La Bruja Salguero, en el Virla, presenta su flamante "Norte" su décimo disco

La riojana se define como una cantante popular de autores nuevos con inquietudes sociales.

17 Nov 2017
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ACTÚA HOY

• A las 22 en el Centro Cultural Virla (25 de Mayo 265).

Hace una década, la vida le torció el rumbo a la Bruja Salguero. Dejó su La Rioja amada y se instaló en Buenos Aires, con hijos chicos y sin trabajo. En su provincia era maestra de folclore y bibliotecaria que cantaba cada tanto; en la Capital Federal aprendió a sacar la voz desde las entrañas y construyó una carrera que hoy la trae al Centro Cultural Virla para presentar su flamante “Norte”.

La cantante confiesa: “cada día trato de celebrar más el hoy y el ahora, no pensar en el pasado ni en el futuro, porque quiero crecer en el presente”. “Tiene que ver con la infancia difícil que tuve; disfrutábamos de lo minúsculo, como me enseñó mi padre. En el traslado sufrimos todos como familia hasta que pudimos acomodarnos; fue por una cuestión laboral de mi esposo, que me replanteó muchas cosas”, confiesa en diálogo con LA GACETA.

- ¿Y cuál fue, artísticamente, el replanteo más importante?

- Hacerme cargo del don que tengo como cantante, que durante mucho tiempo no lo hice. Yo había decidido ser docente, pero el canto me rondaba como una constante. Cuando llegué a Buenos Aires me quedé sin lo que tenía en La Rioja y me miré para adentro hasta encontrar quién era yo. Estaba en un lugar totalmente diferente del que me crié; me llevé mi idiosincracia pero fue impactante. Cuando estaba en mi provincia miraba mucho para afuera y al estar en la Capital Federal cobraron fuerza mi identidad y la de mis hijos.

- ¿Se valora más a la distancia?

- Sí, le di mucho valor en una ciudad donde esas cuestiones resbalan. Lo cotidiano no se valoriza. En ese momento, comencé a buscar canciones que apunten al origen, a la esperanza, a lo social, a lo humano, para definirme como cantora popular, que representa al pueblo con cuestiones profundas. Me baso en la nueva generación de compositores que tenemos en la Argentina, como Pica Juárez, Ramiro González, Monchi Navarro, José Luis Aguirre, Bruno Arias, Topo Encinar y otros que están expectantes a lo que pasa en el país.

- Te sumás a la lista con el debut como autora.

- (Ríe) Es una locura impulsada por Bruno Arias. Yo era muy introvertida, muy para adentro, con los pelos sobre la cara; de allí el apodo de Bruja. Sólo me soltaba en el escenario. Desde las tripas empecé a escribir lo que me pasaba en hojas sueltas. Me llegan duendes que aparecen no sé desde dónde. “Solo por hoy” nació así y está compuesta en ritmo de vidala.

- Pese al desarraigo, ¿ganaste en libertad creativa?

- Irme me dio vuelta la cabeza en muchos sentidos. No tenía mis horas cátedra, ni los músicos que me acompañaban ni el estar acomodada en un espacio pequeñito, porque si levantaba la cabeza, te la cortaban. La ciudad grande me permitió desprenderme de quienes me decían que no modifique la melodía y que cante quieta en el escenario. No era yo. Ahora me encuentro cada día más libre.

- ¿Se está recuperando el canto social folclórico de otros años?

- Siempre le di mucha importancia a la palabra, a los autores que tienen algo para decir más allá de lo paisajístico. Es un camino que lo está recorriendo un montón de cantores y compositores. Se lo ve ahora por los movimientos políticos de los últimos años, que nos lleva a tener un pensamiento sobre el país. La gente escucha un tipo de canciones nuevas porque lo está necesitando.

- ¿Qué significa “Norte”?

- La reivindicación de esta región a través de sus ritmos, que es donde está la cultura más pura, auténtica y genuina del país. No vamos a una escuela a aprender folclore ni a tocar el bombo, porque es natural a nosotros, late por abajo y todo el tiempo da brotes nuevos. Este es mi décimo disco, ya vengo metiéndome en las producciones previas y con sucesivos quiebres artísticos. Quiero llevar lo popular a un nivel alto. La música es tanto un cantante con voz marrón y caja que nunca estudió, como un joven salido de la academia. Es tanto tener los pies en el barro como un colibrí o una libélula.


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