La vida de Josecito, o cuando la discapacidad es puro cuento

La huella que dejó José Rodríguez Bravo en la Mesa de Inclusión Laboral.

29 Jul 2017
1

IN MEMORIAM

Para despedir a José Ignacio Rodríguez Bravo (Josecito, para los muchos que lo conocieron, quisieron y admiraron), hay un saludo unánime: “te vamos a extrañar”. Para los creyentes, para aquellos que disfrutaron de su presencia en distintos espacios de la grey católica, José, que murió el jueves en Tucumán a los 36 años, fue “un ángel que vino a la Tierra a dejar un mensaje”. Para quienes participan activamente en la concientización sobre los derechos de las personas con “discapacidades”, José fue una persona proactiva que dejó la huella de la alegría y de energía para hacer cosas en cada uno de los espacios por los que pasó.

“Josecito” había nacido con Síndrome de Down, y su paso por la Mesa de Integración Laboral (MIL) de la FET, en la cual fue pionero, deja un tendal de recuerdos, y el mensaje de que vale la pena redefinir conceptos como el de “discapacidad” y pelear por ampliar los espacios de inclusión, como reflexiona, con voz triste, Diana Mizrahi.

”Te vamos a extrañar. Te agradecemos tu ejemplo en el trabajo. Que brille para vos la luz que no tiene fin...”, lo despidió Sonia Mochón, quien destacó que el joven fue un ejemplo de “lo que me gusta hacer, lo hago”. Prueba de esos atributos fueron sus experiencias de jornadas laborales en una agencia de turismo, en el IDEP (foto) y en el Espacio Emprendedor de la CAME.

La alegría fue otro rasgo distintivo de Josecito. Y ese estallido del alma lo mostró en todas las canchas. En la calle, cuando bailaba con la murga de la fundación “Un lugar en el mundo” o en todas las fiestas de la primavera. En la Parroquia de la Caridad, donde su tono tan inconfundible y contagioso hacía cantar a los más tímidos. Y otro tanto ocurría en los espacios laborales, donde Josecito era “pura entrega a cambio de nada”, como lo definieron en su despedida.

Comentarios