La cordillera

Las charlas del presidente con sus colegas y con sus asesores nos introducen en un fascinante mundo de intrigas, ambiciones y estrategias poco comunes para la mayoría de los mortales, cruzado por dudas y flaquezas demasiado humanas

03 Sep 2017
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EN LA CIMA. Darín protagoniza a un presidente argentino que debe tomar una decisión trascendente en una cumbre de países americanos. Su determinación es sustancial en la trama del filme.

Por Marcelo Zavaleta - Para LA GACETA - Buenos Aires

El arranque de la película resume la propuesta del director. Un operario entra por una puerta lateral a la Casa Rosada y así se inicia un viaje del espectador al detrás de escena del poder.

La primera media hora combina variados condimentos propicios para gestar un gran filme. Vemos al presidente en su avión presidencial yendo a una cumbre de mandatarios latinoamericanos que se hace en un hotel en el lado chileno de la cordillera de los Andes. Excelentes detalles escenográficos, una pulcra composición de los personajes (Ricardo Darín, Gerardo Romano y Erica Rivas con impecables actuaciones) y cruces de ficción y realidad (como la aparición de Marcelo Longobardi, dándole voz a un columnista radial que escucha el presidente) nutren de verosimilitud al relato y disparan múltiples asociaciones con la política actual.

El presidente tiene el estilo canchero de Macri combinado con algunas características de Massa y de Macron. Es un ex intendente que llega al poder desde fuera de las estructuras partidarias clásicas que necesita consolidarse y mostrar que tiene una identidad propia. Las charlas del presidente con sus colegas y con sus asesores nos introducen en un apasionante mundo de intrigas, ambiciones y estrategias poco comunes para la mayoría de los mortales, cruzado por dudas y flaquezas demasiado humanas.

En la periferia de la cumbre de presidentes, escenario en el que se juega el futuro y los intereses de la región, se inmiscuye un enviado del presidente norteamericano que responde, de manera demasiado convencional, a una típica caracterización que suele hacerse de los Estados Unidos. El gran corruptor del Norte busca aprovechar las debilidades y pecados de los débiles vecinos de su patio trasero para meter su cola y enturbiar su destino.

El tema de la película es el mal. El mal y su relación con el poder. “El mal existe. No se llega a presidente si uno no lo ha visto un par de veces al menos”, responde el presidente de la película, ante una pregunta de una periodista española. El personaje y el espectador enfrentarán a otras preguntas implícitas en la trama. ¿Cómo se presenta el mal en la vida de un funcionario? ¿Es posible ejercer una alta función pública sin quedar atrapado por él?

La película, a medida que avanza, pierde la posibilidad de desarrollar la trama apoyada en estos interrogantes. Una hermana del presidente aparece en la historia y abre un thriller psicológico que debilita progresivamente el ritmo del film. La narración se introduce en el terreno de lo fantástico, oscilando entre lo mágico y lo extraño.

La Cordillera, en definitiva, desperdicia una extraordinaria combinación de ingredientes para construir una gran obra (sorprendente producción, soberbias actuaciones, un tema potente, notables recursos cinematográficos) con una trama que se deshace en ambigüedades, convencionalismos y bifurcaciones que no están a la altura del planteo y de las expectativas que genera.

© LA GACETA

Marcelo Zavaleta - Escritor.

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