Los chicos aprenden sin aulas ni calificaciones y jugando

Nueva Siembra nace a imagen y semejanza de otras escuelas repartidas por todo el país.

01 Sep 2017
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EN CLASE. Rodeados de naturaleza, los alumnos de la escuela Nueva Siembra, ubicada en El Cadillal, aprenden en ronda, con juegos y acertijos. LA GACETA / FOTOS DE JORGE OLMOS SGROSSO.-

La jornada ha terminado. Todos los alumnos se van de la mano al cumpleaños de Lola. Conrado, de 11 años, agarra a Eneas, de tres, y ambos caminan hacia el portón de entrada. Florencia, sin que nadie le pregunte algo, dice en voz baja que ahora es feliz, que antes volvía a su casa llorando. “Es que en el colegio al que iba no me trataban bien -confiesa la niña de ocho años-; y además ahora siento que aprendo más: porque no hay pruebas, pero sí tarea para hacer en casa”. Y se van, serenos. En la escuela Nueva Siembra, de El Cadillal, hay 34 alumnos que aprenden sentados en el piso, en rondas, con pantuflas porque los zapatos quedan en la puerta; no hay sillas ni mesas ni aulas ni desaprobados ni abanderados. Es una propuesta experimental, lo que no quiere decir que sea un experimento.

La escuela nació de la inquietud de un grupo de familias que investigó sobre establecimientos educativos de funcionamiento distinto al tradicional. Se pusieron en contacto con Las Verbenas (ubicada en El Mollar), que fue la primera en la provincia con la metodología del Instituto de Educación Superior Roberto Themis Speroni, una escuela pública de La Plata fundada en 1958. La de El Cadillal funciona desde marzo, y está en permanente contacto tanto con profesionales de su par bonaerense como de las otras escuelas repartidas por todo el país.

Los cinco docentes, que reciben constante capacitación, con la colaboración de padres y alumnos, se encargan del mantenimiento de la escuela: y un ejemplo de ello es que la semana pasada pintaron todos juntos la sala principal.

Las clases se dictan en rondas, sentados en almohadones colocados en el piso. Esas ruedas no son restrictivas a las edades. “Es decir, un chico de siete años podría estar en el grupo 5, pero si evaluamos que le falta aprender más sobre lectoescritura lo llevamos al grupo 4”, detalla Ana Paula Pelli, una de las maestras. Las materias que dictan son historia, geografía, lengua, poesía, pintura, ciencia, matemática y música. No tienen informática (porque consideran que afuera los chicos ya están bombardeados por la tecnología), ni educación física (aunque sí hacen caminatas y baile).

María Legarreta, otra docente, cuenta que los contenidos se van entrelazando y que todos los maestros trabajan con todos los grupos, aunque son tutores de uno. Agrega que no buscan que sepan de memoria las fórmulas, sino que antes se hace un trabajo previo, experiencial, con juegos o acertijos, y que construyen ese concepto de a poco.

Al principio y al final de cada jornada hacen una ronda grande con los 34 niños y los docentes, en la que predomina el silencio; también cantan, juegan, comparten pan casero hecho en el horno de barro de la escuela y té. Todos se conocen y se respetan.

Otro docente, Matías Casacci, cuenta y aclara: “buscamos generar un ambiente donde se pueda estimular y desarrollar la inquietud del niño. Nosotros los acompañamos. No bajamos contenido, sino que generamos experiencia: de ahí viene el término ‘experimental’ y no de experimento’”.

SÍ AL DESCANSO. Algunos se duermen al final de la jornada.

EN DETALLE
 
MANTENIMIENTO.- Económicamente la escuela se mantiene como un consorcio: evalúan los gastos mensuales (como compra de libros, por ejemplo) y el sueldo de los maestros, y eso se divide en la cantidad de niños.
A LA ESPERA.- La escuela Nueva Siembra tiene el aval del Ministerio de Educación de la Nación, pero no la aprobación del Ministerio local. “Los certificados de escolaridad los emite el Instituto Speroni hasta que salga la aprobación de las autoridades provinciales. A esa gestión la estamos haciendo junto con la escuela Las Verbenas”, detalla Matías Casacci.
NO HAY DESAPROBADOS.- En Nueva Siembra no hay pruebas ni libretas ni calificaciones. “El error no es tomado como algo malo, sino como una posibilidad más de aprendizaje”, explican los docentes.

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Mantenimiento.- Económicamente la escuela se mantiene como un consorcio: evalúan los gastos mensuales (como compra de libros, por ejemplo) y el sueldo de los maestros, y eso se divide en la cantidad de niños.

A la espera.- La escuela Nueva Siembra tiene el aval del Ministerio de Educación de la Nación, pero no la aprobación del Ministerio local. “Los certificados de escolaridad los emite el Instituto Speroni hasta que salga la aprobación de las autoridades provinciales. A esa gestión la estamos haciendo junto con la escuela Las Verbenas”, detalla Matías Casacci.

No hay desaprobados.- En Nueva Siembra no hay pruebas ni libretas ni calificaciones. “El error no es tomado como algo malo, sino como una posibilidad más de aprendizaje”, explican los docentes.

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