El respeto por el patrimonio común

27 Nov 2017 Por LA GACETA

El vandalismo urbano sigue siendo uno de los males endémicos de difícil erradicación en Tucumán. Y afecta no sólo a la capital, sino también a los distintos municipios del Gran San Miguel de Tucumán.

Días atrás informamos que en Yerba Buena, casi no existen refugios en las paradas de ómnibus. Y los que existen, están en pésimas condiciones. En muchos de los casos, ni siquiera hay un poste o un cartel, como denunciaron varios vecinos de esa ciudad. “Si llueve, te mojás. Y si hay sol, tenés que pararte a un costado”, denuncian. El problema, por supuesto, no es nuevo. Y tampoco se circunscribe a los refugios de las paradas de ómnibus. Los nomencladores de muchas calles también presentan un estado deplorable: estropeados, despintados, herrumbrados o directamente arrancados de cuajo. Muchas calles de Yerba Buena permanecen en el anonimato total para los foráneos ya que carecen por completo de carteles. De hecho, en muchas de las cartas al director o en los envíos por Whatsapp de nuestros lectores, se denuncia este tipo de vandalismo urbano que ya es una constante en toda la provincia.

No sólo se trata del daño al patrimonio arquitectónico de las ciudades, sino también del daño a aquello que está en función de facilitar la vida ciudadana. En el caso de los refugios para los que esperan el colectivo, su deterioro afecta a los usuarios cuando hay lluvia, o sol fuerte. Lo mismo sucede con los nomencladores, cuya ausencia no sólo desorienta a los foráneos, sino que confunden a los turistas. En una ciudad con mucha vida nocturna, comercial y gastronómica, este tipo de contingencias tienen mucho peso. Si, como piensan muchos especialistas en seguridad urbana, un buen espacio público puede inducir buenos comportamientos sociales y hacer así más segura una ciudad, es indispensable entonces continuar con la difusión de campañas públicas en las que se invite a contribuir a la sociedad con ese interés general que beneficiará a todos. En este sentido, las autoridades de la Municipalidad de Yerba Buena han iniciado un plan que apunta a revertir en parte esta desidia colectiva que afecta a los refugios. Desde esa repartición calculan un costo aproximado de $ 63.000 por estructura, por lo que la Municipalidad ha salido a buscar patrocinadores, en el marco de un modelo de padrinazgos que se está pensando en impulsar. El objetivo es que las empresas e instituciones instaladas en el distrito asuman el compromiso de aportar o cuidar el mobiliario urbano. Es, de hecho, un avance positivo. Pero no suficiente. En paralelo, creemos que es necesario también que se pongan en práctica planes agresivos de concientización en escuelas, colegios y barrios, para involucrar a todos los sectores de la sociedad en el cuidado de “la cosa pública”.

Para las Naciones Unidas, “el futuro de la humanidad y del planeta depende de tener mejores ciudades”. Empezar por cuidar el espacio público nos llevará a lograr ese objetivo. En un mundo cada vez más interconectado, cada acción sobre el espacio de todos redunda también en el espacio privado. Y esto vale tanto para los funcionarios, que deben comunicar de manera clara y rápida las decisiones por tomar, como para los habitantes y quienes nos visiten, en este caso, que debemos llevar a la práctica, también dentro de nuestra pequeña área de acción, lo que exigimos a nuestros representantes: cuidado y respeto por el patrimonio común.

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