Miles de creyentes asistieron a la beatificación de la Madre Catalina

"Seguí tu sueño, no te rindas". Ese es el mensaje legado por la Madre Catalina, un ejemplo a seguir. Miles de asistentes, en su mayoría mujeres jóvenes, asistieron en Córdoba al acto que la declaró beata de la Iglesia Católica. Llegaron desde todos los rincones del país, de África, de España y de Chile, por donde se extendió la obra de las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús. En la celebración, presidida por el cardenal Angelo Amato, estuvieron el cardenal Luis Villalba y el arzobispo de Tucumán, monseñor Carlos Sánchez. Se pidió por el rescate del submarino ARA San Juan.

26 Nov 2017

La beatificación de la Madre Catalina de María Rodríguez comenzó con largas peregrinaciones desde tierras lejanas. Cada delegación de los colegios de la congregación de las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús, fundada por la beata, llevaba no menos de 200 o 300 alumnas, como la de Chile, que viajó durante 25 horas en colectivo. Otros venían desde más lejos: África y España. Las alumnas tucumanas lo hicieron en cuatro colectivos cargados de estampitas, carteles y panfletos que desplegaron desde el viernes en las calles, cantando y bailando una coreografía para invitar a todos a la celebración. En uno de esos colectivos venía Lucía Trigo, una chica de 18 años que ayer, durante la beatificación, sintiéndose muy cerca de la Madre Catalina, confirmó lo que ya todas sus compañeras daban por hecho: quiere ser religiosa.

Es que cuando alguien preguntaba por alguna vocación en la delegación de Tucumán, las chicas miraban a Lucía con picardía. “Siempre sentí el carisma de las hermanas como propio. La vocación se me despertó en un retiro espiritual de Pascua Joven. Yo le hablaba a Jesús como a un amigo. Le decía como nos enseñaron en el colegio: enciéndeme el corazón con el fuego de tu amor. Y eso es justamente lo que siento, el corazón encendido por amor a Jesús. Ahora, en esta beatificación, lo he sentido muy fuerte, yo lo tomo como una confirmación de mi vocación”, dice la joven que a pesar del calor reinante sonreía con frescura.

En otro colectivo, la preceptora Verónica Villafañe llegaba a Córdoba con la ilusión de implorarle a la Madre Catalina por la salud de su primo, Leo. Es un joven de 23 años al que hace un mes le detectaron leucemia, a partir de un problema que tuvo cuando fue al dentista a sacarse una muela. Vero dudó entre quedarse en el hospital Padilla con su primo o viajar a la beatificación. Y a pesar de que oró mucho no pudo asistir a la ceremonia. Una alumna se enfermó en Carlos Paz, donde se alojó la delegación, y tuvo que ser internada en el hospital. Vero quedó con la joven preguntándose qué le había querido decir la Madre Catalina. De todos modos ya había ocurrido el primer milagro: “mi primo se aferró a la estampita que le di, y comenzó a rezarle a la Madre. Él y toda su familia, que no es muy creyente, comenzaron a orar con fe”.

Camila una joven santiagueña de 12 años, también quería asistir a la ceremonia y no pudo. Su padre, Carlos Argañaraz, lo hizo por ella. “¡Mi hija tenía tantas ganas de venir! El año pasado, apenas llegó Cami de un viaje que hizo a Córdoba, le detectaron cáncer en el riñón. La hermana María Inés le hizo descubrir a la Madre Catalina y desde entonces todos nos aferramos a ella. Le prometí mi hija que la traería para la beatificación. Pero a pesar de que rezamos todos los días, Camila no se curó y falleció hace tres meses y medio. Pero se produjo otro milagro: cuando recibí la peor noticia, de que mi hija ya no estaba en esta tierra, a pesar de mi gran dolor he sentido una paz tremenda que me dura hasta el día de hoy. Madre Catalina fue la madre del corazón de mi hija Camila. Yo estoy aquí porque ella, que me acompaña siempre, quería venir”, contó Carlos sin contener las lágrimas, pero con una leve sonrisa.

El sol impiadoso de la mañana de ayer provocó que varias jóvenes se descompusiera. La ceremonia, presidida por el cardenal Angelo Amato, contó con la presencia de la vicepresidenta de la Nación, Gabriela Michetti, y se desarrolló en el Centro Cívico del Bicentenario “Brigadier General Juan Bautista Bustos”, en el centro de la capital. Emblemas de la nutrida y entusiasta delegación tucumana fueron el arzobispo, Carlos Sánchez, y el cardenal Luis Villalba.

“La Madre Catalina nos enseña con su vida que no tenemos que dejar de lado nuestros sueños, por más que se nos interpongan cosas en el camino”, reflexionan Lourdes Cuenca, Agustina Nastique y Angeles Guzmán, de 5° año del colegio de las Hermanas Esclavas. “Madre Catalina es un contacto directo que tenemos en el Cielo”, grafica Agostina Vitale. “Ella nos da un mensaje actual a los jóvenes: nos dice que le pongamos amor a todas las cosas que hacemos. Nos enseña que la misión no está afuera, sino en nuestra propia vida de todos los días”, agrega la adolescente. “Además está bueno que el Papa haga santas a mujeres y a laicas como Mama Antula, está bueno que promueva a las mujeres, porque nos anima a que nosotras también busquemos ser santas”, dice Cielo Díaz Monrroy.

Vero no pudo ir a ceremonia de beatificación pero está tan emocionada como si hubiera ido. Cuenta que cuando ingresaba a visitar la capilla del monasterio de Santa Catalina de Siena, donde la Madre Catalina sintió la inspiración del “sueño dorado”, de ser religiosa y fundar una congregación, sonó su teléfono celular. “Me detengo a atender y era la voz de mi primo. Me decía que le habían dado de alta en el hospital. ¡Y que estaba curado!” Temblorosa y feliz, Vero llega a la capilla, se arrodilla, y le dedica a la Madre Catalina y al Corazón de Jesús todas sus lágrimas, esta vez, de agradecimiento.

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