Cachito Farall fue testigo de medio siglo de teatro

El actor tucumano falleció ayer a los 83 años, tras una larga trayectoria.

12 Ago 2017
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QUERIBLE. Cachito Farall se distinguió por su compañerismo.

Se llamaba Juan José, pero para todos era simplemente Cachito Farall. El actor tucumano falleció ayer a los 83 años. Hacía tiempo que estaba alejado de los escenarios que transitó durante medio siglo, casi siempre en papeles secundarios. Para él, estar detrás de un protagonista implicaba la enorme responsabilidad de ayudarlo en su creación y de transformarse en un personaje de referencia indudable a la hora de una puesta en escena, como parte de la construcción colectiva del hecho dramático.

Su deceso causó pesar en la comunidad teatral, que lo despidió en las redes sociales mencionando algunas de sus virtudes: el gran compañerismo, su sonrisa siempre presente y su profesionalismo al encarar una obra, como lo demostró en “Dominó en casa”, “Amadeus”, “Sueño de una noche de verano”, “Cuando la Parca vino al ensayo”, “El Marqués de Sade en América”, “La importancia de llamarse Ernesto”, “La zapatera prodigiosa” y muchas otras puestas.

Recibió dos premios Artea de la Asociación Argentina de Actores: el primero por su trabajo en “Estimado señor Presidente”, de Néstor Sabatini, y el año pasado en reconocimiento a su trayectoria. Cachito se codeó con los referentes de la escena local por generaciones, desde Víctor García hasta Juan Tríbulo, pasando por Raúl Serrano, Carlos Olivera, Leonardo Goloboff, Ricardo Salím, Rolo Andrada y Hugo Gramajo, entre muchos otros, y también de las nuevas camadas del teatro.

Estudió y se recibió de licenciado en la Escuela de Teatro de la Facultad de Artes de la UNT ni bien se abrió, en 1984. Su nombre está ya eternizado, en el taller teatral que dicta su hijo, Juan Pablo Farall, rodeado ayer del cariño de los integrantes del teatro independiente tucumano que conocieron y admiraron a su padre, ya de gira.

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