¿Iremos al Cielo? ¿Quieres ir al Cielo?

30 Jul 2017

LA MISA DE HOY

PBRO. MARCELO BARRIONUEVO

Se cuenta que la hermana pequeña de Santo Tomás de Aquino le preguntó: “Tomas, ¿qué hay que hacer para ir al Cielo?, y que él le contestó: ¡Querer!”. Es así: el Reino de Dios es un don dado por Él que se hace presente aquí y se alcanza definitivamente allá. Pero para eso hemos de saber “estar sueltitos” de cosas que nos impidan ir al Cielo.

Ahora bien, nos debemos preguntar con sinceridad quién busca hoy el Reino de los Cielos. ¿Qué lugar ocupa en nuestro interés eso de lograr el Cielo? ¿Quién es Dios en nuestra vida? La pregunta lleva a tomar sana conciencia del fin último de la vida. Nuestra sociedad ha dejado de ser idólatra (porque la idolatría es propia de grupos religiosos); ha pasado a adorarse a sí misma. Hoy nadie se plantea sustituir a Dios, se plantea prescindir de Él. Pero, ¿qué viene antes? ¿La corrupción del hombre que prescinde de Dios o abandonar a Dios para que el corazón del hombre corra detrás de otros tesoros?

“Os dirán -advertía Juan Pablo II en una audiencia a miles de jóvenes- que el sentido de la vida está en el mayor número de placeres posibles; intentarán convenceros de que este mundo es el único que existe y que vosotros debéis atrapar todo lo que podáis para vosotros mismos, ahora... Y cuando os sintáis infelices acudid a la evasión del alcohol o de la droga”.

Pero Jesús fue claro...

“Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás vendrá por añadidura” (Mt 6,33). “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá” (Mt 7,7). Eso hace falta: oración, y lectura meditada y asidua de la Palabra de Dios para hallar el tesoro escondido y no quedar encandilados con el brillo prestado por Dios a las cosas de este mundo.

Debemos ponernos en guardia contra la ilusión de buscar un paraíso en la Tierra, el sueño de todos los materialismos. La historia reciente ha mostrado que el intento científicamente más ambicioso de lograr un paraíso aquí en la Tierra ha dado a luz un infierno de miseria, de sangre, de injusticias y muerte. La experiencia y la razón previenen al hombre contra la tentación de creer que el esfuerzo humano puede lograr un porvenir libre de miserias. Busquemos y pidamos a Dios la gracia de querer ir al Cielo, y la de poder lograrlo ayudado por su Gracia.

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