El entrenamiento es clave para el empleo juvenil

Un relevamiento evaluó el impacto del programa “Jóvenes con más y mejor empleo” y concluyó que, sin capacitación interna, no es posible promover trabajos formales de largo aliento.

20 Ago 2017
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DURA REALIDAD. Los jóvenes tienen una tasa de desempleo tres veces más alta que la de los adultos en casi toda América latina.

> MERCADO LABORAL

Las políticas públicas destinadas a ayudar a los jóvenes generalmente no generan efectos positivos en cuanto a la probabilidad de tener empleo formal en el largo plazo, si es que no hay previamente un proceso de entrenamiento del postulante dentro de una empresa. Así lo reveló un estudio realizado por el Observatorio de Empleo, Producción y Empresas de Tucumán (Oepet), de la Secretaría de MiPyME y Empleo del Ministerio de Desarrollo Productivo.

El relevamiento tuvo como objetivo evaluar el impacto del programa “Jóvenes con más y mejor trabajo” en Tucumán. Y, para ello, se tomaron a los ingresantes de 2012 y se analizó si esa política mejoró la probabilidad de tener empleo formal cinco años después. “En lo que respecta a los servicios que ofrece el programa, el mismo es muy completo, ya que brinda la posibilidad de realizar múltiples actividades que van desde talleres de introducción al mundo del trabajo, cursos de formación en algún oficio, entrenamiento en alguna empresa e incluso terminar los estudios secundarios. Tuvo una amplia cobertura, llegando al interior de la Provincia e incorporando a muchos jóvenes”, enfatizó Lourdes Ríos Avellaneda, analista junior del Oepet y autora del trabajo junto a Isolina Zerda, en conjunto con el Instituto de Investigaciones Económicas de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNT (Inveco), a través de la dirección de los economistas Ana María Cerro y Alejandro Danón.

Se usó una metodología cuasi experimental a través de la formación de dos grupos: tratamiento y control. A su vez, se crearon distintos grupos de tratamiento según las diferentes líneas de acción que podían seguir los jóvenes dentro del programa. “En cuanto a los resultados de la evaluación, en general no se encontraron efectos positivos en la probabilidad de tener empleo formal en el largo plazo. Al no contar con los datos de quienes consiguieron trabajo en el mercado informal y de quienes pudieron terminar la educación formal, estos resultados pueden constituir una cota inferior del impacto total del programa. Es probable que el mismo programa, a través de los cursos de formación esté orientando a los jóvenes al sector informal”, agrega el trabajo.

A pesar de estos resultados, los investigadores destacaron el rol de los entrenamientos en las empresas, ya que es la única actividad que mejora la probabilidad de tener empleo formal cinco años después de tomado el programa. “Este resultado puede provenir de una ganancia de habilidades y experiencia laboral por parte de los beneficiarios, como también por haber generado incentivos a las empresas a emplear jóvenes con menor costo laboral, o por una combinación de ambas”, dijeron.

Y agregaron: “si bien en la literatura se encontraron resultados positivos para este tipo de programas, en la mayoría de los casos estos resultados son muy pequeños e incluso no significativos. Por eso, esta situación lleva a cuestionar qué tan eficiente es el destino de los recursos en estas políticas, teniendo en cuenta los altos costos directos e indirectos que implican su implementación”.

Aporte variado

El trabajo también plantea como alternativa analizar cuánto mejoraría la inserción de los jóvenes en el mercado laboral si los fondos utilizados en el programa se redestinaran a reducir los costos que asumen las firmas, al menos para contratar a este grupo más vulnerable. “La distinción entre el programa y una política institucional es en sí misma relevante desde la perspectiva del alcance, esto es, cuántos jóvenes son alcanzados por los programas y cuántos por las políticas. Mientras las políticas e instituciones establecen reglas específicas para todos los participantes del mercado, los programas tienen una escala limitada”, dijo.

Por último, existe un consenso generalizado sobre la necesidad de evaluar los programas de capacitación para el empleo, no solamente para conocer sus efectos sobre la inserción laboral de sus beneficiarios, sino también en cuanto al impacto social que producen. “Las evaluaciones que combinen en su diseño ambos aspectos estarán realizando un aporte multidimensional sumamente valioso”, concluyó.

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