar”, y tantas otras. ¿Por qué, particularmente en estos meses, vivimos con un estrés casi permanente? ¿De qué forma se pueden prevenir estos síntomas de agotamiento y atravesar las semanas de mejor forma? Los expertos brindan sus mejores recomendaciones.

06 Dic 2017
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VIVIR A MIL. Correr a fin de año como si se acaba el mundo genera un estrés que termina afectando la salud.

Buenas ideas para afrontar este último tirón de 2017 

DANIEL COLOMBO | COMUNICADOR, COACH Y ESCRITOR


1.- Organizar el último trimestre del año y los dos primeros meses del siguiente. La productividad y la adicción por alcanzar las metas y objetivos cada vez más rápido generan una carrera inusitada, con el alto costo que implica la ansiedad, que termina mal canalizada. Para llegar bien a fin de año lo ideal es:

A) No dejar todo para último momento.

B) Tomar el último trimestre como clave para planificar el final y el inicio del próximo año, al menos los dos primeros meses.

C) Articular estas metas con los colaboradores o con personas cercanas.

D) Llevar un registro del proceso de los objetivos de cierre del año, y programarlos en un calendario físico o sistema donde se pueda visualizar muy claramente.

Además, es fundamental no perder los espacios personales, ni de descanso, más allá del trabajo acumulado y de los compromisos. Es clave para mantener el propósito del disfrute de la vida.

2.- Fijarse objetivos y priorizar lo importante por sobre lo urgente. Durante todo el año es fundamental establecer metas, basadas en el propósito global que se desea obtener en cada aspecto personal y profesional. Un correcto balance en la administración y gestión de lo urgente vs. lo importante traerá el resultado de un fin de año más fluido y descomprimido de tanto vértigo.

3.- Ser razonable con la probabilidad de que no se alcanzará a hacer todo lo que se desea. Una cosa es lo que se desea y otra lo que es humanamente posible lograr, sin que esto signifique justificar o procrastinar tareas. Ubicando en un marco de equidad entre lo posible y lo realizable, se podrá depurar lo pendiente, para hacerse cargo de aquello importante; se pasará para el calendario del primer tiempo del año lo que pueda posponerse de momento; se derivará o delegará lo que sea factible para que lo implemente otra persona; y se trabajará sobre este nuevo esquema de diagramación de objetivos para fin de año.

4.- Pedir ayuda, compartir responsabilidades y fijar metas razonables. Otra creencia de las personas que se sobreexigen a fin de año es que lo tienen que hacer solos. Así, terminarán exhaustos, de mal humor, irascibles y con poca flexibilidad ante los imprevistos que pudiesen surgir. Pedir ayuda, incluso para priorizar los objetivos -por ejemplo, con un superior en el trabajo- será una buena metodología. Decir no y proponer alternativas; colgar en un espacio visible el calendario de tareas a ejecutar y sus fechas de cierre; dar seguimiento a las demás personas, y reportar los avances; e ir diagramando la agenda formal del año siguiente, ayudarán a organizarse y a alcanzar mejor las metas razonables que se han fijado.

5.- Hacer un balance sólo con fines de autoevaluación positiva, y re-pactar los aspectos no alcanzados por ahora. El típico balance que hacen muchas personas cobrará un nuevo significado al enfocarse, exclusivamente, en los aspectos positivos. Como se habrán tenido también cosas inevitables o negativas, una forma de resignificarlas es expresar que se aprendió de ese proceso y de qué forma se podrá hacerlo mejor la próxima vez. Cada año trae una carga de temas positivos y negativos; esto no significa tener que quedar enganchado sólo en el último aspecto, ya que la balanza no será demasiado equilibrada. Cualquier año de desafío, problemas, pérdidas y situaciones complicadas puede encontrar un nuevo significado al observar el aprendizaje detrás de lo que se ha vivido. Desde allí, el balance será más equilibrado, sin restar la visión de realidad a las cosas.

Con estos cinco lineamientos, cualquier persona podrá sobrellevar mejor la maratón típica de fin de año, y encarar el nuevo tiempo con mayor equilibrio, integridad, sin despersonalizarse ni caer en situaciones de estrés extremo.


Dentro de las causas por las que se produce la típica corrida y aceleración de fin de año suelen aparecer estos cinco motivos, de tipo social y cultural, que afectan a una inmensa cantidad de personas.
1) 
La sensación de no haber cumplido las metas del año.
2) 
La presión autoimpuesta o externa de que hay que cerrar temas sí o sí (balances, evaluaciones de desempeño en el trabajo, proyectos, etc.).
3) 
La disyuntiva que siempre se presenta acerca de cómo atravesar las fiestas.
4) 
Una visión desmesurada de lo que significa “el año nuevo” con su cúmulo de buenos deseos, proyectos e intenciones.
5) 
La inevitabilidad de que el año se termina, y quedarán varias cosas sin haber concretado o alcanzado.
En su combinación, estos factores, entre otros, producen una particular destilación de adrenalina, vértigo y hasta confusión respecto a la mejor forma de encarar este tránsito hacia el nuevo año que comienza.
En la pérdida del equilibrio vital se potencian otros aspectos como la irritabilidad, la imposibilidad de decir que no a cúmulos de compromisos, y hasta el disfraz que muchos suelen ponerse para “parecer” felices y con buenas intenciones, por más que por dentro las emociones digan otra cosa.
> Cinco motivos que provocan angustia 
Dentro de las causas por las que se produce la típica corrida y aceleración de fin de año suelen aparecer estos cinco motivos, de tipo social y cultural, que afectan a una inmensa cantidad de personas.

1) La sensación de no haber cumplido las metas del año.
2) La presión autoimpuesta o externa de que hay que cerrar temas sí o sí (balances, evaluaciones de desempeño en el trabajo, proyectos, etc.).
3) La disyuntiva que siempre se presenta acerca de cómo atravesar las fiestas.
4) Una visión desmesurada de lo que significa “el año nuevo” con su cúmulo de buenos deseos, proyectos e intenciones.
5) La inevitabilidad de que el año se termina, y quedarán varias cosas sin haber concretado o alcanzado.

En su combinación, estos factores, entre otros, producen una particular destilación de adrenalina, vértigo y hasta confusión respecto a la mejor forma de encarar este tránsito hacia el nuevo año que comienza.
En la pérdida del equilibrio vital se potencian otros aspectos como la irritabilidad, la imposibilidad de decir que no a cúmulos de compromisos, y hasta el disfraz que muchos suelen ponerse para “parecer” felices y con buenas intenciones, por más que por dentro las emociones digan otra cosa.


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