La historia de Franco: cómo es vivir con el síndrome de Asperger en Tucumán

El adolescente fue diagnosticado cuando tenía 11 años.

05 Sep 2017

Juguetes de Star Wars, libros acerca de esa película, comics, una consola de videojuegos y una caja llena de CDs. En la pared cuelga un pañuelo gris de boy scout con un lazo rojo. Así es el cuarto de Franco Longo, un adolescente como cualquier otro. Salvo por un detalle: padece síndrome de Asperger y cuenta cómo es vivir con esa condición.

Qué es el Asperger, cómo entender este trastorno y cuáles son los síntomas

Hoy se generó una gran polémica a causa de la difusión de chats en un grupo de madres de un colegio de Buenos Aires: celebraban la decisión de las autoridades de la institución de separar del curso a un chico con este problema.

El síndrome de Asperger es un subtipo de autismo y los síntomas responden a un desajuste en el desarrollo, explicó a LA GACETA el psicólogo Diego Tarkowsky. "La diferencia entre el autismo en sí y el Asperger se nota en la intensidad con que se manifiestan estos síntomas", indicó.

El profesional detalló que entre los principales síntomas se encuentran problemas de comunicación, de interacción social y los patrones de comportamiento. Los niños con este trastorno evitan el contacto visual, se mantienen aislados y, en algunos casos, cuentan con patrones repetitivos o tienen la necesidad de que las cosas permanezcan de una misma forma.

El scout taficeño se enteró que tenía asperger a los 11 años. De todos modos, desde los cinco recibía asistencia psicológica, pedagógica y fonoaudióloga. El diagnóstico correcto llegó cuando estaba por ingresar a la secundaria: había hecho toda la primara en una escuela pública cuyas autoridades, al conocer el diagnóstico, no lo quisieron recibir más y tuvo que cambiar de institución.

Franco considera que el síndrome le convirtió en una persona tímida y le generó enojo hacia quienes lo molestaban: "pasó el tiempo y dejé de ser tímido. Comencé a ir al psicólogo para mejorar y ahora me gusta mucho ir y hablar con él". 

Paola Bargas –su madre-, asegura que tanto la sociedad como las instituciones no están preparadas para hablar del trastorno y que, por lo tanto, les asusta tratar a alguien con esa condición.

Cuando dieron con el diagnóstico correcto empezaron a vivir el drama de conseguir una institución educativa que lo quisiera recibir. “No lo querían recibir en ningún lado porque yo iba y les decía la verdad, que tenía ese síndrome. Hasta que un día me recomendaron el colegio dónde está hoy y le encanta”, expresó.

Interacción social

Según Bargas, el problema central de su hijo es la interacción social. “Le cuesta hablar con sus pares, con los chicos de la misma edad. Prefiere jugar con los más chicos o conversar con los más grandes, porque se siente más cómodo”.

La mujer, que integra la Asociación Argentina de Asperger, resalta que en general las personas que lo padecen son muy sinceras y no tienen ningún tipo de filtro, cosa que les puede generar problemas para integrarse: “te pueden decir por ejemplo: ‘estás gorda’, pero lo hacen sin maldad”.

Sobre el episodio ocurrido en Buenos Aires opinó: “la agresividad no es una característica del Asperger. Los que lo tienen son menos tolerantes pero no son agresivos. Ellos sufren mucho bullying y se cansan más rápido”.

“Son muy especiales y puros. De él aprendo un montón. Soy mejor persona, hermana, hija. Agradezco a Dios que me haya elegido a mí como su madre”, concluye Paola emocionada.

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