No todos los niños celebrarán su día

20 Ago 2017 Por LA GACETA

Muchos de ellos serán hoy, en su día, los dueños de los mimos, de los obsequios, de los paseos, del chocolate, de los entretenimientos. “Los niños son como las estrellas, nunca hay demasiados”, decía la Madre Teresa de Calcuta, mientras que el dramaturgo español Jacinto Benavente afirmaba que en cada niño nace la humanidad. La celebración, que combina desde hace muchos años lo afectivo con lo comercial, fue propuesta en 1952 por la Unión Internacional de Protección a la Infancia. El festejo se realizó por primera vez en octubre de 1953, con la participación de 40 países. En 1954, la Asamblea General de la Naciones Unidas aprobó el Día Universal del Niño. En la Argentina se lo solía celebrar el segundo domingo de agosto, pero desde hace unos años pasó al tercero.

La fecha siempre es oportuna para reflexionar sobre el trato que nuestra sociedad y sus dirigentes les dan a los niños, en particular a aquellos que viven en la marginación social y que vemos a diario en las calles, mendigando, vendiendo golosinas; limpiando parabrisas en las esquinas con semáforos, buscando alimentos o cartones en la basura. La mayoría de esos chicos proviene de hogares indigentes y a menudo son explotados y maltratados por sus padres.

En 2015, la Universidad Católica Argentina afirmó que el 12% de los chicos de 5 a 17 años trabajaba en actividades domésticas intensivas (4,3%) y en actividades económicas ligadas al mercado (9,5%). Sin embargo, funcionarios del Observatorio de Trabajo Infantil y Adolescente, dependiente del Ministerio de Trabajo, dijeron que no existían dichos números, según una nota aparecida en la revista Noticias del 17 de junio pasado. Se consignó que las únicas cifras que poseía el organismo eran de 2004, y desde este año se están realizando trabajos de campo.

Un informe elaborado en 2004 por el grupo Sophia señalaba que alrededor de dos millones de niños trabajaba en nuestro país, y no estaban en su ámbito natural, que era el colegio entre los cinco y los 14 años, que es el colegio. El estudio enumeraba las terribles consecuencias que tiene en un niño el trabajo, que van desde las enfermedades graves como el cáncer, las neuropatías, enfermedades sexuales, desnutrición, agotamiento y cansancio, retraso en el crecimiento físico e intelectual, entre otros problemas.

Según datos recientes de la Organización Internacional del Trabajo, hay 12,5 millones de niños y adolescentes víctimas del trabajo infantil en países de Latinoamérica. De esa cifra, el 77% realiza trabajos definidos como peligrosos. En diversas encuestas realizadas por organismos públicos y privados, surge que el 60% de esta problemática se visualiza en el ámbito rural.

Los niños tucumanos son también víctimas de la marginación, de las adicciones, del abandono de los mayores, de la violencia en el hogar y en la calle. Su futuro está en peligro. Cuando crezcan sus posibilidades reales de trabajo serán reducidas o nulas o la inequidad y el resentimiento social los conducirá a la delincuencia

“Es honra de los hombres proteger lo que crece, cuidar que no haya infancia dispersa por las calles, evitar que naufrague su corazón de barco, su increíble aventura de pan y chocolate, transitar sus países de bandidos y tesoros poniéndole una estrella en el sitio del hambre, de otro modo es inútil ensayar en la tierra la alegría y el canto, de otro modo es absurdo porque de nada vale si hay un niño en la calle”, escribió el poeta mendocino Armando Tejada Gómez.

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